Entre la cultura y la ciencia: cuando cuidar implica negociar valores

Lunes, 2 de marzo de 2026

por Reyes Pesqueira Puyol

Hay momentos en terreno en los que el conocimiento clínico no es suficiente. No porque no sea válido, sino porque no es lo único que está en juego. Son esos momentos en los que te das cuenta de que cuidar no consiste solo en aplicar protocolos, sino en moverte con cuidado entre valores, creencias, miedos y significados que no siempre coinciden con los tuyos.

Desde fuera, la convivencia entre cultura y ciencia suele plantearse como un dilema simple: o respetas la cultura o aplicas la evidencia. En terreno, la realidad es mucho más compleja. No se trata de elegir, sino de negociar, y hacerlo sin perder ni el respeto ni el sentido clínico.

Y esa negociación, muchas veces, no aparece en ningún manual.

Cuidar también implica escuchar: la salud se construye cuando ciencia y cultura dialogan. Copy R. P. P.

Cuando el protocolo no basta

Recuerdo situaciones en las que el “siguiente paso” clínico estaba claro, pero el contexto cultural lo convertía en un terreno delicado. No porque la población rechazara el cuidado, sino porque lo entendía desde otro lugar. Desde su historia, sus creencias, sus experiencias previas con el sistema sanitario y, en muchos casos, desde una profunda desconfianza aprendida.

Ahí es donde una se da cuenta de que imponer no cura.
Y que insistir sin escuchar suele cerrar más puertas de las que abre.

La ciencia es necesaria, imprescindible. Pero aplicada sin contexto puede convertirse en una forma de violencia sutil, aunque esté bien intencionada.

Escuchar también es una intervención

En cooperación aprendí, a veces con torpeza, que escuchar no es perder tiempo. Es invertirlo. Sentarse, observar, preguntar sin prisa, entender qué significado tiene la enfermedad para esa persona o esa comunidad. Qué temen. Qué esperan. Qué experiencias arrastran.

Muchas veces, detrás de una negativa hay miedo.
Detrás de una creencia, una historia.

Detrás de una resistencia, una experiencia previa de daño.

Cuando dejamos de ver la cultura como un obstáculo y empezamos a verla como un marco de interpretación, algo cambia. El cuidado se vuelve posible sin necesidad de confrontación.

Negociar no es renunciar

Hay una idea que me costó desmontar: que negociar valores implicaba renunciar a la buena práctica. Con el tiempo entendí que no es así. Negociar no significa abandonar la ciencia, sino buscar la forma más ética y efectiva de aplicarla.

A veces implica adaptar tiempos.

Otras, cambiar la forma de explicar.

Otras, aceptar que no será perfecto, pero será posible.

El verdadero fracaso no es no aplicar un protocolo al cien por cien.
El verdadero fracaso es romper el vínculo terapéutico por no haber sabido escuchar

El equilibrio incómodo

No idealizo este proceso. Hay momentos incómodos, tensos, frustrantes. Situaciones en las que sientes que caminas sobre una cuerda floja: entre respetar y proteger, entre comprender y actuar, entre aceptar y marcar un límite.

Porque no todo vale.

Y no toda práctica cultural es compatible con el cuidado.

Ahí entra el criterio profesional. Y también la ética. Saber hasta dónde acompañar y cuándo posicionarte. No desde la superioridad, sino desde la responsabilidad.

Ese equilibrio no es automático. Se construye con errores, con conversaciones difíciles y con mucha humildad.

Lo que el terreno me ha enseñado

Si algo me ha enseñado el trabajo en contextos culturales diversos es que el cuidado no es neutral, pero tampoco es colonial si se hace desde el respeto. Que la ciencia no pierde valor cuando se adapta, y que la cultura no se debilita cuando se dialoga con ella.

He aprendido que cuidar también es traducir, no solo idiomas, sino significados.
Que cuidar es aceptar que no siempre tienes la razón, aunque tengas evidencia.
Y que cuidar, muchas veces, empieza mucho antes de cualquier intervención clínica.

Empieza cuando decides escuchar.

Cierro la mochila por hoy, concluyendo que…

Moverse entre cultura y ciencia es uno de los aprendizajes más profundos de la cooperación. No porque sea cómodo, sino porque te obliga a revisar tus certezas y a practicar un cuidado más consciente, más humano y más situado.

Cuidar no siempre es hacer más.

A veces es hacer mejor, y hacerlo con otros, no sobre otros.

Porque al final, cuidar también es escuchar antes de intervenir.

Querido lector/a, si quieres compartir tus comentarios, no dudes en exponerlos; estaré encantada de leerlos e intercambiar opiniones. Muchas gracias por tu atención.

“Reflexiona, comparte y actúa: la cooperación se transforma con decisiones pequeñas pero valientes”.

cooperación enfermera, enfermería, valores

Acerca de Reyes Pesqueira Puyol

Reyes Pesqueira Puyol es enfermera y trabajadora social cooperante desde 1998 hasta la actualidad. Ha trabajado en distintas organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF), FUDEN, Enfermeras para el Mundo, SETEM y Acción Contra el Hambre, en países de África, América Latina y Asia. Docente en cooperación internacional y fundadora de La Mochila Cooperante, (www.lamochilacooperante.com), combina su labor de terreno con la formación de nuevos profesionales en acción humanitaria. Autora del libro 20 años cooperando por el mundo: testimonio de voces silenciadas (2024).