Vanessa Alemany, la enfermera que recorre África junto al doctor Cavadas

Martes, 16 de julio de 2019

Pedro Cavadas es un cirujano plástico valenciano conocido internacionalmente por sus éxitos en trasplantes y reconstrucciones. También lo llaman el ‘doctor milagro’ después de que decidiera abandonar la vida que llevaba para crear la Fundación Pedro Cavadas con la que viaja a diferentes países de África para ayudar a todos aquellos que lo necesiten. En cada misión tan solo lo acompañan una anestesista y la enfermera Vanessa Alemany quien, a pesar de la dureza y dificultad de los casos, disfruta y se desvive ayudando a todos los pacientes.

Vanessa Alemany, enfermera del equipo de Pedro Cavadas

Siempre se han conocido las tareas de los voluntariados, esa tarea humanitaria que se realiza a través de asistencias que mitigan el dolor, previenen enfermedades o se ofrece ayuda en diferentes condiciones de emergencia. Se ha oído hablar de los planes de acción en países en guerra o en regiones del mundo donde las personas carecen de servicios básicos y deben hacer todo lo posible por plantar cara a graves emergencias sociales, esos momentos en los que la seguridad, los derechos y el bienestar de algunas personas están en riesgo y un grupo de personas acuden en su ayuda.

Este era el sueño de Vanessa Alemany, desde que comenzó la carrera de Enfermería tuvo claro que quería dedicarse a algo parecido, algo con lo que pudiera ayudar aún más a los que lo necesitan y sobre todo, no tener que estar anclada en un mismo sitio. “A mí siempre me han llamado la atención los sitios de guerras, de costas donde acuden enfermeros y médicos a trabajar, y yo siempre quería estar en una de esas, creo que no podría tener un puesto con un horario normal y trabajar en un mismo sitio todos los días”, explica. Fue quizás por este motivo por el que empezó a trabajar en la Fundación Pedro Cavadas, que comenzó a funcionar en el año 2003 con el objetivo de proporcionar cirugía reconstructiva moderna a pacientes desfavorecidos de países africanos.

La fundación, sin ánimo de lucro, ha organizado campañas quirúrgicas en Kenia hasta finales de 2013, posteriormente trasladó su actividad a Tanzania por motivos de seguridad. “El doctor Cavadas eligió África porque desde pequeño ha adorado todos esos países y decidió echar un cable y operar lo que pudiera y estuviera en sus manos. Se trata de campamentos quirúrgicos con los que se intenta arreglar todo lo posible. Así, seguimos el lema de Cavadas ‘todo lo que entra por la puerta y es mejorable para la calidad de vida del paciente y mientras se tenga material y se pueda, se cura’. Así hemos tratado desde fracturas de tibias, peronés hasta bebés con labios leporinos que no pueden mamar y hay que operarlos porque están bajos de peso”, explica.

El equipo sanitario

Este equipo sanitario acude de manera gratuita a los países y atiende a todo aquel que lo necesite llegando incluso a trasladar a España los casos más complejos para ser operados en condiciones óptimas. Y con tan solo 6 manos llegan a atender a miles de personas que acuden a ellos. Los que acuden a las misiones suelen ser Pedro Cavadas, una anestesista y Vanessa Alemany, siendo esta última la que se encarga de todas las tareas de enfermería y, a veces, de muchas otras más.

Ella prepara y compra el material que estiman necesario para llevar, acude al hospital y de una habitación de cero monta un quirófano con toda la parte de esterilización, respirador, la camilla… todo lo indispensable para poder operar. Después de montar el quirófano ayuda a la anestesista a dormir al paciente, monta la mesa y ejerce de enfermera instrumentista. Además, también ayuda a despertar al paciente y si queda tiempo ayuda al doctor Cavadas a pasar consultas.

Se les conoce como el equipo que hace “milagros” quirúrgicos después de que salieran a la luz algunos de los casos en los que han ayudado y que se han convertido en hitos médicos, como la reimplantación de dos dedos a un niño que quedó atrapado en una atracción de feria, el primer trasplante de cara de España y primero en el mundo incluyendo mandíbula y lengua, trasplante de piernas y brazos, e incluso llegó a operar de la columna y de la pelvis a un joven que había quedado tetrapléjico devolviéndole la sonrisa que tenía partida.

Las misiones

En la mayoría de países africanos la sanidad es 100% de pago, la prevención es deficiente y los diagnósticos, tardíos, algo que sumado a la escasez de medios humanos y materiales, da lugar a que el problema se agrave cada vez más. Aunque la salud africana, según el último informe publicado por la Oficina Regional para África de la OMS, revela que ha experimentado una mejora significativa, esta mejoría solo podría mantenerse y aumentar si mejorara considerablemente la prestación de los servicios esenciales de salud que se prestan a la población más necesitada.

El equipo en una de las misiones

Estos países necesitan más y mejores inversiones en salud, más centros sanitarios próximos a los pacientes y, sobre todo, más profesionales porque de media tan solo hay dos médicos por cada 10.000 habitantes. Fue por todo ello y muchas más cosas, como la búsqueda de aventuras, destinos exóticos y emociones fuertes lo que motivó a este equipo a embarcarse en proyectos como estos y acudir a las zonas deprimidas del planeta que tienen problemas y requieren soluciones. “¿Cuál es mi motivo para embarcarme en actividades humanitarias? Después de casi 12 años de ensayos y sobre todo errores africanos, creo que por pura y simple decencia. Porque no hacerlo es indecente. Porque soy médico por avatares del destino y tengo la capacidad de aliviar sufrimiento y porque el pacer de regalar a alguien una vida digna no tiene precio”, explicaba Pedro Cavadas.

Vanessa Alemany sabe que las condiciones sanitarias de allí no tienen nada que ver con lo que se conocen en España, que las infraestructuras no son las mismas y que en muchas ocasiones será difícil, pero a pesar de ello no cambia la imagen que se les queda cada vez que llegan por primera vez a un sitio, sus caras y el lazo que se crea con los pacientes. “En algunos hospitales están sin luz, utilizando candiles en el suelo, los quirófanos tienen una canaleta por donde pasa el agua y durante las cesáreas necesitan llevar una especie de delantal porque carecen de bisturís eléctricos. Así que, a pesar de las duras condiciones saben que son unos privilegiados por pasar por la fundación” afirma.

Al igual que han pasado por momentos buenos, de sonrisas, de agradecimiento y de buenos recuerdos por ayudar a todas las personas que han podido, Vanessa Alemany admite que también existen los malos y tiene guardado el que sería su momento más duro de su trabajo como enfermera en la fundación. “No me puedo quitar de la cabeza el día que una niña se quemó y a pesar de operarla finalmente acabó falleciendo. Lo que más me llamó la atención fue que los familiares cuando salimos todo el equipo médico destrozado del quirófano a comunicarles la noticia nos dieran las gracias. Fue el momento más bonito, más doloroso y el más difícil de entender. Fue un viaje muy duro y ahí es cuando piensas: ¿aborto o sigo con la misión?”, cuenta Vanessa Alemany. A pesar de ello, sigue adorando su trabajo y considerando que no son ellos los afortunados, sino ella misma. “El trabajo de cooperación y el trabajo de ayuda humanitaria me ayuda a mí a veces más que a ellos, la que acaba creciendo soy yo”, concluye.

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