Vitamina D en tiempos de confinamiento

Miércoles, 14 de octubre de 2020

El mundo es diferente estos días. Las calles lucen tranquilas en las últimas semanas. Los árboles son los dueños absolutos de los parques y jardines. El griterío propio de un patio de recreo se ha trasladado temporalmente a los salones de las casas, donde los niños han instalado su espacio de juego. Vosotros, como casi siempre, cedéis el espacio con resignación y gusto a partes iguales. Establecéis una rutina para que los más pequeños no se “descontrolen”. Sin embargo, unos minutos al día están reservados para el caos, las pataletas y alguna riña. Es entonces cuando anheláis el poder de la invisibilidad. De esa forma podríais llevarlos al parque para que corran, les dé el aire y el sol. Siempre hemos escuchado que el sol es bueno para los huesos. La exposición solar, permite que nuestra piel sintetice vitamina D, necesaria para la salud ósea de nuestros niños.

vitamina D | PadresMillennials
vitamina D | PadresMillennials

¿Qué es la vitamina D? ¿Donde se obtiene?

La vitamina D es un nutriente necesario para la salud y para mantener los huesos fuertes. Ayuda al cuerpo a absorber el calcio de los alimentos y suplementos.
Las personas que consumen vitamina D en cantidad muy escasa pueden tener huesos débiles, delgados y frágiles, un trastorno que en los niños se denomina raquitismo.

Además, la vitamina D es importante para nosotros por muchos otros motivos. Los músculos requieren esta vitamina para el movimiento. Los nervios la necesitan para transmitir mensajes entre el cerebro y cada parte del cuerpo, y el sistema inmune, la emplea para ayudar a combatir ciertas infecciones. Los niños y mayores obtenemos la vitamina D a través del sol y de la dieta.

¿Debo preocuparme porque mi hijo está recibiendo menor radiación solar durante el confinamiento?

La exposición solar es la principal fuente de este nutriente, sin embargo sabemos que no es constante a los largo del año. La cantidad de vitamina D que es capaz de fabricar nuestra piel a partir del sol depende de varios factores:

El tiempo de radiación solar
Las horas del día
La estación del año
La edad
El color de nuestra piel
La superficie corporal expuesta
El grado de contaminación de nuestro lugar de residencia…

Durante los meses de invierno se sintetiza muy poca cantidad de vitamina D. La ropa de abrigo, el menor tiempo que pasamos fuera de casa, o la disminución de la radiación ultravioleta que alcanza la superficie terrestre, son algunas de las razones que explican la baja producción de vitamina D. Esta situación se compensa con la radiación recibida en primavera, verano y otoño.

La evidencia disponible actualmente no aclara si hay un grado de exposición solar suficiente y seguro para mantener una cifra óptima de vitamina D. Una adecuada exposición solar no es fácil de definir. Varios estudios informan de que la exposición de brazos, cara y manos durante 5-30 minutos dos veces a la semana podría ser suficiente para que los niños mayores de un año obtengan vitamina D. Sin embargo, muchos investigadores no apoyan estas recomendaciones por el riesgo que supone para la salud de la piel de nuestros niños, la exposición intencionada al sol sin protección. El equilibrio entre el riesgo/beneficio dificulta la elaboración de un mensaje general.

De cualquier forma, podemos deducir que la cantidad y los “depósitos” de vitamina D de nuestros niños no van a depender ni ha modificarse en gran medida únicamente por la cantidad de luz solar recibida en estos días de confinamiento. No se necesita mucho tiempo al sol para producir cantidades adecuadas de dicha vitamina. Y, además, parece que los niños pueden requerir menos exposición solar para producir suficiente cantidad en comparación con los adultos.

Y en relación a la dieta, ¿qué alimentos aportan vitamina D?

Como hemos mencionado antes, también podemos obtener este nutriente a partir de alimentos que lo contienen de forma natural o que han sido suplementados. La vitamina D se encuentra principalmente en: huevos, lácteos, conservas y pescado azul. Así como otros alimentos no habituales en la dieta de nuestros niños, como son las setas, que mencionamos a modo de curiosidad.

Los pescados grasos, como el salmón, el atún y la caballa se encuentran entre las mejores fuentes de vitamina D.
El hígado vacuno, el queso y la yema de huevo contienen cantidades menores.
Los hongos aportan cierta cantidad de vitamina D.

Aquí os dejo una tabla resumen extraída de Pediatrics, donde se recogen las principales fuentes alimentarias de esta vitamina:

Debemos de saber que la forma de cocinar también influye: freír el pescado disminuye el contenido de vitamina D aproximadamente un 50%. Por contra, la cocción conservaría los aportes de dicho nutriente.Además de lo mencionado, una opción disponible es el consumo de alimentos que han sido suplementados. En nuestro país su uso no está tan extendido como en otras partes del mundo, pero podemos encontrar algún alimento enriquecido con vitamina D como determinadas leches, yogures o cereales.

Sé que hay suplementos farmacológicos de vitamina D ¿Debe tomarlos mi hijo?

La Asociación Americana de Pediatría (AAP) y otras instituciones recomiendan una ingesta de 400 UI/día en menores de un año y 600 UI/día en niños mayores.

De forma general, los suplementos quedan reservados a los niños menores de un año y a aquellos niños mayores con factores de riesgo, como tomar determinados medicamentos o padecer ciertas enfermedades crónicas. En sintonía con la AAP, la Asociación Española de Pediatría establece unas recomendaciones:

Los bebés menores de un año lactados al pecho deben de recibir un suplemento de 400 UI/día de vitamina D, iniciando su administración los primeros días de vida.

Además, han de recibir dicho suplemento, aquellos niños menores de un año que ingieran menos de un litro de leche al día.

Más allá del año de vida, los suplementos quedan reservados a niños con factores de riesgo. Valorando la necesidad de forma individual y siempre bajo prescripción médica.

Conclusión

Por tanto, no debemos ofrecer suplementos farmacológicos de vitamina D a nuestro hijo salvo indicación expresa de nuestro pediatra.
Por otra parte, debemos mantener la dosis habitual en aquellos lactantes que ya la tomaban. Aumentar la dosis, sin indicación médica, puede causar efectos indeseables.

En estos días de reclusión casera, ofrecer alimentos ricos en vitamina D y aprovechar algún minuto de sol en el balcón (siempre con responsabilidad), parecen opciones razonables y beneficiosas para cuerpo y mente. Y, al terminar este periodo “invisibilidad”, los más pequeños podrán salir a correr y jugar al aire libre, que es la mejor forma de obtener vitamina D y conseguir unos huesos fuertes.

Cristina Valiñas – Blog Padres Millennials

Para consultar la publicación original puede seguir este enlace.

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