Hepatitis: síntomas, tratamiento y todo lo que debes saber

Como cada año, el próximo 28 de julio se celebra el Día Mundial contra la Hepatitis, al coincidir con la fecha de nacimiento del doctor Baruch Samuel Blumberg, científico y premio Nobel norteamericano al que se le atribuye la identificación del virus de la hepatitis B y el posterior desarrollo de su vacuna.

Como tantas otras conmemoraciones vinculadas con la salud, las asociaciones y organizaciones relacionadas con esta enfermedad aprovechan esta efeméride para aumentar la concienciación de la sociedad sobre las hepatitis virales y las enfermedades que provocan, así como para divulgar los avances y los conocimientos científicos y médicos que se conocen hasta el momento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cerca de 257 millones de personas están infectadas por el virus de la hepatitis B y más de 70 millones por el de la hepatitis C, y solo una parte de esta población es consciente de ello. Según un estudio presentado el pasado mes de febrero durante el 43º congreso de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), se calcula que en España hay más de 200.000 personas afectadas solamente por la hepatitis C; asimismo, la cifra de personas que desconoce que ha contraído esta enfermedad se sitúa entre 70.000 y 80.000 en el país.

¿Qué es la hepatitis? 

Según el Diccionario Enciclopédico Taber de Ciencias de la Salud es la “inflamación del hígado causada en general por exposición:

  • A un agente infeccioso (p. ej.: un virus de la hepatitis).
  • A una toxina (alcohol).
  • A un fármaco (como el paracetamol).

La enfermedad puede ser crónica o aguda, leve o poner en peligro la vida. Los casos crónicos solo se detectan al descubrir una elevada concentración de enzimas hepáticas en la sangre; los casos agudos, por su parte, se caracterizan por ictericia, hepalomegalia y algunas veces por hemorragia, alteración del estado mental y fallo múltiple de los sistemas orgánicos”.

Básicamente, y a modo de resumen, la hepatitis es una “hinchazón”, como una especie de “irritación” del hígado que impide a este órgano trabajar adecuadamente.

¿Qué causa la hepatitis?

Generalmente, se suele asociar la hepatitis a una infección vírica. Pero la realidad es que los factores que la generan pueden ser otros, entre las que también destacan:

  • Daño al hígado motivado por el alcoholismo u otros tóxicos.
  • Causas derivadas del uso abusivo o sobredosis de medicamentos.
  • Infecciones víricas (las hepatitis A, B, C, D y E de las que se hablará posteriormente).
  • Patologías hereditarias, entre las que destacan la enfermedad de Wilson, la fibrosis quística o la hemocromatosis, una dolencia derivada de un exceso de hierro en el sistema.

En líneas generales, se pueden distinguir dos tipos de hepatitis:

  • Aguda: con el debido tratamiento y las atenciones necesarias puede llegar a desaparecer.
  • Crónica: su progreso puede propiciar, con el paso del tiempo, una insuficiencia hepática, cáncer de hígado o cirrosis (destrucción de las células del hígado).

Hepatitis A, B, C, D y E

Son diversos los virus que pueden producir inflamaciones agudas en el hígado. De estos virus se conocen, por ahora, cinco tipos: A, C, D y E, que son del tipo ARN, y el virus B, que es ADN.

  • Virus A (VHA): se transmite por vía fecal-oral a través del agua, alimentos u objetos de comida o aseo que estén contaminados, dando lugar a un cuadro agudo que nunca pasa a la cronicidad. El periodo de incubación se estima entre quince y cincuenta días. Es, por su modo de contagio, una enfermedad hídrica, benigna, de especial prevalencia en niños y adolescentes, que adopta en muchos casos connotaciones epidémicas.
  • Virus B (VHB): la transmisión de este virus es parenteral a través de la sangre y hemoderivados (jeringas, agujas, tubos, catéteres, sondas, etc., contaminados), así como secreciones genitales (principalmente semen). El periodo de incubación se estima entre 50-160 días, lo que configura un amplio periodo como portador sano. Existe también la transmisión vertical, de la madre al niño. El contagio por contactos sexuales también convierte a esta en una enfermedad venérea. Los modos de propagación son tan semejantes a los del VIH que, en algún momento, se inculpó a este virus como agente causal. Por su modo de transmisión, tiene especial relevancia a nivel hospitalario (en el que existen grupos de personas con especial riesgo por su trabajo en especialidades como hemodiálisis, laboratorio, urgencias, etc., a los que se aconseja de modo sistemático la vacunación).
  • Virus C (VHC): el periodo de incubación es de dos semanas a seis meses. Tiene dos características importantes, la primera es que se trata de una infección que puede permanecer asintomática hasta fases avanzadas, la destrucción del hígado ocurre lentamente y, a veces, los síntomas aparecen solamente 20 años después de la contaminación por lo que la mayoría de los pacientes infectados no sospechan de su infección; la segunda, que, a finales de la década de 1980, no se sabía de la existencia de este virus y, como tal, las bolsas de transfusión de sangre no se comprobaban: se estima que hasta el 10% de las unidades de sangre fueron contaminadas. Las personas que recibieron transfusiones de sangre se contagiaban de la enfermedad y ni ellas ni los médicos eran conscientes. El resultado es que hoy en día hay miles de pacientes con hepatitis C en etapa avanzada que fueron contaminados inadvertidamente hace dos o tres décadas. Su transmisión se da en trasfusiones de sangre (actualmente es poco frecuente), consumo de drogas inyectables, la reutilización o esterilización inadecuada de equipo médico (especialmente jeringuillas y agujas) en entornos sanitarios, accidentes biológicos (especialmente por pinchazos con agujas utilizadas en pacientes infectados), realización de tatuajes o piercing si no se toman las medidas higiénicas adecuadas, vía sexual y vía materno-fetal.
  • Virus D (VHD): es un virus defectivo que requiere del VHB para su replicación, lo que provoca hepatitis, por tanto, únicamente en presencia de este último. Ambos virus pueden contraerse simultáneamente (coinfección) o existir la condición de portador de VHB y contagiarse con VHD (superinfección), circunstancia que da lugar a hepatitis de alta severidad y que fácilmente pasa a la cronicidad. Su transmisión es siempre parenteral.
  • Otros agentes virales, no suficientemente conocidos, representan el gran grupo de hepatitis NANB –No A No B-, en el se incluyen todos aquellos que no pertenecen a los grupos anteriores.

Principales síntomas de la hepatitis

Como se ha venido apuntando, son varias las causas que pueden generar la hepatitis. Las principales señales de alerta se pueden resumir en:

Defecaciones claras

Las deposiciones claras, cuasiblanquinosas, son un síntoma que debe alertar, ya que es una señal común de enfermedad hepática. La respuesta a este síntoma radica en la bilirrubina, sustancia responsable de la coloración marrón de las heces. Si el hígado no está trabajando correctamente y se encuentra inflamado, provoca que la bilirrubina que debe llegar hasta el hígado no se metabolice en dirección a las heces, provocando esa coloración.

Orina turbia

Si se detecta que la orina es más oscura de lo normal, podría tratarse de otro síntoma de hepatitis, por una acumulación de bilirrubina en la sangre.

Coloración amarilla de la piel y los ojos

Sin duda, es el efecto más sintomático y característico de la hepatitis: la conocida como ictericia. De nuevo, la bilirrubina juega un papel fundamental en este proceso. Una acumulación de esta sustancia en la sangre es la causa de este síntoma.

La ictericia no es solo una señal habitual de la enfermedad hepática, sino que también se puede encontrar en otras sintomatologías relacionadas con el mal funcionamiento del hígado (cirrosis, síndrome de Gilber, fiebre amarilla…).

Dolor abdominal

Como se ha mencionado anteriormente, la hepatitis es una hinchazón del hígado que genera un dolor del órgano, dolor que característicamente se ubica en la parte superior derecha del abdomen, debajo de las costillas. Incluso en algunas circunstancias, un simple examen del abdomen permite detectar la inflamación hepática.

Picores

Una de las consecuencias que se asocian a la ictericia es la irritación en la piel, ya que la bilirrubina depositada en ella provoca los molestos síntomas de picor. De hecho, especialmente en personas con tez más oscura, los primeros síntomas vienen determinados por estos picores, sin explicación evidente, antes de que una manifestación de tez amarillenta.

Otros síntomas

A los cuadros anteriormente descritos habría que añadir otros síntomas que se asocian generalmente a la hepatitis como lo siguientes:

  • Debilidad y agotamiento físico.
  • Pérdida de apetito y ganas de comer.
  • Náuseas y vómitos.
  • Aparición de fiebre baja.
  • Y, entre otros, pérdida de peso.

Prevención de la hepatitis

Existen medidas de eficacia comprobada para evitar la transmisión de los virus de la hepatitis. El VHA se previene mediante medidas higiénicas en la manipulación de alimentos y medidas de salud pública (desinfección del agua de consumo). Además, se dispone de una vacuna frente al mismo, cuya administración se aconseja a personas con alto riesgo (viajeros a países endémicos, militares, etc.).

La hepatitis de transmisión sérica (VHB y VHC) puede impedirse mediante las siguientes medidas: utilizar del preservativo en relaciones sexuales y evitar el uso compartido de útiles de aseo personal. En trabajadores expuestos (personal sanitario y otros colectivos) debe utilizarse material desechable para la manipulación de muestras biológicas, y han de atenerse a las precauciones universales, con especial atención a la manipulación de instrumentos punzantes o cortantes.

Asimismo, la hepatitis B cuenta con una vacuna muy efectiva (en torno al 95% de vacunados alcanzan niveles de anticuerpos adecuados). La vacunación se realiza en tres dosis (a los 2, los 4 y los 12 meses) por vía intramuscular. Según los datos presentados en una sesión del VI Simposio Internacional sobre la Atención de Hepatitis en Usuarios de Sustancias (INHSU 2016), celebrado en Oslo (Noruega), el desarrollo de una inmunización contra el VHC está viéndose frenado por la gran variabilidad del virus y por la imposibilidad de obtener una inmunización completa.

Fuente: Trueba Torre MB, Aizpeolea San Miguel ML, Pancorbo Hidalgo PL, López Ortega J. Hepatitis, cirrosis y cáncer de hígado. En: De la Fuente Ramos M (coord.). Enfermería médico-quirúrgica. Vol. IV. 3ª ed. Colección Enfermería S21. Madrid: Difusión Avances de Enfermería (DAE); 2017. p. 2703-26.

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