25 años en el ‘día de la marmota’

Domingo, 1 de febrero de 2015

por Lola Montalvo

 Diario DICEN estrena nueva sección con la columna de opinión de Lola Montalvo, enfermera de profesión y escritora por vocación, que además tiene uno de los mejores blogs sobre enfermería y salud (http://lolamontalvo.blogspot.com.es/). Su primera novela tiene por título A ambos lados (2008), un relato sobre las enfermeras que trabajan en el ámbito sanitario con otros profesionales de la salud. Dos años más tarde nació Sanatio (2010), libro que resultó finalista del III Premio de Creación Literaria Bubok-Alfaguara, y finalista del IV Concurso de Literatura Histórica Hislibris (España). Actualmente está trabajando en la que será su cuarta novela, y a través de DICEN expondrá, quincenalmente, su particular visión con la enfermería por bandera.

Con ella se abre la sección, recordando a todos los usuarios que pueden participar en esta columna con sus comentarios y opiniones acerca de la situación enfermera en la actualidad:

Hace ya 25 años que terminé mi primera carrera universitaria, ésa que me permite ejercer como enfermera. Miro a mi alrededor, escucho a mis colegas de profesión y veo que Enfermería sigue adoleciendo casi de los mismos problemas que me encontré cuando me lancé a las procelosas aguas de la sanidad y sus profesionales. En estos años, cada día me he levantado y he encontrado los mismos problemas. Todos y cada uno de los días. Una especie de ‘Día de la Marmota Enfermera’.

Sé que muchos me pueden tachar de exagerada. Lo sé. Pero han pasado cinco lustros y Enfermería hoy día sigue siendo cuasi invisible, sigue siendo esa hermana menor a la que no se le deja ser independiente, porque los que se consideran sus ‘progenitores’ no quieren aceptar que se ha hecho mayor y ya puede volar por su cuenta. foto para TU OPINION

Empecemos por el principio. Se nos sigue llamando de forma equivocada con el obsoleto nombre de ‘ATS‘, título que desapareció allá por los oscuros años de la transición. No nos reconoce nuestro nombre de Enfermera ni las administraciones, que de forma pacata y ridícula siguen convocando plazas de ‘ATS/DUE‘ ni los medios de comunicación ni los que desean que conservemos ese segundo plano cómodo para ellos, un papel servicial y obediente muy alejado del que la mayoría de los enfermeros consideramos que es nuestro verdadero papel en la atención a la salud/enfermedad de las personas, independiente y autónomo.

Se sigue sin entender que los cuidados de enfermería curan, que podemos prescribir, investigar, estudiar doctorados… formar a nuestros propios profesionales. Insisto en el concepto ‘entender’, ojo.

Seguimos sin formar parte -o se nos expulsa- de órganos de gestión o de los consejos donde se toman decisiones, aunque esas decisiones afecten directamente a la labor propia de Enfermería. Seguimos sin ser autónomos a la hora de tomar nuestras propias decisiones. Mejor que yo lo explica Juan F. Hernández Yánez, en su Carta abierta al Sr. Ministro de Sanidad. Seguimos estando a la sombra de otros, sin autonomía ni capacidad de decisión ni de iniciativa. Tenemos y logramos lo que se nos concede por terceros. Parte importante de este problema son nuestros altos órganos de representación: CGE y Colegios de Enfermería; por desgracia ellos son más parte del problema que motores de la solución.

Seguimos sin tener reconocidas nuestras especialidades en el campo asistencial, más allá del mero aspecto docente o formativo. Es decir, sí, existen algunas especialidades y sus plazas de EIR, pocas; y, salvo la de matrona, ninguna tiene una realidad laboral en forma de plazas convocadas para Enfermeras Especialistas. Es ridículo gastar tanto tiempo y recursos en una formación que más tarde no se aprovecha…

Para terminar este primer artículo de opinión diré que sí, estoy convencida de que nuestros problemas siguen siendo los mismos. Pero no voy a responsabilizar ‘solo’ de nuestros males a otros… El problema, es triste decirlo, radica en gran parte en nosotros mismos como profesión, en nuestra falta de voluntad, en nuestra inacción y deseo de permanecer en una zona de confort, ésa que para algunos supone la sombra que proyectan otros profesionales y en la que tan a gusto se está. Pero precisamente es esa zona de confort la que nos resta autonomía, que nos hace invisibles, que nos hace dependientes, que nos vuelve mudos y que nos impide avanzar. Eso sí, en esa zona de confort la mayoría no deseamos estar. Veamos qué podemos hacer para salir de ella unidos y con una meta común.

A desgranar todo ello poco a poco dedicaré este espacio.

Lola Montalvo