Ética enfermera: conflictos éticos y los límites de los cuidados

Martes, 21 de diciembre de 2021

“La esencia de la profesión enfermera es el cuidar; puede definirse la ‘ética enfermera’ como la ‘ética del cuidar’. Dos elementos claves de esta ética los constituyen la vulnerabilidad del otro y nuestra actitud responsable. La tarea de los cuidados exige a los profesionales de Enfermería una serie de virtudes básicas e ineludibles si queremos alcanzar la excelencia profesional, a saber, la compasión, la competencia, la confidencialidad, la confianza y la conciencia”, afirma Francisco Javier Capilla, director de Enfermería del Hospital Universitario San Rafael, de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, ubicado en Granada, y miembro del Equipo Local de Bioética del centro.

© Comunicaci´ón San Juan de Dios Granada

Las enfermeras, destaca, son conscientes de la necesidad de una puesta al día permanente, mediante la formación continua, para potenciar los conocimientos sobre los que se basa el ejercicio profesional, y la investigación guarda un papel prominente en este proceso, ya que permite mejorar la calidad asistencial y los cuidados, “pero para el desarrollo de la actividad investigadora tenemos que tener en cuenta algunos aspectos éticos referentes a los derechos de las personas incluidas en esta labor, como la necesidad del consentimiento informado, que será por representación en el caso de personas vulnerables, el deber de confidencialidad de los datos, la relación entre riesgos y beneficios, es decir, que los riesgos potenciales sean inferiores al beneficio esperado, etc.”.

La labor enfermera en el Equipo Local de Bioética

Las funciones de este servicio se centran fundamentalmente en ofrecer asesoramiento para orientar al profesional sobre los aspectos éticos que intervienen en la toma de decisiones asistenciales, proponer acciones formativas y docentes en bioética que sean de interés para todo el personal, tanto asistencial como no asistencial, del centro y, por último, proporcionar ayuda en la elaboración de informes de investigación, como la presentación de proyectos, hojas informativas o consentimientos informados, explica Capilla.

El objetivo principal de esta unidad es asesorar, sensibilizar, formar, difundir e investigar sobre los temas relacionados con la ética, la bioética y la humanización de la asistencia. “Constituye una línea de desarrollo para los centros de San Juan de Dios en Granada ante la creciente necesidad de cuestiones que se plantean en nuestro quehacer diario relacionadas con este ámbito de actuación. Es importante señalar que las decisiones del Equipo Local de Bioética no son vinculantes, debiendo contar siempre con la aprobación del Comité de Ética Asistencial del que forma parte un miembro del equipo, denominado ‘consultor’, es decir, la persona de referencia”.

Dicho equipo está integrado por un grupo multidisciplinar en el que se encuentran representados todos los centros de San Juan de Dios en Granada: miembro del comité de dirección, médicos, enfermeras, trabajadores sociales, coordinador del servicio de atención al usuario, responsable del servicio de atención espiritual y religioso, responsable técnico del Centro de Día Ocupacional y psicólogo. Se mantienen reuniones programadas con carácter bimensual y tiene formación de postgrado. “Básicamente, mi labor se centra en animar al resto de compañeros y familiares a que me trasladen cualquier necesidad, inquietud o duda relacionada con este tema de manera directa o a través de un formulario habilitado para tal efecto, disponible en el servicio de atención al usuario, o en la intranet del hospital, detectar necesidades formativas y participación directa en la formación continuada”.

La ética enfermera: el código deontológico y los conflictos éticos

“Los profesionales enfermeros, de forma general, desarrollamos funciones en diferentes ámbitos en el ejercicio de nuestra actividad atendiendo a las normas recogidas en nuestro código deontológico”, expone Capilla, incidiendo en la labor asistencial mediante la prestación de cuidados a las personas atendidas, con respeto a sus derechos, como su libertad, su dignidad, su intimidad o su confidencialidad; la labor docente; la de educación sanitaria; y la investigadora. En este sentido subraya que el código deontológico de la Enfermería establece las responsabilidades y obligaciones éticas de las enfermeras en sus diferentes ámbitos de actuación. El director de Enfermería del Hospital San Rafael ejemplifica, a este respecto, en “la obligatoriedad de tratar a todas las personas con el respeto que se merecen sin discriminación alguna, proteger a los enfermos durante la prestación de los cuidados, contar previamente con su consentimiento antes de prestar cualquier intervención o cuidado, recurrir a su familiares si el paciente no está en condiciones físicas o psíquicas, no aplicar medidas de coacción, informar a la persona en el ejercicio de nuestra profesión…”.

Por otra parte, el derecho a la objeción de conciencia de las enfermeras en el ejercicio de su profesión está recogido, igualmente, en el código deontológico, y ha de ser debidamente explicitada ante cada caso concreto; “corresponde al Consejo General de Enfermería y a los colegios velar para que ningún profesional pueda sufrir discriminación o perjuicio a causa del uso de ese derecho”. “El problema fundamental que se plantea en este tema es hacer compatibles los derechos, igualmente exigibles, como el respeto a la autonomía del paciente y el del profesional a no llevar a cabo acciones que vayan contra sus convicciones, afectando, por tanto, a su integridad moral. Esto hace necesaria una deliberación que permita una solución intermedia que satisfaga a todas las partes implicadas con el objetivo de conciliar ambas facetas”, concluye Capilla.

Los conflictos en el ámbito de la ética prevalentes en el desarrollo de la profesión de Enfermería surgen en la toma de decisiones con los cuidados que se deben llevar a cabo, señala, y algunos ejemplos que expone son la administración o no administración de nutrición por vías artificiales, la aplicación o no aplicación de medidas de restricción de la movilidad, el inicio o el no inicio de sedación paliativa o terminal o la comunicación de malas noticias. “El abordaje de estos conflictos no resulta sencillo, es necesario, en ocasiones, recurrir al consultor de ética del centro para el asesoramiento. En las reuniones del equipo multidisciplinar se consensúan las medidas que se adoptan, teniendo en cuenta las preferencias o deseos del paciente y su familia”.

Por ello, la comunicación con los pacientes y sus familiares constituye un elemento primordial en la relación clínica que se establece, siendo básico ofrecer una información adecuada para alcanzar el consentimiento del paciente en la toma de decisiones puesto que, en la actualidad, “no tiene cabida el paternalismo entendido como una intervención contraria a la voluntad de una persona capaz y bien informada. En nuestro día a día nos enfrentamos a casos complejos a la hora de abordar esta situación, entre otros, pacientes con limitación de su autonomía debido a su edad o deterioro cognitivo, discrepancias entre los miembros del equipo, dudas sobre la comunicación de un diagnóstico o un pronóstico…”. Y el abordaje de estas cuestiones se lleva a cabo desde el razonamiento y la argumentación, con la participación de todos los miembros del equipo, ofreciendo al enfermo y su entorno una información veraz y progresiva con diferentes opciones de tratamiento, respetando todas las opiniones “con el único objetivo de conseguir un adecuado consenso”.

© Comunicacióón San Juan de Dios Granada

Formación y humanización de los cuidados

Para Capilla, la humanización de la asistencia implica atención integral, que el paciente sea el centro de interés, la personalización de los cuidados, la asistencia a la familia, conocer las necesidades de los afectados, la flexibilidad de las normas, el cuidado a las relaciones profesionales, el cumplimiento de los derechos de los pacientes, la profesionalización… “Precisamente, en todos los centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios la humanización, junto a la hospitalidad, forma parte del eje vertebrador de nuestra actividad diaria y nuestros valores profesionales”.

La pandemia de COVID-19, argumenta, ha supuesto un reto sin precedentes en el ejercicio profesional por los problemas éticos que se han presentado, relacionados con la distribución de los recursos, la seguridad, la toma de decisiones o “la limitación del esfuerzo terapéutico. El abordaje de esta situación, nunca antes vivida por los profesionales de la Enfermería, ha propiciado la puesta en marcha y la elaboración de nuevos protocolos asistenciales y cambios organizativos en la institución”. Y algunos aspectos que destacan en este sentido con la correcta colocación y la retirada de los EPI durante la prestación de los cuidados a los pacientes, “con la despersonalización de la atención que supone al no poder estar identificados”, la restricción de las visitas, “ofreciendo en su lugar información telefónica a la familia y videollamadas mediante tablets, etc.”.

Por otra parte, los conocimientos en bioética, “aun cuando fuesen rudimentarios, y de la legislación actual, son imprescindibles si la enfermera desea que sus actuaciones sean correctas y respeten los mínimos que la sociedad moderna nos exige”. Así, la principal repercusión que una adecuada formación en este ámbito tiene para los pacientes es la mejora de la calidad asistencial, arguye, la participación de los pacientes en la toma de decisiones que afectan a su persona y, por ende, en su cuidado. “Esto supone un cambio respecto al modelo de relación clínica paternalista en el que el paciente actuaba siempre según las indicaciones de los profesionales”.

La atención a la familia resulta, asimismo, fundamental, ya que “no solo enferma la persona asistida, sino toda la estructura familiar. Por lo tanto, se debe tener en cuenta como elemento clave en el proceso de atención. Los familiares son receptores y proveedores de cuidados”, afirma Capilla. “La prestación de la atención se lleva a cabo teniendo en cuenta los principios de la bioética, procurando evitar la mala praxis, tratar a todos los pacientes con la misma consideración y respeto, sin prejuicios ni juicios de valor, considerar la libertad y la capacidad de decidir de cada uno y promover el bien de la persona. En definitiva, procurando no hacer daño al enfermo”, concluye.

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