Alzhéimer: causas, síntomas y cómo detectarlo

Lunes, 9 de septiembre de 2019

El próximo 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzhéimer, un evento instituido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y auspiciado por Alzheimer’s Disease International (ADI) en 1994. Un día en el que se realizan multitud de actividades en diferentes países con el objetivo de concienciar y ayudar a prevenir esta enfermedad, que afecta ya a casi 50 millones de personas en el mundo, e intentar que tenga una mayor repercusión social y sanitaria, solicitando el apoyo y la solidaridad de la población, de instituciones y de organismos oficiales.

El alzhéimer, así denominado por Alois Alzheimer, psiquiatra y neurólogo alemán, pionero en la detección de las manifestaciones de la enfermedad (EA), es la principal causa de demencia, llegando a representar hasta el 70% de los casos y es que, tal y como afirma la OMS, a medida que la población mundial envejece, el número de personas que padece demencia se triplicará y pasará de 50 a 152 millones en 2050.

¿Qué es el alzhéimer?

Se trata de una enfermedad caracterizada por el deterioro general de las funciones cognitivas y, sobre todo, de la memoria. Pero además del déficit de memoria, los pacientes con EA pueden presentar otros síntomas, tales como:

  • Alteraciones del comportamiento.
  • Deterioro de su estado físico.

Es la combinación de todos estos factores la que puede ser la causante de que el paciente pierda la capacidad de ser funcionalmente independiente.

Al parecer, la comunidad científica no ha logrado aún determinar exactamente por qué y cómo se origina, pero lo que sí se ha demostrado con diferentes estudios es que en el cerebro de estos pacientes se produce el depósito en forma de placas de una proteína llamada beta-amiloide y que se pueden originar masas desorganizadas de proteínas fibrilares en el interior de las neuronas.

En el alzhéimer existen diferencias según el sexo, con un peligro mayor de sufrir la enfermedad en mujeres. Además, la edad es el principal factor de riesgo para padecerla. Así, cuanto mayor es el paciente, mayor es el riesgo de tenerla; pero no solo eso, ya que tener un familiar de primer grado con EA predispone en cierta medida a tener la enfermedad. Según la Asociación del Alzhéimer, también existe aparentemente una fuerte conexión entre las lesiones de cabeza serias y un riesgo de padecerla en un futuro.

Síntomas del alzhéimer

Hay que tener en cuenta que el alzhéimer es una enfermedad que se caracteriza por la pérdida de neuronas y de sinapsis, pero no por ello es la única manifestación. Además de los síntomas cognitivos los pacientes pueden presentar síntomas neuropsiquiátricos como depresión, apatía, ansiedad, agitación, alucinaciones o delirios, apareciendo de forma progresiva dependiendo del paciente.

En primer lugar, es necesario establecer las diferencias que existen entre los síntomas causados por el envejecimiento en sí, que también da lugar a algunos, como problemas de retentiva a corto plazo o a complicaciones para aprender. Pero, además, sí que existen unos síntomas claros que revelan la aparición de la enfermedad. Las primeras manifestaciones son paulatinas y sutiles; primeramente suele aparecer dificultad para recordar sucesos recientes o retener información nueva, pero este síntoma puede verse acompañado por otros, como:

  • Problemas relacionados con el lenguaje.
  • Dificultad de concentración, de razonamiento.
  • Complicaciones a la hora de llevar a cabo tareas complejas.
  • Desorientación espacial y temporal.
  • Confusión.
  • Incapacidad de reconocimiento

Según va avanzando el progreso de la patología, se empiezan a incrementar los problemas cognitivos y a desarrollar cambios en el ánimo o la forma de ser del paciente. En muchos casos, los afectados pueden presentar:

  • Irritabilidad
  • Desengaño.
  • Violencia
  • Delirios, etc.

Cada paciente es distinto, y la gravedad en la progresión de la enfermedad varía de unos a otros, pero generalmente el tiempo hasta llegar a un estadio de demencia es de 5 a 10 años y los pacientes suelen fallecer por problemas asociados; en este sentido, el desarrollo de la patología puede dividirse en cuatro fases que abarcan diversas etapas de la misma:

  • Fase I, también conocida como leve.
  • Fase II, moderada.
  • Fase III, grave.
  • Y, finalmente, fase IV o terminal.

Diagnóstico y tratamiento

La identificación de esta patología pasa por una serie de signos, como la detección de la demencia a través de un análisis clínico, de déficit en varias áreas cognitivas, de problemas de memoria sin complicaciones asociadas en la conciencia y la falta de trastornos cerebrales que puedan explicar dicho deterioro, así como por una serie de procesos, tales como:

  • El examen neurológico compatible.
  • Otros análisis complementarios, especialmente el análisis de sangre o la tomografía por emisión de positrones, esta última con el objetivo de excluir otras causas de demencia que puedan ser tratadas, como tumores o intoxicación por fármacos.

Aunque actualmente no existen medidas o pautas de tratamiento que impidan el progreso de la enfermedad de Alzheimer, los profesionales de la salud y los pacientes cuentan con una serie de herramientas para abordar la dolencia y paliar sus síntomas. Estas formas de tratarla pueden dividirse en intervenciones farmacológicas, no farmacológicas y conductuales.

En este sentido, según la nota informativa de la OMS (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia), se dan diversas pautas con las que se puede mejorar la calidad de vida de los afectados por la demencia, que, como se ha dicho, el 70% de los casos de esta patología es alzhéimer, y la de sus familiares y cuidadores. Algunas de las principales pasan por el diagnóstico precoz para conseguir la atención temprana, la mejora de la salud física y la cognición o facilitar información a largo plazo a los cuidadores.

A pesar de que la edad es uno de los factores de riesgo más importantes de riesgo de la demencia, no todos los casos se diagnostican en población mayor. Según los datos de la organización, hasta un 9% de los pacientos es menor de 65 años. Así, existen estilos de vida adecuados para la prevención de la patología. Entre ellos destacan:

  • Actividad física regular.
  • No fumar.
  • Control del peso y de la tensión arterial.
  • Alimentación adecuada.
  • Control de los niveles de glucosa y colesterol en sangre.

Tratamiento farmacológico:

Dentro de esta categoría puede establecerse, asimismo, otra clasificación de los medicamentos empleados en las personas afectadas de alzhéimer.

-Inhibidores de acetilcolinesterasa (IACE)

Se utilizan para estimular a los neurotransmisores cerebrales, y su uso ha registrado una leve mejora cognitiva y funcional en hasta el 60% de los pacientes con EA leve o moderada. También presentan una serie de efectos secundarios, entre los que destacan:

  • Dolor de cabeza.
  • Síntomas relacionados con el aparato digestivo.
  • Falta de sueño.
  • Confusión.
  • Mareos.

-Moduladores glutaminérgicos

Los más frecuentes son:

Memantina

Comúnmente utilizado en casos de alzhéimer en fase moderada o grave, y su uso puede implicar mareos, alucinaciones o dolor de cabeza.

Nootropos

Carente de efectos secundarios reseñables, pero apenas produce mejoría en la sintomatología de los afectados por la EA.

Tratamiento no farmacológico

Sus efectos se dejan ver en el corto plazo y pueden llegar a resultar beneficiosos para los pacientes, pero las intervenciones destinadas a fomentar el rendimiento cognitivo, como la psicoestimulación, la musicoterpia, la ludoterapia o la presencia de animales de compañía, tampoco tienen la facultad de impedir el desarrollo del alzhéimer.

Tratamiento de los trastornos conductuales

Dependiendo del estado del paciente, y de la fase en que se encuentre su enfermedad, los profesionales sanitarios pueden emplear una serie de fármacos para abordar estos síntomas. Algunos de ellos son:

  • Antidepresivos
  • Antipsicóticos.
  • Antoconvulsionantes.

Formación enfermera en actuación frente a alteraciones neurológicas

Una vez sabidos los principales síntomas y manifestaciones de la enfermedad de Alzheimer y los procedimientos que en la actualidad se conocen para abordarlo, es fundamental que los trabajadores de enfermería cuenten con unos conocimientos profundos y actualizados en este campo. Además, ampliar la educación, ya sea en esta o en cualquier otra especialidad de la ciencia enfermera, es crucial en el desempeño profesional e influye directamente en la calidad de la atención que reciben los pacientes.

Por este motivo, AulaDAE, espacio de formación enfermera que cuenta con el aval del Ministerio de Sanidad, pone a disposición de los profesionales el curso “Cuidados de enfermería en pacientes con alteraciones neurológicas”, elaborado por José Luis Párraga Bermejo, enfermero y profesor asociado clínico de la Universidad de Castilla-La Mancha, acreditado con 6,7 créditos CFC y equivalente a 110 horas lectivas.

 

Fuentes:

Ayuga Loro F, Polo Martín M. En: Cruz Acquaroni MM, González Gómez IC. Compendio DAE de Patologías. Colección De la A a la Z. 2ª ed. Madrid: Difusión Avances de Enfermería (DAE); 2009. p. 41-42.

González del Fresno E. Problemas de salud mental en personas mayores. En: Megías-Lizancos F, Serrano Parra MD. Enfermería en psiquiatría y salud mental. Vol. II. 3ª ed. Colección Enfermería S21. Madrid: Difusión Avances de Enfermería (DAE); 2018. p. 517-32.

Ayuso Peralta L, Rubio Pérez L, Ruiz Valdivia T, Ballesteros Barranco A, García Ferrer I. Alteraciones degenerativas. En: De la Fuente Ramos M (coord.). Enfermería médico-quirúrgica. Vol. III. 3ª ed. Colección Enfermería S21. Madrid: Difusión Avances de Enfermería (DAE); 2016. p. 1729-75.

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