Cooperación enfermera internacional en los campos de refugiados saharauis

Jueves, 20 de septiembre de 2018

“La población saharaui refugiada se asienta en tierras argelinas próximas a la ciudad de Tinduf”, explica María García Llano, enfermera del Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP) del Servicio Cántabro de Salud y coordinadora de la Línea Estratégica de Cooperación del Colegio de Enfermería de Cantabria. Tinduf es una de las zonas más áridas del desierto del Sáhara, conocida como la Hammada. Los habitantes de este territorio se dividen en cinco campamentos “o wilayas, que son los de Aaiún, de Auserd, de Bojador, de Dajla y de Smara, que se segmentan, a su vez, en ayuntamientos o dairas y estos, en barrios”.

García Llano participó en una iniciativa de voluntariado internacional de tres semanas en el campo de Bojador. Durante el proyecto desarrolló un programa de acompañamiento y de formación a las enfermeras de los dispensarios médicos de los campamentos y a las profesionales escolares saharauis de dicha wilaya.

En noviembre de 1975, tras la conocida como Marcha Verde, la ocupación pacífica de la antigua colonia española del Sáhara Occidental, y la firma de los Acuerdos Tripartitos en Madrid, entre Marruecos, Mauritania y España, se estableció un gobierno provisional dirigido por estos tres Estados en el anterior protectorado. En febrero del año siguiente, el país se retiró definitivamente del territorio, con lo que se proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Esta situación devino en un conflicto que enfrentó a la RASD contra los gobiernos marroquí y mauritano, que provocó una huida, según los datos ofrecidos por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), de cerca de 40.000 personas desde esta zona hasta la región fronteriza de Argelia. En la actualidad, esta entidad cifra en 165.000 los ciudadanos que viven en los campos habilitados en dicha zona, muchos de los cuales son aquellos que hace más de 40 años abandonaron su tierra.

La situación sanitaria en los campos de refugiados saharauis

“La prolongada coyuntura de refugio que vive esta población y su capacidad organizativa hacen que haya desarrollado estructuras sanitarias y educativas”, afirma esta enfermera. Dadas las circunstancias geográficas de la zona, que dificultan el desarrollo de actividades encaminadas a generar ingresos, la situación política en los campos y su condición de refugiados, las oportunidades de empleo son limitadas, “lo que supedita todo a una dependencia casi total de la ayuda humanitaria” destaca.

Esta profesional manifiesta que uno de los principales problemas del Ministerio de Salud Pública Saharaui es la escasez de trabajadores, que emigran en busca de mejores oportunidades. Además, puntualiza, “la falta de motivación del personal sanitario de la región es consecuencia de la poca continuidad en el pago de incentivos, ocasionada por los retrasos en las aportaciones de la ayuda internacional”; asimismo, a estos elementos hay que añadir las duras condiciones de trabajo y la precariedad de las infraestructuras y la insuficiencia de los recursos, “tanto en equipamiento como en medicación”, concluye.

La falta de información, explica García Llanos, no permite conocer con exactitud la prevalencia de algunas enfermedades, pero la salud de los saharauis se ve afectada tanto por dolencias transmisibles como no transmisibles. Las del primer tipo “afectan mayoritariamente a la población infantil, ya debilitada por la anemia y la malnutrición, cuya situación se agrava por las deficientes condiciones de saneamiento” y por aspectos ambientales que influyen en infecciones gastrointestinales y respiratorias. La falta de seguimiento y atención a los pacientes infantiles durante el primer año de vida, añade, hace más difícil poder garantizar un adecuado desarrollo físico y psicomotriz, “un crecimiento correcto y una buena cobertura vacunal”.

Por otro lado, añade esta enfermera, las condiciones de la situación de refugio de esta población, “junto con estilos de vida poco saludables”, ha contribuido a aumentar la incidencia de las enfermedades no transmisibles, tales como la diabetes, la hipertensión, el asma o patología cardiaca o tiroidea, “que afectan en gran medida a los adultos”. Los servicios sanitarios saharauis, apunta, resultan insuficientes para cribar y tratar con eficacia estas patologías; “se estima que únicamente un 10% de los pacientes crónicos con diabetes o hipertensión está bien controlado”, y esto, señala García Llanos, no va únicamente en función de la provisión de medicación, sino también de una puesta en marcha eficaz de acciones en aspectos higiénicos y dietéticos, “en las que el personal sanitario de la zona podría incidir mediante educación para la salud”.

La población de estos campamentos, explica esta profesional, depende de la ayuda humanitaria internacional que coordina ACNUR. Estas iniciativas proporcionan a los saharauis agua potable “y una cesta básica de alimentos, que se ha visto significativamente reducida en los últimos años, debido a los reiterados recortes en ayuda al desarrollo. El saharaui es uno de los grandes conflictos olvidados por la comunidad internacional”.

La intervención enfermera

Este proyecto estuvo dirigido más al ámbito de la formación a las profesionales de Atención Primaria y a la promoción de la salud a través de la educación que a la labor asistencial. El principal propósito de este programa pasó por “instruir a los ciudadanos en materia de salud sobre la higiene y cuidados personales y ambientales”, con el objetivo de que se mejorara la implementación de conductas de prevención higiénico-dietéticas y de actividad física, indica esta enfermera, “contribuyendo, de esta forma, a la disminución de factores de riesgo presentes en la población, que se encuentran íntimamente relacionados con la morbilidad más prevalente”, concluye.

“Durante nuestra estancia en la zona, compartimos muchas jornadas con las enfermeras de los dispensarios médicos en los que desarrollamos el proyecto”, expone. Son mujeres sobre las que recae, además de su labor en Atención Primaria, el cuidado de su familia que “en muchas ocasiones es muy numerosa”. Las voluntarias que participaron en este programa trabajaron con estas profesionales durante toda su jornada, colaborando en sus funciones y realizando talleres formativos diarios, también ciclos de formación sobre educación para la salud comunitaria.

“Cada una de estas enfermeras”, amplía García Llano, “es responsable de uno o varios de los diferentes programas de salud”, que abarcan aspectos como la vacunación, la salud sexual y reproductiva, con la que se ha conseguido que “el 75% de las mujeres embarazadas realizara al menos tres consultas de control y que el 69,5% de los partos sea atendido por personal cualificado”, o la salud infantil. “Las profesionales saharauis desempeñan su trabajo con muy pocos recursos e importantes deficiencias, sin agua y sin una gestión adecuada de los recursos”, indica.

“Impartimos, asimismo, formación y ofrecimos aprendizaje a tres enfermeras escolares saharauis de la wilaya de Bojador durante dos días”, añade esta profesional. Dentro de las metas de esta iniciativa de cooperación, los temas abordados durante estas jornadas formativas estaban relacionados con la sensibilización sobre el tabaquismo y las drogas en la adolescencia y el desayuno saludable en escolares; por su parte, los aspectos tratados durante la fase de aprendizaje se centraron, principalmente, en alimentación y nutrición en niños y adolescentes y en salud sexual y reproductiva en la juventud, “puesto que también les interesaba para sus propios conocimientos”.

García Llano ha querido destacar el papel fundamental que tienen las enfermeras escolares saharauis en el campo de la promoción de la salud. “La población, especialmente la femenina, porque fue la que participó en los talleres comunitarios, lo que refleja que los cuidados recaen casi exclusivamente en las mujeres, se mostró encantada con el proyecto, con gran interés y muy participativa en los talleres”, explica.

Trabajo solidario

El Colegio de Enfermería de Cantabria se hizo eco, destaca esta profesional, de la petición de Alouda Cantabria, una asociación civil sin ánimo de lucro, conocedora de la situación del pueblo saharaui y con mucha experiencia en los campos de refugiados, sobre la elaboración y ejecución de un plan de salud. “En primer lugar se realizó un diagnóstico del proyecto con el viaje de cuatro enfermeras a los campamentos, para identificar las necesidades tanto del personal sanitario como de la población. Tras el análisis de estas carencias se toma la decisión de emprender este proyecto”, comenta.

Las personas que quieran participar en los campamentos saharauis, afirma García Llano, han de contar con una organización previa experimentada, que identifique las actuaciones pertinentes y las planifique de antemano. “Consideramos fundamental dar continuidad a las intervenciones, ahora mismo estamos trabajando en una segunda fase, que tendrá lugar la próxima primavera”. Gracias al trabajo de muchas enfermeras voluntarias se están empezando a obtener importantes avances”, concluye.

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Campos de refugiados saharauis, cooperación internacional, enfermera, formación sanitaria

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