La enfermería en las guerras olvidadas

Martes, 20 de junio de 2017

“Mucha gente ni siquiera sabe que Sudán del Sur es un país”. Así describe Esperanza Santos Suárez la situación humanitaria y sanitaria que atraviesa el país africano, que lleva inmerso en una guerra civil desde 2013, dos años después de la creación de este nuevo estado. Un conflicto que ha enfrentado a las dos etnias más importantes del país y que, hasta 2015, había causado la muerte de 50.000 personas y obligado a 1 millón y medio a desplazarse para huir de la contienda.

Esperanza, enfermera, acaba de regresar de su último viaje a Sudán del Sur, y nos cuenta cómo es su trabajo en un país que sufre las consecuencias de una guerra olvidada por la comunidad internacional. 

© Juan Carlos Tomasi

Las guerras olvidadas son aquellas que no cuentan con una cobertura importante en los medios de comunicación, o que únicamente aparecen en estos cuando se produce una escalada de violencia o grandes flujos migratorios de refugiados, en detrimento de otros conflictos armados. Una de estas guerras es la de Sudán del Sur, y en el caso del país, principalmente, la conflagración en Siria copa gran parte de la atención mediática.

Esperanza Santos Suárez, enfermera oncohematológica del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, y coordinadora del Proyecto Malakal de Médicos Sin Fronteras, ha estado siete meses en el campo de desplazados tipo Protection of Civilian (POC), perteneciente a las Naciones Unidas, de Malakal, la que fue la segunda ciudad más importante del país africano hasta que, en 2013, fue atacada. Esperanza cuenta la situación de la urbe sursudanesa: “Se quedó como una ciudad fantasma, pero se ha creado un campo de desplazados al lado en el que ha llegado a haber 40.000 personas. Ahora hay 30.000”.

 El campo de desplazados de Malakal

“Se supone que los POC son temporales, pero este lleva ya más de 3 años funcionando. Mucha gente ni siquiera ha podido salir del campo por la seguridad”. De esta forma relata Esperanza la situación que se encontró en este lugar, explicando que la protección del mismo depende de las Naciones Unidas, y, por tanto, en muchas ocasiones no deja a la población salir del campo porque, en caso contrario, pueden ser atacados por diversos grupos armados.

“Te encuentras una población que está muy agotada a nivel moral por la situación, que se está alargando en el tiempo y no se le ve una salida pronta. No hay esperanza de que esto vaya a cambiar a corto plazo. Aparte de las condiciones de vida y de salud, te encuentras con una población que está bastante minada a nivel psicológico y anímico”, afirma Esperanza. Además, esta dilación en la resolución de la guerra en Sudán del Sur es una de las claves para entender las malas condiciones de vida que padecen sus habitantes, ya que repercute no solo en un plano anímico y personal, sino también en uno económico y global: “Los recursos del país y la seguridad alimentaria se ven afectados porque  la gente no está cultivando. No tienen modo de vida”.

Una de las primeras y principales consecuencias que provocan las guerras olvidadas es la disminución de las ayudas destinadas a la cooperación internacional en países en conflicto: “La sensación de la población de Sudán del Sur es que están abandonados, que la comunidad internacional los ha dado de lado. No digo que un conflicto sea más importante que otro, porque creo que Siria también merece la atención”, afirma al insistir sobre la cobertura de los medios, recalcando que gran parte de la población desconoce que Sudán del Sur existe. Aunque, por otro lado, esto, actualmente, es un factor común en las guerras. Esperanza pone de manifiesto que los recursos destinados a este fin han descendido de manera generalizada, resaltando la injustita que supone este hecho, ya que “en realidad, en muchas ocasiones, somos los culpables del conflicto que está ocurriendo en ese país”.

La labor enfermera en los campos

“La primera vez que ves un campo de desplazados, en mi caso fue en Sudán, en Darfur, impresiona bastante. Es un espacio en el que te encuentras a miles de personas en un entorno completamente artificial, porque no tienen sus casas, ni una forma de vida”, estas fueron las primeras experiencias de Esperanza cuando decidió prestar ayuda sanitaria al país africano, al que acudió porque las necesidades eran, y lo siguen siendo, acuciantes a todos los niveles.

Esta enfermera cuenta que desde Médicos Sin Fronteras se encargan de los aspectos de salud y de apoyo psicológico. Dentro de los campos cuentan con un hospital con consultas externas, salas de hospitalización y unidades de maternidad. En cuanto al trabajo diario, Esperanza afirma que las jornadas suelen ser bastante intensas, sin un horario estipulado. Además de la ayuda en los hospitales, los enfermeros en los campos de desplazados realizan una labor de formación a los enfermeros locales y de gestión de recursos farmacéuticos; una labor que se convierte en indispensable para “dar continuidad a los cuidados aunque tú ya no estés allí. Por supuesto, muchas veces tenemos que hacer trabajo asistencial, pero lo ideal sería que todo ese trabajo pudieran hacerlo los enfermeros locales”.

© Fabio Basone/MSF

Debido a las condiciones de vida, que facilitan el contagio, de los campos de desplazados, por las que los afectados se ven obligados a cocinar dentro de las tiendas de campaña con fuego y leña y el hacinamiento al que se ven sometidos, así como la falta de agua y de higiene, las dolencias más comunes en esta circunstancia son las enfermedades respiratorias, como la neumonía, y las diarreicas. A esto hay que añadir el factor de la malnutrición infantil que, según palabras de Esperanza, “es uno de los principales problemas, porque hace que el niño sea mucho más vulnerable a otras enfermedades”. La malnutrición añadida a enfermedades como la neumonía o el sarampión se traduce en una tasa de mortalidad infantil mucho más alta y complica los tratamientos.

Esta organización, de actuación médico-sanitaria, además de la ayuda que presta en el campo de desplazados de Malakal, tiene desarrollados hasta 16 proyectos distintos en el país africano. Aparte de la acción contra la violencia y en los casos de desplazamiento como los que hemos visto y ha comentado Esperanza, porque según su propio testimonio, “desgraciadamente hay desplazados y conflictos por todo el país”, Médicos Sin Fronteras encabeza una iniciativa para fomentar el tratamiento del VIH y el sida.

La situación actual del conflicto

“La población de Sudán del Sur ha tenido que dejar todo atrás y empezar de cero en un sitio en el que no hay muchas posibilidades de salir adelante”, nos relata Esperanza. La situación del país africano no ha mejorado en los años de guerra. Al contrario, según las impresiones de esta enfermera, se ha recrudecido.

No solo la gente que actualmente se encuentra en campos de desplazados padece las consecuencias de vivir en uno. Esperanza cuenta que se dan casos de personas que han tenido que huir de sus casas y buscar un asentamiento sin organización, es decir, que no constituyen un campo de desplazados “estándar”, de acuerdo con sus palabras, para poder vivir, aunque de forma también temporal: “Llevan mucho tiempo fuera de sus hogares y tienen que moverse continuamente. No es que se tengan que establecer en otro sitio, es que muchas veces incluso esos mismos asentamientos se tienen que volver a desplazar por culpa del conflicto”.

 Necesidad de trabajo solidario

“Hacen falta todos los perfiles sanitarios para trabajar en Sudán del Sur”. Este es el llamamiento que realiza Esperanza debido a las necesidades, a cualquier nivel, por las que atraviesa el país. Según esta enfermera, los únicos requisitos para colaborar con Médicos Sin Fronteras son tener dos años de experiencia laboral y un buen nivel de inglés y francés, e invita a todos los interesados a sumarse al proyecto.

A pesar del desconocimiento que afecta, como se ha visto, de una forma tan directa a Sudán del Sur, la Enfermería esta presente en esta guerra olvidada, y Esperanza es un buen ejemplo de la dedicación que ha demostrado la profesión enfermera en los conflictos bélicos a lo largo de toda su historia.

Día Mundial de los Refugiados, enfermería, enfermeros en zonas de guerra, Sudán del Sur

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