“Educar también es cuidar”: Pedro Camacho reivindica una crianza sin culpaMiércoles, 9 de septiembre de 2026 por Silvia López Criado Tras casi tres décadas acompañando a bebés y familias, el enfermero, escritor y divulgador sanitario Pedro Camacho (@mireciennacido) ha aprendido que muchas de las dudas de los padres esconden un mismo temor: no estar haciéndolo bien. Desde su experiencia en Neonatología y Atención Primaria, reivindica una enfermería que no solo detecte problemas, sino que también ayude a las familias a vivir la crianza con mayor seguridad, una crianza sin culpa. Autor de Mi único plan es quererte, que ya cuenta con una segunda edición, Camacho aborda en esta entrevista algunos de los principales retos de los primeros meses de vida, desde el sueño y el llanto hasta la sobreinformación y el cuidado de quienes cuidan. Una mirada que apuesta por desterrar la culpa y las expectativas irreales y recuerda que educar también es una forma de cuidar. Pedro Camacho reivindica una crianza sin culpa Una crianza sin culpa: el miedo a equivocarse Pregunta.- Después de más de 28 años acompañando a bebés y familias, ¿en qué momento te diste cuenta de que muchas de sus dudas no tenían tanto que ver con el bebé como con el miedo de los padres a equivocarse? Respuesta.- No hubo un momento concreto, fue algo que la experiencia me fue enseñando con los años. Una familia podía venir porque su bebé lloraba mucho, dormía poco o comía de una determinada manera, pero detrás de muchas de esas preguntas siempre aparecía otra mucho más profunda: “¿Lo estamos haciendo bien?”. Y acabas entendiendo que muchas veces no estás resolviendo únicamente una duda sobre el bebé, sino el miedo de unos padres a no saber cuidarlo. Ahí la enfermería tiene un papel enorme: observar, detectar cuándo existe un problema, pero también explicar la normalidad y dar herramientas para que la familia gane seguridad y autonomía. Con los años he aprendido algo que para mí resume muy bien nuestra profesión: educar también es cuidar. P.- El título, Mi único plan es quererte, transmite una idea muy emocional. ¿Qué significa para ti ese “plan” cuando hablamos de criar? R.- Podemos preparar la habitación, leer libros, hacer cursos y tener clarísimo cómo queremos criar… hasta que llega nuestro bebé y pone muchos de esos planes patas arriba. Mi único plan es quererte nace precisamente de ahí. De entender que criar no consiste en seguir un guion perfecto, sino en conocer al bebé que tienes delante, aprender a interpretar lo que necesita y adaptarte también tú por el camino. Porque al final muchos de los planes que habíamos hecho cambiarán, pero hay uno que debería permanecer siempre: querer a tu bebé y conseguir que él se sienta querido, cuidado y seguro. Y querer no significa acertar siempre. Significa estar, observar, cuidar, equivocarse alguna vez, rectificar y pedir ayuda cuando hace falta. La crianza real tiene mucho menos de perfección y mucho más de adaptación. Y quizá, al final, ese sea el único plan que de verdad importa. P.- ¿Qué te habría gustado que alguien te hubiera explicado a ti cuando empezaste a trabajar con bebés y que hoy consideras fundamental? R.- Que no todo lo que preocupa a unos padres necesita ser corregido. Cuando empiezas como profesional tienes muchas ganas de encontrar una explicación y una solución para todo. Con el tiempo aprendes que conocer bien la patología es fundamental, pero conocer igual de bien la normalidad también es una competencia clínica. Un bebé puede despertarse muchísimo, necesitar mucho contacto, hacer tomas frecuentes o pasar etapas en las que llora más sin que necesariamente exista una enfermedad. La experiencia te enseña algo muy importante: saber cuándo intervenir, pero también cuándo observar, explicar y acompañar. A veces una buena explicación evita pruebas, tratamientos innecesarios y, sobre todo, muchísima angustia. Preguntas y dudas más frecuentes P.- El libro ya va por la segunda edición. ¿Qué preguntas te siguen llegando una y otra vez después de publicar el libro? R.- Curiosamente, siguen siendo las grandes preguntas que llevo escuchando durante casi tres décadas: “¿Por qué llora tanto?”, “¿estará comiendo suficiente?”, “¿por qué se despierta tantas veces?”, “¿esto es normal?” o “¿cuándo debería preocuparme?”. Eso me confirma algo: las familias tienen más información que nunca, pero no necesariamente más tranquilidad. Muchas veces saben muchas cosas, pero les falta lo esencial: entender qué está ocurriendo y saber qué hacer después. Precisamente por eso quise que Mi único plan es quererte no fuera únicamente un libro para leer. Está diseñado para guiar a la familia: ayudarla a entender qué puede estar pasando, conducirla hasta la información que necesita y ofrecerle soluciones y herramientas concretas para actuar. Si quiere profundizar, puede hacerlo, pero si son las tres de la mañana y necesita una respuesta, también tiene tablas y recursos de actuación rápida. Y al final de cada capítulo hay una Zona QR exclusiva que se va ampliando y actualizando, con vídeos, checklists, recursos prácticos, planes de actuación y contenidos con otros profesionales. Por eso me gusta decir que es un libro “infinito”: no termina en la última página, sino que puede seguir creciendo y acompañando a las familias después de haberlo comprado. P.- Hablas de cuidar “sin culpa y con calma”. ¿Por qué parece tan difícil criar sin sentir que estamos haciendo algo mal? ¿Qué señales deberían hacer que unos padres consulten con un profesional y cuáles forman parte de la normalidad de los primeros meses? R.- Porque hoy la crianza está sometida a una especie de evaluación permanente. Parece que el bebé debería dormir de una determinada manera, comer una cantidad concreta, llorar poco y alcanzar cada hito exactamente cuando toca. Y cuando el bebé real no coincide con ese bebé ideal, aparecen rápidamente las dudas y la culpa. Durante los primeros meses pueden ser completamente normales los despertares frecuentes, las tomas repetidas, la necesidad de mucho contacto, cierta irregularidad en los ritmos o periodos de mayor llanto. Otra cosa son las señales que requieren valoración: fiebre en un menor de tres meses, dificultad respiratoria, decaimiento importante, rechazo persistente del alimento, signos de deshidratación, vómitos repetidos o un cambio llamativo en su estado general. Además, añadiría algo que para mí es muy importante: si unos padres sienten que su bebé “no está como siempre”, hay que escucharlos. Quien convive con él cada día muchas veces percibe los cambios antes incluso de saber explicarlos. Uno de los objetivos del libro es precisamente enseñar esa frontera: qué puede entrar dentro de la normalidad, qué puedo hacer en casa y cuándo es el momento de consultar. “Consejos universales” y expectativas irreales P.- ¿Hay algún consejo sobre crianza que se haya convertido en una norma casi universal y que, sin embargo, deberíamos cuestionarnos? R.- Probablemente uno de los más repetidos sea: “No lo cojas tanto, que se acostumbra”. Es una frase que ha generado muchísima culpa. Un bebé pequeño no está diseñando una estrategia para conseguir brazos ni manipulando a sus padres. El contacto, el consuelo y la presencia del adulto forman parte de sus necesidades de regulación y seguridad. Otra cuestión distinta es que cuidar a un bebé que necesita muchísimo contacto pueda resultar agotador y haya que buscar fórmulas para repartir esa carga. Pero el problema no es haberle dado demasiados brazos. A veces hemos querido hacer adultos demasiado pronto a bebés que todavía necesitan comportarse como bebés. P.- El sueño es probablemente uno de los grandes temas de los primeros meses. ¿Qué expectativas irreales tenemos sobre cómo debería dormir un bebé? R.- La principal es esperar que un bebé duerma como un adulto mucho antes de estar preparado para hacerlo. El sueño infantil es un proceso madurativo. Los bebés tienen ciclos diferentes, necesitan alimentarse con frecuencia y los despertares forman parte de los primeros meses. Sin embargo, hemos convertido el “¿ya duerme toda la noche?” casi en una medida de si el bebé o los padres lo están haciendo bien. Podemos ayudar muchísimo: trabajar rutinas, reconocer las señales de sueño, cuidar el ambiente y favorecer hábitos saludables. Pero también tenemos que explicar a las familias que hay una parte que depende de la maduración y no de haber encontrado el método perfecto. Normalizar los despertares tampoco significa resignarse al agotamiento. Significa tener expectativas realistas y, desde ahí, buscar soluciones que mejoren el descanso de toda la familia. Cuidar a quien cuida P.- Una de las ideas del libro es que cuidar al bebé también implica cuidar a quien cuida. ¿Por qué esta parte sigue quedando tantas veces en segundo plano? R.- Porque cuando nace un bebé ocurre algo muy curioso: todo el mundo pregunta por él. Si come, cuánto pesa, cómo duerme, si tiene gases… y muchas veces dejamos de formular una pregunta tremendamente sencilla: “¿Y tú cómo estás?”. Esa madre puede estar recuperándose de un parto o una cesárea, durmiendo a intervalos, atravesando cambios físicos y emocionales enormes y sintiendo además que tiene que poder con todo. Por eso una de las ideas centrales de Mi único plan es quererte es que no podemos hablar de cuidado integral del bebé dejando fuera a la persona que lo está cuidando. Cuidar a la madre no compite con cuidar al bebé, forma parte del mismo cuidado. Y creo que también desde la enfermería debemos incorporar cada vez más esa mirada. P.- ¿Qué papel juega la pareja, la familia o la red de apoyo en esos primeros meses y qué ocurre cuando esa red no existe? R.- Es fundamental, pero creo que incluso deberíamos revisar lo que entendemos por “ayudar”. Ayudar no es coger al bebé diez minutos mientras la madre pone una lavadora. Ayudar es quitar carga: preparar una comida, encargarse de una tarea, proteger un rato de descanso, escuchar sin juzgar o preguntar “¿qué necesitas?” en lugar de llegar con diez consejos. Cuando esa red no existe, la crianza puede hacerse tremendamente dura. Hay familias que están cuidando prácticamente solas durante semanas o meses, y el cansancio físico y la carga mental se multiplican. Ahí también tenemos una responsabilidad como profesionales. En una consulta no deberíamos interesarnos únicamente por cómo está el bebé. A veces una de las preguntas más importantes que podemos hacer es: “¿Quién os está cuidando a vosotros?” Desinformación y bulos P.- En un momento en el que hay una cantidad enorme de información sobre crianza, ¿cómo aprende una familia a distinguir evidencia científica de opinión? ¿Qué bulos o consejos sin fundamento encuentras con más frecuencia en consulta? R.- Yo les propongo un filtro bastante sencillo: preguntarse quién está dando esa información, qué formación tiene, en qué fuentes se apoya y si coincide con las recomendaciones de organismos y sociedades científicas de referencia. También hay que aprender a diferenciar experiencia de evidencia. Una experiencia personal puede ser completamente válida, pero no convierte una recomendación en una verdad científica aplicable a todos los bebés. Desconfiaría especialmente de los mensajes absolutos: “esto funciona siempre”, “todos los bebés necesitan esto” o “con este método dormirá toda la noche”. Seguimos encontrando mitos muy arraigados: que coger mucho a un bebé lo malcría, que hay que obligarle a terminar el biberón, que todos deberían dormir toda la noche a determinada edad o que detrás de cualquier llanto tiene que existir necesariamente un problema digestivo que tratar. Las redes sociales son una herramienta extraordinaria para hacer educación sanitaria, pero la misma velocidad con la que circula una buena información sirve también para difundir un bulo. Por eso creo que los profesionales de enfermería tenemos una gran responsabilidad: no competir por hacer más ruido, sino convertirnos en referentes de información rigurosa, comprensible y útil. P.- Si pudieras eliminar una sola presión de la maternidad y la paternidad actuales, ¿cuál eliminarías? R.- La sensación de que existe una única manera correcta de criar y que, además, estamos siendo evaluados continuamente. Veo padres tremendamente implicados que dudan de prácticamente cada decisión: si lo cogen demasiado, si duerme poco, si come suficiente, si deberían estimularlo más o si el bebé de otra familia va “mejor” que el suyo. Me gustaría quitarles esa comparación constante. Criar no consiste en encadenar decisiones perfectas, sino en conocer a tu hijo, responder a sus necesidades, aprender, adaptarte y pedir ayuda cuando haga falta. Si pudiera dejarles una sola idea sería esta: vuestro hijo no necesita que acertéis siempre; necesita crecer sintiéndose querido, cuidado y seguro. crianza, enfermería, Mi único plan es quererte, Neonatología, Pediatría