Cuando te sientes impotente

Jueves, 5 de septiembre de 2019

Soy una enfermera, a estas alturas ya, con mucha experiencia. Trabajo en la misma planta de hospitalización desde hace unos quince años. Siempre me habían interesado los aspectos éticos de la Atención Sanitaria, pero hasta ahora nunca había sentido que solo con el interés no era suficiente, que con eso no se ayuda a que los pacientes logren hacer efectivo el derecho a su autonomía personal. Recientemente nos llegó una mujer que me ha marcado profundamente. Era mi paciente y no supe ayudarla.

Se trataba de una mujer de 84 años que ingresó con una fractura de cadera. Vivía sola y era independiente para las actividades de la vida diaria. Como antecedentes tenía un cáncer de recto ya operado que había recidivado y, ante los problemas de toxicidad con la quimioterapia, la paciente había decidido no seguir con el tratamiento. Lo había hablado con su oncólogo que le explicó la evolución de la enfermedad y era plenamente consciente de la decisión que tomaba. Tenía muy claro que ya no quería medidas extraordinarias en esa etapa avanzada de su vida. Pero se había roto la cadera y tuvo que ser ingresada en el hospital, y ahí termina la mayoría de las veces la capacidad de decisión de los pacientes. Eso fue lo que le pasó a ella.

Al empezar con el preoperatorio para resolver la fractura de la cadera, enseguida fue evidente que tenía alterada la función renal y que no orinaba lo debido. Se le instauró una sonda vesical para su control y una ecografía evidenció una hidronefrosis bilateral. Muy a pesar de la paciente, terminó dando su consentimiento y de urgencia le colocaron unos catéteres doble J bilaterales salvando las obstrucciones y otros de nefrostomía también bilaterales.

Cuando la vi al día siguiente por la mañana, lo primero que me dijo fue que la explicara lo que eran los cuidados paliativos y cómo acceder a ellos. Se lo expliqué lo mejor que supe, asegurándole que la íbamos a ayudar. Durante la visita médica intenté hablar con el traumatólogo, pero tras explorar a la paciente y ante la sospecha de un íleo paralítico, decidió consultar con el servicio de Cirugía General. A la paciente no la sorprendió, su oncólogo le había explicado que eso le podía pasar muy probablemente. Decidieron dejarla a dieta absoluta pautando un ciclo de sueros. Durante la tarde, los cirujanos obtuvieron el consentimiento de la paciente, de nuevo insistiendo mucho, para realizar una colostomía de descarga y colocar una sonda nasogástrica (SNG).

A la mañana siguiente me la encontré enfadada. No nos quería hablar salvo para pedir agua. Aunque en los días siguientes pareció mejorar un poco, lo suficiente para cerrar la SNG e iniciar la tolerancia con agua; finalmente durante el fin de semana falleció.

Aún hoy sigo sintiéndome mal por no haber sido capaz de ayudarla. Por no haber peleado para que se respetaran los deseos de la paciente, por formar parte de un sistema que no se siente cómodo con la idea de los cuidados mínimos. Nunca había tenido una paciente con las ideas tan claras y a la que se le hubiera hecho menos caso.

A partir de ese día empecé a darle vueltas sobre cómo conseguir ayudar a mis pacientes. Por lo pronto he decidido solicitar formar parte del Comité de Ética de mi hospital. A ver si lo logro y así, con más conocimientos y habilidades, poder ser más útil la próxima vez.

González Arechavala MJ. Cuando te sientes impotente. Metas Enferm jun 2019; 22(5):80

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2 Respuestas a “Cuando te sientes impotente”

  1. Como enfermera que soy, entiendo perfectamente como te sientes. Pero somos eso: ENFERMERAS y, nuestra opinión, ante los doctores y el macrosistema poco o nada se tiene en cuenta.
    Has hecho lo que has podido.

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