Cuatro relatos breves para trabajar competencias interpersonales y de comunicación

Jueves, 1 de julio de 2021

Mi mirada opaca, tu mirada escampada

Huérfano, pero con una gran vitalidad enraizada en su frágil existencia y maximizando los recursos inmunológicos que generosamente su madre, ya finada, le prendió como ofrenda, Shami, ávido de amparo, se enganchaba fuerte y nervudo a mi cuello plástico y artificial, mientras mi nublada casi opaca mirada rebosante de agua salina, que bien podría ser sudor o lágrimas, no me deja ver sus ojos.

© iStock

No puedo retirarme las gafas protectoras para limpiarme, sigo sin poder verte; los guantes no me permiten acariciarte sintiendo tu piel y haciendo que sientas mi tacto cuidador; la mascarilla me niega el poder besarte con mis labios ni darte calor con mi aliento; no tengo licencia para emitir ni una sola palabra que, aunque parca, te ampare porque apenas me queda energía para tratar de evitar sincoparme; sin embargo, puedo imaginar tus ojos escampados, tu leal mirada, la suavidad de tu piel y los versos de la nana que te canto con el latido de mi corazón.

Encuentros desencontrados

Me presento en tu habitación espléndida y suntuosa dispuesta a dar respuesta a tus necesidades que, anticipo, manejaré con destreza.
Te espero en la cama postrado y expectante ante tu intervención, desvalido de experiencia y falto de iniciativa alguna, sin otra alternativa que depositar en ti mi confianza.

El acto transcurre sin más preámbulos, frío, profundamente técnico y desamparado de calor humano, sin objetivos tangentes, acelerado y vacuo.
Me despido precipitadamente de ti y salgo de la habitación habiendo apenas acertado a canalizar la escurridiza vena que, como tú, me evita y desacredita mi valía.

Desde la cama contemplo cómo te alejas al mismo tiempo que me encierro en mi mismidad para perecer agónico mientras, en silencio, te reclamo a gritos.

Reunión de estatuas

(Madre)
“Mi pétrea y gélida niña,
cuánta luz proyectan tus ojos cerrados,
cuántas sonrisas me lanzan tus labios sellados,
cuántas historias me narra tu voz apagada”.

(Hija)
“Ahora, madre, agotada, permaneces inmóvil,
descanso un minuto para dar tregua a una tarea cuidadora infinita.
Abandono, presta, la solitud de mi inconsciencia para llegar a ti,
y habitar tu sueño abonando tu resiliencia”.

(Enfermera)
“Permanezco paralizada al lado de la cama
sin saber cómo dar movimiento a mi cuerpo bloqueado,
enmudecida mientras escucho, absorta,
esta, vuestra melodiosa conversación”.

(Espectador)
“Reunión de estatuas vivas,
comunión de almas en danza,
esencia regalada para el enriquecimiento,
inspiración para el crecimiento y el cuidado espiritual”.

Embestidas

La noticia me espetó hiriente, salvaje, desgarradora.

Quisiera, al menos, haber tenido la oportunidad de tomar parte activa de la misma, pero se me fue impuesta, sin preparación alguna, cual gravamen.

Me siento ajena a una realidad que, sin embargo, se empasta en cada uno de mis poros asfixiándome y me siento ahogar. No puedo respirar y percibo cómo la angustia se amarra a mis entrañas llevándose mi ser. Me siento enloquecer. El dolor me embriaga y el llanto me anega. ¿Por qué me llegas así?, ¿quién pensó que este era el mejor modo?, ¿ignoraste si estaba preparada?, ¿te preguntaste hasta dónde quería saber? Y ahora que estás conmigo, ¿quién me soporta y me sana de tu embestida?
Las siluetas blancas se alejan ahora ligeras de carga hacia sus refugios y yo sola en este cubículo de asientos vacíos, fresquera de afecto, espero concesión para pasar a verte.

Desvanecida, apenas soy consciente del calor de la enfermera que soporta mi peso en sus delgados pero fornidos brazos. Su voz afable y su cálido aliento me saben a caramelo en contraste con mi sentida amargura… su atenta y humilde disposición, su presencia cercana me aleja del encierro y me expando en gritos y llanto que fluyen ahora sin censura.
Fuera, el impetuoso aguacero proyecta su ira contra el cristal. Huele a otoño.

González-Gil T. Cuatro relatos breves para trabajar competencias interpersonales y de comunicación. Metas Enferm abr 2021; 24(3):79-80

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