El impacto del COVID-19 durante el embarazo y el puerperio: visión enfermera

Miércoles, 22 de julio de 2020

La revista Metas de Enfermería publicó, el pasado mes de junio, un artículo titulado “Enfermedad infecciosa por coronavirus (COVID-19) en la mujer embarazada y el neonato: impacto clínico y recomendaciones”, de Carmen Serna, Víctor Moreno, Miren González y José Manuel Cruz, enfermeros especialistas en obstetricia y ginecología de los hospitales Ernest Lluch Martín y Lozano Blesa, de Zaragoza, y Universitario de Basurto, en Bilbao, una revisión bibliográfica sobre la literatura científica disponible a este respecto. Una de sus autores, Serna, nos atiende para hablar de su estudio y sobre la participación enfermera en la investigación científica sobre esta especialidad.

Pregunta: Háblenos de su artículo. ¿Qué les impulsó a escribirlo?

Respuesta: La necesidad de investigar acerca de la COVID-19 surge en un momento especialmente vulnerable en la situación sanitaria del país. Nos encontrábamos en plena pandemia, con un número de contagios en alza, muchos datos ambiguos e instrucciones contradictorias. Como matronas, veíamos que nuestra práctica profesional variaba diariamente en función de los protocolos que iban saliendo, y que los procedimientos que llevábamos a cabo un día cambiaban al día siguiente.

Este vaivén de prácticas y decisiones afectaba a las mujeres y limitaba sus opciones durante su parto y su estancia en el hospital. Sentíamos que necesitábamos un poco más de coherencia y entendimos que la mejor manera de conseguirlo era investigando por nuestra cuenta. Lo que inicialmente comenzó como una autoinstrucción acabó dando lugar a la recopilación de mucha información que pensamos que podría ser muy valiosa y relevante para muchos otros profesionales. En ese momento es cuando decidimos intentar publicarlo.

P.: De acuerdo con la literatura científica revisada, y de forma general, ¿qué impacto tiene el COVID-19 en el embarazo y el puerperio y en los recién nacidos?

R.: Los primeros datos que tenemos al respecto parecen indicar que las embarazadas no se encuentran entre los grupos más vulnerables de padecer la enfermedad por COVID-19. Esto quiere decir que a pesar de que ha habido casos de mujeres infectadas de gravedad, la mayoría de gestantes con la COVID-19 han padecido síntomas leves con una evolución bastante favorable.

En el momento en el que publicamos el artículo (mes de junio; la entrevista se completó el día 20 de julio), no existía evidencia de transmisión vertical del virus SARS-CoV-2 entre una madre y su bebé. Esto quiere decir que, en la mayoría de los casos estudiados, no se habían encontrado restos del virus ni en la placenta, ni en el líquido amniótico, ni en la leche materna. Sin embargo, poco tiempo después, el Royal College of Obstetricians de Reino Unido sacó a la luz evidencia que sugería que la transmisión vertical era plausible y, más recientemente, han ido apareciendo casos individuales de recién nacidos, alguno en hospitales españoles, que han sido infectados por la vía transplacentaria.

Con todo, la lactancia materna no está contraindicada, sino que se recomienda y se promueve siempre y cuando la condición materna lo permita. Hemos de recordar que hasta que la evidencia sea más clara y concluyente, la leche materna es una potente barrera inmunitaria frente a todo tipo de patógenos infecciosos y, por tanto, cumple un papel privilegiado en medio de una pandemia como la que estamos viviendo.

Se ha demostrado que la manera más probable de transmisión del virus entre una madre y su bebé es la transmisión horizontal, es decir, a través del contacto cercano y las gotas respiratorias. Así que, aunque la promoción de la lactancia es importantísima, debe ser llevada a cabo con una rigurosa higiene de manos y zonas de contacto y usando mascarilla durante la alimentación y el cuidado del bebé.

P.: Según su experiencia con esta revisión bibliográfica, ¿en qué punto se encuentra la investigación científica en este aspecto?

R.: A pesar de todos los esfuerzos que se están haciendo, todavía nos queda mucha información por recopilar y muchos interrogantes por esclarecer. Aún se desconocen algunos aspectos del comportamiento del virus en el cuerpo humano, y de su impacto a largo plazo en los organismos infectados. Además, si nos centramos en grupos más específicos como las gestantes la cosa se complica, pues el desarrollo de la gestación transforma el organismo y altera la mayoría de funciones fisiológicas, y, por tanto, el impacto del virus podría ser completamente diferente respecto a los adultos no gestantes. Por eso, aún tenemos mucho camino que recorrer y mucha investigación pendiente de realizar.

P.: En las conclusiones del artículo señalan la falta de evidencia científica al respecto de este tema, ¿a qué cree que se debe este factor?

R.: La falta de evidencia científica respecto a la COVID-19 tiene un origen multifactorial. Por un lado, nos encontramos frente a un virus completamente nuevo del que no poseíamos ningún tipo de dato epidemiológico previo. El SARS-CoV-2 se ha propagado con tal rapidez que ha supuesto una amenaza para la salud pública mundial y ha colapsado los sistemas sanitarios de numerosos países. Ni el Gobierno de España ni casi ningún otro estaban preparados para una emergencia de estas características. Los estudios de investigación requieren tiempo y una buena gestión, y esto es precisamente lo que este virus no nos ha proporcionado. Si, además, la investigación se quiere realizar con embarazadas, existen cuestiones éticas básicas que hacen que esta labor sea incluso más compleja.

Por otro lado, pero no menos importante, está el tema de la precarización de los investigadores españoles. Creo que esta situación ha puesto en evidencia la falta de recursos que se destina a un área tan esencial como es la investigación. Los presupuestos que se dedican a los investigadores no corresponden a la capacidad de investigación que existe en España, ya que tenemos personal altamente cualificado que desgraciadamente se sostiene con becas y subvenciones y carece de un apoyo estable institucional.

P.: Desde su punto de vista, ¿cómo se podrían incentivar los estudios científicos orientados a este ámbito?

R.: Respecto a esta pregunta, me centraré en el ámbito que me compete a mí particularmente, como matrona que trabaja en la práctica asistencial y que no se dedica a la investigación exclusiva y de manera profesional. Considero que la investigación continua debería ser una parte primordial de nuestro trabajo asistencial, y que es nuestro deber actualizarnos y reciclar nuestros conocimientos con base en la última evidencia científica disponible, de manera que podamos adaptar nuestra práctica y mejorar profesionalmente.

Sin embargo, igual de importante es que la administración se asegure de que sus trabajadores realicen esta tarea, por lo tanto, considero que la formación de los profesionales es indispensable para poder capacitarlos en la tarea de investigar. Así mismo, la facilitación de días de jornada laboral que pudieran ser dedicados a la investigación, la creación de espacios de investigación accesibles en el propio lugar de trabajo, el acceso a bases de datos fiables subvencionadas por la propia institución, la organización de reuniones clínicas donde se puedan compartir o exponer actualizaciones para la práctica clínica y, por último, el incentivo económico como elemento motivacional para la dedicación que esta tarea requiere.

P.: Por otro lado, ¿cómo es la participación enfermera en la evidencia existente?

R.: La participación enfermera es, desgraciadamente, escasa. Puntualmente las enfermeras continúan sus estudios de diplomatura o de grado y realizan un máster y un doctorado con el objetivo de dedicarse íntegramente a la docencia o a la investigación. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, al acabar la universidad, se dedican a la práctica asistencial y, a pesar de realizar formación continuada a lo largo de su carrera profesional, los cursos de investigación no tienen el valor ni la calidad necesarios que merecen estos profesionales. Además, los factores arriba enumerados son una pieza clave para desestimar la investigación en nuestra práctica diaria.

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