El menú de la guardia

Miércoles, 15 de enero de 2020

En 2012 hubo recortes en sanidad. Muchos. Y afectaron a muchos trabajadores en muchos temas. Uno de ellos fue la manutención. La dieta que te daban por pasar en el trabajo 12 o más horas. Lógico. Comías, cenabas e incluso, a veces, también desayunabas allí.

Con los recortes se acabaron las dietas. Más bien, pasamos a estar a dieta los que hacíamos guardias. Y fuimos a trabajar con la fiambrera, la bolsa de la comida, el bocata o visitábamos el bar más próximo. Al principio todo eran quejas pero después, como siempre, nos adaptamos a todo.

Por fin en 2019 parece que fuimos recuperando algo de lo perdido. Parece que había dinero y que la intención era volver a darnos de comer en las guardias. Y lo hacían a través del contrato con una empresa externa. Pero con todos mis respetos, ¿no hubiera sido más fácil darnos una retribución, aunque fuera humilde? Porque desde entonces esto es un caos.

La empresa te comunica que hay que pedir la dieta a través de una aplicación, y con no sé cuántos días de antelación y que si cambias la guardia te comes lo que pidió el que estaba. En fin, que el contrato está firmado y solo queda comernos lo pactado.

Y, ¡oh!, ¡sorpresa! ¡Vaya dieta! Nada tiene que ver con lo que recomendamos en las consultas. Por favor, escondedlo que no lo vean los pacientes. ¡Vaya ejemplo! Abrimos la aplicación, parece que es variado… Primeros, segundos (carnes y pescados), postres varios y pan (cuatro tipos).

Lo traen en un frigorífico y han comprado neveras nuevas para cada centro. El envase no es reciclable. El menú, a primera vista, de cantidad parece escaso (seguimos a dieta). Cuando lo abres, aún peor. ¡No tiene desperdicio! O mejor dicho, ¡es todo desperdicio! ¿Y qué hacemos? Si todo está firmado y no se puede cambiar…

Ah, queda la opción de pedir menú precocinado, muy variado; todo salsas y salado. Elijas uno u otro llevan todos los aditivos, conservantes y colorantes del mercado… No parece faltar ninguno de los que no recomendamos. Nos queda el postre. Comer al menos algo. Pues siempre es yogur. Existe la opción de fruta, pero no llega ni una en buen estado.
Y el pan, siempre duro. Claro, si se pide con tanta antelación, normal que no llegue reciente. Miras la fecha… ¡Caducado!

Imagen de uno de los menús | Enfermera de trinchera

Y se me olvidaba contaros…. Todas o casi todas las comidas llevan sorpresa. ¡Como en el roscón de Reyes! Pero a veces vivos. Gusanitos inesperados, moho, bichitos en plena actividad. No tienes más que fijarte un poquito. Se ven a simple vista. Quizá tu menú es de los que llevan inquilinos. Total, que si quieres comer algo, no tires la fiambrera, mantén las antiguas costumbres.

Así comemos los sanitarios de guardia. ¿Para enfermar? No, gracias.

Y todo el mundo enfadado, saliendo en prensa y denunciando en Facebook, en Twitter, en la tele, en la radio, en el periódico… ¡Pero si hasta los gusanitos se han hecho famosos! Y la administración disculpándose, «que el contrato está firmado». Y la empresa pidiendo perdones «que ha habido algunas incidencias pero que lo estamos intentando arreglar», y suma y sigue. ¿Por qué? Porque se habilitó un correo de reclamaciones y dicen gerencia y empresa que se han recibido muy pocas notificaciones.

Entonces es que Twitter, Facebook, el periódico, la radio, el pasillo y la tele no son lugares para reclamar, o no son suficientes o el correo de reclamaciones no admite todas las que se dice que se han enviado o deberían haber llegado.

Y como siempre, llega un momento en que la gente tolera, se cansa o se adapta, eso sí, sin dejar de quejarse donde no llega la queja, donde no se cambia nada.

Sonia Palencia – Enfermera de trinchera

Para consultar la publicación original, se puede seguir este enlace.

alimentación saludable, comida, dieta, Guardia enfermera, menú, sanidad

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*