Ser enfermera cooperante: vocación, límites y resiliencia

Martes, 16 de diciembre de 2025

por Reyes Pesqueira Puyol

Nunca he sabido muy bien cuándo empecé a confundir la vocación con la resistencia física. Creo que fue en alguna misión donde todo parecía urgente, yo era más joven y la palabra límite me sonaba a fallo personal. Recuerdo que llegué a creer que descansar era casi una falta de respeto hacia el equipo local, y que decir no puedo más era algo que solo le pasaba a la gente débil. Yo, que iba de fuerte.

Con el tiempo, y sobre todo con las curvas emocionales de muchas misiones, he ido desmontando esa idea romanticona de que las/os enfermeras/os cooperantes debemos poder con todo. No, no siempre podemos, y admitirlo no te quita vocación: te la devuelve. Pero este aprendizaje no me lo enseñó ninguna formación, sino esas situaciones en terreno que te ponen delante de ti misma, sin manual y sin filtro.

La vocación también se cansa. Copy Freepik

La vocación también se cansa

Nunca lo había dicho en voz alta, pero hubo misiones donde me levantaba ya cansada. No de la población, no del equipo, sino de mí misma. De mis expectativas, de mi tozudez, de ese tengo que que tantas veces se nos mete dentro y nos va apretando por dentro como un zapato pequeño.

La vocación no desaparece. Solo se agota cuando la exprimimos sin tregua.
Y en cooperación eso pasa rápido si no aprendemos a respirar un poco más lento que el caos.

El límite que nunca ponía.

Yo era de las que decía:
– No te preocupes, yo lo hago.
– Ya, ya lo cubro yo.
– Venga, un ratito más.
– Bueno, total, es por la población.

El problema es que detrás de cada yo lo hago había una renuncia pequeña: a comer caliente, a dormir, a pensar con claridad, a dedicarme diez minutos. Y esas renuncias no vienen solas: vienen en cadena. Cuando quieres darte cuenta, ya no sabes dónde está tu frontera.

Mi límite real empezó cuando aprendí a decir con calma: “Ahora mismo no puedo. Busquemos otra opción”.

No me he vuelto menos vocacional por eso. Al contrario,
he vuelto a disfrutar la cooperación sin sentir que me la estaba jugando emocionalmente cada día.

Lo que a mí me ha sostenido (y lo que no)

No voy a dar consejos en plan gurú, que bastante ruido hay ya en el sector. Solo comparto lo que, a mí, me ha salvado más de una vez:

1. Dormir como acto de rebeldía.
Porque en terreno siempre hay algo pendiente… hasta que decides que ese algo puede esperar a mañana. Mi yo joven necesitaba escucharlo.

2. Pedir ayuda sin sentir que pierdo autoridad.
Gran aprendizaje. Mi liderazgo no se rompió al pedir apoyo. Se fortaleció.
La autosuficiencia absoluta es una fantasía muy cara.

3. Dejar de intentar “quedar bien” con el mundo.
Mis límites no son un capricho. Son mi herramienta de supervivencia profesional.

4. Perdonarme cuando no llego a todo.
Hay días donde no soy brillante. Pues bienvenidos sean. La excelencia continua es una estrategia preciosa para estrellarse rápido.

La resiliencia de verdad no es aguantar: es ajustar

Resiliencia no es poner buena cara ni ser fuerte.
Para mí, resiliencia es cuando, después de una jornada dura, te sientas, respiras, y te permites sentir lo que sea que te haya removido. Sin juicio. Con honestidad.

La resiliencia nace cuando te escuchas y cuando no fuerzas la maquinaria.
Yo he sido más resiliente cuando he sabido parar, no cuando he seguido sin pensar.

La frase que no me gustaba… hasta que me salvó: “La entrega sin autocuidado no es vocación, es desgaste.”

Durante años me hubiera molestado leerla. Ahora me la repito como quien se toma una medicina preventiva. La cooperación me ha dado algunos de los momentos más hermosos de mi vida, pero también me ha puesto delante de mis sombras. Y la diferencia entre seguir adelante o quemarte está, para mí, en algo muy sencillo: cómo te tratas mientras cuidas a los demás.

No podemos controlar el contexto, ni las crisis, ni las urgencias.
Pero sí podemos decidir cómo nos acompañamos a nosotras mismas en ese proceso.

Yo sigo eligiendo esta profesión porque me llena, porque me conecta, porque todavía me emociona. Pero ahora la elijo con cabeza, no solo con corazón. Y eso, créeme, ha cambiado todo.

Cierro la mochila por hoy, concluyendo que…

No sé si este texto servirá a alguien. Ojalá.
Pero si no, al menos me sirve a mí para recordar por qué sigo aquí: porque descubrí que la vocación es fuerte, sí, pero no invencible. Y que los límites no la apagan: la protegen.

En esta etapa de mi vida, lo que quiero es seguir, pero seguir bien.
Con ilusión, con salud mental y con esa mezcla de humor y humildad que nos salva siempre, incluso en las misiones más improbables.

Porque entregarse sin perderte… eso sí ES VOCACIÓN.

Querido lector/a, si quieres compartir tus comentarios, no dudes en exponerlos; estaré encantada de leerlos e intercambiar opiniones. Muchas gracias por tu atención.

Reflexiona, comparte y actúa: la cooperación se transforma con decisiones pequeñas pero valientes.

cooperación, enfermera cooperante, resiliencia, vocación enfermera

Acerca de Reyes Pesqueira Puyol

Reyes Pesqueira Puyol es enfermera y trabajadora social cooperante desde 1998 hasta la actualidad. Ha trabajado en distintas organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF), FUDEN, Enfermeras para el Mundo, SETEM y Acción Contra el Hambre, en países de África, América Latina y Asia. Docente en cooperación internacional y fundadora de La Mochila Cooperante, (www.lamochilacooperante.com), combina su labor de terreno con la formación de nuevos profesionales en acción humanitaria. Autora del libro 20 años cooperando por el mundo: testimonio de voces silenciadas (2024).