“Libros que salvan vidas”, la historia de la enfermera que impulsó la biblioteca del Hospital de IFEMA

Martes, 8 de diciembre de 2020

Ana María Ruiz es enfermera en el SUMMA 112 y fue una de las principales impulsoras de la biblioteca del hospital de campaña de IFEMA. Cuando cerró el centro, decidió plasmar sus experiencias en un Libros que salvan vidas. Una biblioteca de campaña en tiempos de pandemia, con el que ha ganado el Premio Feel Good™, organizado por la Fundación LaCaixa y Plataforma Editorial. Nos atiende para hablar sobre este libro y sus vivencias durante aquellos meses.

© Connie G. Santos

Pregunta: Háblenos de Libros que salvan vidas.

Respuesta: Libros que salvan vidas está basado en hechos reales. En él confluyen historias donde son muchos los protagonistas. Para mí ha sido tener la oportunidad de poner compañía, cuidados y atención en manos del lector. Ya dijo José Luis Sampedro que dejarse cuidar puede resultar la mayor ofrenda de amor para el que cuida, y yo, como enfermera, y ahora también escritora, siento que aquel que lea mi manuscrito me otorga el don de su cuidado. Los libros también cuidan, y al igual que los medicamentos, no siempre consiguen la cura pero sí el acompañamiento, a la vez que la evasión de la situación que estás viviendo.

P.: ¿Cómo se decidió a escribirlo?

R.: Tras el impulso de mucha gente que me quiere y me recomendó que escribiera aquello que estaba viviendo, me atreví a hacerlo como forma de continuidad de cuidados. ¿Cuántas veces hemos cogido un libro para relajarnos, para dejar de pensar en aquello que nos inquieta, o para distraernos? Tanto mis compañeras del club de lectura al que pertenezco, como mi pareja e hijos, y, especialmente, gracias al impulso de un primo hermano llamado Fran, me lancé a escribir mis vivencias y he de reconocer que también fue terapéutico para mí misma.

P.: ¿Cómo tomó la decisión de poner en marcha la biblioteca del Hospital de IFEMA?

R.: Los que me conocen saben de mi pasión por la lectura, y desde el primer día que empecé a trabajar en IFEMA tuve muy claro que la necesidad de libros allí era inminente. La carga asistencial era muy elevada y a los sanitarios y no sanitarios que trabajábamos allí nos faltaba tiempo extra para dedicar a la compañía, a ese ratito de charla y contacto con el paciente que tan necesario es, a ese roce de mano o minutos de desahogo charlando, pero no nos daba tiempo. Teníamos que hacer las técnicas sanitarias primero y la carga asistencial era muy grande. Esta decisión la tomé la misma primera noche del 24 de marzo en la que comienzo mis servicios en IFEMA, e inmediatamente a la mañana siguiente me pongo manos a la obra a preparar libros.

P.: ¿Qué objetivos se planteó con esta iniciativa?

R.: Dar compañía a los pacientes. También consuelo y esperanza. Aportar los innumerables beneficios que tienen los libros desde cualquier perspectiva.

P.: ¿Cuál fue la acogida de los pacientes?

R.: Maravillosa. Esta enfermedad te aísla de tal manera que no puedes estar en contacto con nadie, con familiares ni amigos que te hagan la estancia más amena en un medio hospitalario. Y esa labor la hicieron los libros.

P.: ¿Qué supuso para usted la respuesta social que tuvo la biblioteca del Hospital de IFEMA?

R.: Aún estoy abrumada por la respuesta de aquel momento, por eso también siempre me pareció buena idea escribirlo y contarlo. La ola de solidaridad no se hizo esperar, en el momento en que comunico a mis compañeros de SUMMA 112, por medio de un grupo de una red social, que he puesto un primer carro de libros a disposición de los pacientes, iniciando así la biblioteca en IFEMA, son muchos los compañeros que al día siguiente llevan grandes cantidades de libros al recinto. Además se unió a la iniciativa gente de otras instituciones como SAMUR PC, un escritor llamado José Luis Molinero, muchas manos que participaron activamente en el cuidado de la biblioteca y otras muchas que mandaron material de una manera espectacular tras mi llamada a la solidaridad por redes sociales.

P.: En el libro habla también de sus experiencias como enfermera durante aquellas semanas, ¿cómo era por dentro el Hospital de IFEMA?

R.: En el libro intento transmitirlo con todo detalle. En un primer momento se habilitó el pabellón número 5, diáfano, lleno de camas sin separación entre ellas, solo con la distancia de seguridad entre una y otra, paredes grises, oscuras, que llenamos de dibujos infantiles… Y, días más tarde, los pabellones 7 y 9, mucho más acondicionados, con paneles de separación en grupos de camas, controles de enfermería, zonas de “limpio y sucio”, botiquín, etc. Era un hospital de campaña, no lo que todos conocemos como ambiente hospitalario pero estos dos últimos pabellones estaban mucho mejor acondicionados que el primero, que se habilitó tan rápidamente por la cantidad de pacientes que atender.

P.: ¿Qué recuerdo guarda de su labor en el Hospital de IFEMA?

R.: Muchos. Muchísimos. Pero si tengo que quedarme con uno, elijo la sonrisa de los pacientes y las arrugas en los ojos de mis compañeros generados por eso mismo, por la sonrisa.

P.: Con Libros que salvan vidas ha recibido el Premio Feel Good™, ¿qué ha supuesto para usted este reconocimiento?

R.: Ganar el premio Feel Good™ supone tener la certeza de que mi espíritu positivo y esperanzador ha llegado al jurado. Espero que llegue también de manera directa al lector, puesto que los libros salvan la distancia que hoy en día necesariamente debemos tener, pero nos acercan a otra historia, a otros lugares y con otros personajes creados por el autor. Hacen volar nuestra imaginación y nos dan cariño, consuelo, abrazo y compañía. Feel good lo dice todo, sentirse bien, y esa labor no depende solo de las personas, también es un rasgo propio de los libros. Y así lo he pretendido con el mío.

Una vez concluida la entrevista, Ana María Ruiz quiere dirigirse a los profesionales sanitarios con este mensaje:

Quiero hacer especial mención a mis compañeros sanitarios, que han sentido y sienten, como yo, el miedo, que han llorado y empapado sus dobles mascarillas escondiéndose de los pacientes para que no los vieran, pero que a la vez han (hemos) sacado fuerzas de donde no las teníamos para hacer lo imposible para que el paciente se quedara con nosotros, y a la vez por ofrecerle un gesto de cariño, compañía, un apretón de manos, un libro que lo distrajera, una videollamada desde el teléfono, etc.

Gracias, compañeros. Hoy, como todos los días de mi vida, pero más especialmente ahora os tengo muy presentes y os repito que me siento tremendamente orgullosa de pertenecer a este nuestro colectivo.

Decía don Santiago Ramón y Cajal que los libros en la biblioteca son la botica espiritual, de manera que con gusto les ofrezco esta medicina de la botica de Plataforma Editorial con la mejor de las intenciones, pues espero que mi obra Libros que salvan vidas dé alivio contra la desesperanza y la tristeza, a la vez que refugio ante la situación que estamos viviendo.

Muchas gracias, os deseo sobretodo salud. Cuidaos y dejaos cuidar.

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