Neofobia alimentaria, ¿qué hacer cuando no quieren probar alimentos nuevos?

Miércoles, 8 de enero de 2020

¿Tu hijo o hija rechaza probar alimentos nuevos y no sabes qué hacer? ¿Sabías que a ese comportamiento se le llama neofobia y se encuentra dentro de la normalidad? Hoy te explicamos qué es la neofobia y cómo actuar ante ella.

¿Qué es exactamente la neofobia alimentaria?

La neofobia es un proceso mediante el cual se evita consumir ciertos alimentos, rechazándolos por diversas causas como sabor, olor, textura, apariencia, o por su relación con una experiencia negativa anterior.

Es un comportamiento habitual y totalmente normal. Por lo tanto, no supone un problema en sí mismo, pero es importante gestionarlo bien, para evitar que el niño o la niña desarrolle aversiones en un futuro.

¿Por qué se produce la neofobia?

La neofobia no deja de ser un comportamiento instintivo, que tiene su origen en nuestra propia evolución. Es un mecanismo de defensa. Evitamos inconscientemente comer alimentos nuevos que pudieran suponer un riesgo para nosotros por ser venenosos, lo cual es frecuente entre los alimentos de origen vegetal. Si nuestro instinto no nos frenase a la hora de llevarnos algo desconocido a la boca, estaríamos en verdadero peligro en la naturaleza.

Además, nuestras papilas gustativas hacen que, de forma innata, tengamos preferencia por los sabores dulces y rechacemos aquellos alimentos con sabores amargos, ácidos o agrios, especialmente característicos de las verduras.

También es importante recordar que durante la infancia los niños y las niñas están constantemente expuestos y expuestas a nuevos sabores, olores, texturas… Ante toda esta oferta, es normal que muchos alimentos les resulten extraños o poco apetecibles.

Otra causa frecuente de neofobia es haber experimentado una experiencia negativa en el pasado, como el atragantamiento o haberse encontrado mal tras la ingesta, lo cual producirá un rechazo del alimento cuando volvemos a ofrecerlo.

¿Qué hacer ante la neofobia?

En primer lugar, es importante recordar que es un comportamiento normal, por lo que debemos tratar de mantener la calma y ser pacientes, evitando así que esta situación derive en momentos de tensión.

No obligar a comer aquello que rechaza. De esta forma solo agravaremos la situación e incluso es posible que el niño o la niña acabe rechazando más alimentos. Esto sucede porque, al presionarlo, el niño o la niña relacionará el rechazo al alimento con el enfado de sus progenitores, generando así una experiencia negativa alrededor del alimento lo cual, a su vez, generará mayor rechazo.

Ni premios, ni chantajes, ni castigos

También se desaconseja por completo chantajear (“si te lo acabas te compro…”) o premiar al niño o niña con otros alimentos (“si lo pruebas, de premio puedes comer chocolate”), ya que seguiremos generando experiencias negativas en cuanto al alimento en cuestión (si el chocolate es un premio, la verdura es un castigo). Evidentemente, tampoco se deben utilizar los alimentos como castigo (si te portas mal, te pongo brócoli de comer).

Sigue ofreciendo sin presionar

Es posible que, a priori, se produzca un rechazo. Pero en ocasiones, tras exponerlos varias veces al mismo alimento lo acaban aceptando. Pueden habituarse a él, poco a poco. En estos casos, es importante recalcar que no debemos obligar, forzar o chantajear al niño o niña para que lo pruebe.

Es fundamental tratar de generar experiencias positivas con la comida y hacerles partícipes de las elecciones que se hacen en el menú familiar.

¿Cómo generar experiencias positivas?

Llevándoles a hacer la compra. Enseñándoles en el mercado las distintas frutas y verduras para que les resulten familiares. Implicándoles en la elección de los alimentos. Participar con tareas sencillas como lavar los alimentos o añadir las especias. Este último punto es fundamental, puesto que, cuando participan en la elaboración de un alimento, es más probable que lo prueben.

¿Cómo ofrecer los alimentos?

Cómo presentemos los alimentos, puede ayudar a que no los rechace.

No es lo mismo hacer una lasaña con espinacas, que ponerles las espinacas cocidas en un plato.

Por ello, se recomienda combinar los alimentos nuevos con otros que le gusten y no ofrecerlos en grandes cantidades. En el caso de que lo rechace, se puede probar a ofrecerlo de otra forma: tal vez no le gusten las espinacas cocidas, pero sí crudas, por ejemplo.

En la medida de lo posible, trataremos de presentarlos de una forma atractiva.

Es importante cuidar el entorno cuando estamos comiendo: evitar distracciones como la televisión o móviles. Tratad de comer en familia, charlando, sin olvidar mantener la calma cuando rechaza la comida. Además, recordad que aprenden por imitación, por lo que los adultos somos su mejor ejemplo. No podemos pretender que se coman las verduras si nosotros las rechazamos, ¿no?

En 2018 se publicaba un estudio titulado “La importancia de involucrar a niños y niñas en la preparación de las comidas“, en el cual se analizaban distintos programas para reducir la neofobia alimentaria. En este estudio se señalaba que, gracias a los conocimientos adquiridos por los niños y las niñas en estos programas, conseguían “fomentar el interés y la motivación de los escolares hacia la alimentación saludable, teniendo muy en cuenta la preparación de los alimentos.”, además de reducir la neofobia alimentaria y ser eficaces en la prevención de la obesidad infantil.

No debemos olvidar que cuando se expone a los niños y niñas de forma temprana a los alimentos, esto tendrá efectos positivos a largo plazo, por lo que será un factor clave para que tengan una alimentación variada en un futuro.

Otra forma de que el niño o niña se familiarice con nuevos alimentos es mediante el juego, en el que se utilicen alimentos de plástico o de peluche o incluso cartas y libros, para que conozcan los distintos alimentos y se genere un menor rechazo inicial.

Conclusión

Finalmente, es posible que no termine aceptando todos los alimentos, pero respóndete a esta pregunta: ¿a ti te gustan todos los alimentos? ¿no rechazas ninguno? ¿Cuándo rechazas un alimento es siempre por el sabor, o también influyen el aspecto o la textura? Por último, recordar que a comer también se aprende, por lo que el probar y aceptar nuevos alimentos es un proceso, un aprendizaje y, por tanto, lleva tiempo.

Dale a tu hijo o hija el tiempo que necesite y acompáñale, con una gran dosis de paciencia.

Cristina Valiñas/ Natalia Albino- Padres Millennials

Para acceder a la publicación original haz click en este enlace.

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