No diga simulación, diga “escape room”

Martes, 18 de diciembre de 2018

En el mundo en el que nos movemos parecen importar más las palabras con las que vestimos lo que se hace que los hechos en sí. Aun en mi anarquía trato de que en este blog tenga mucha presencia la seguridad del paciente, pues es sin duda una de mis principales motivaciones y constituye parte de la identidad de la profesión en cualquier perspectiva o periodo histórico.

Hemos comentado tanto en el blog como en redes sociales que uno de los principales problemas a la hora de la educación pre y postgrado de los profesionales sanitarios en general, y de las enfermeras en particular, es la necesidad de una formación práctica que no solo comprenda las situaciones habituales con procedimientos “normales” en procesos que siguen el curso previsto, sino también con la posibilidad de “vivir” circunstancias en las que este es más difícil y la situación, excepcional.

La simulación clínica existe desde hace mucho, está documentada desde principios del siglo XX, pero sin duda ha sido la incorporación de las herramientas electrónicas la que la ha catapultado a la posición de privilegio que ahora ostenta; sobre todo en la formación pregrado. Como muestra, véase el informe de 2014 del consejo federal de juntas estatales de facultades de enfermería de EE. UU., que sitúa en un 50% el total de horas de prácticas que se podrían realizar en entornos simulados.

La simulación está aquí para quedarse

Para profundizar en el uso de la simulación como metodología de aprendizaje y adquisición de competencias en enfermería, recomiendo la tesis doctoral de María Jesús Durá Ros de 2013.

A nadie se le escapa que este tipo de entornos requiere una inversión fuerte tanto para su instalación como para mantenerlo funcionando, en material y en recursos humanos, y eso es un hándicap para los centros sanitarios, sobre todo los pequeños y no vinculados fuertemente a una universidad con grados en ciencias de la salud.

Un elemento importante en la simulación es poder comprobar los errores propios o interactuar para analizar lo ocurrido y entender los factores causantes de los errores y las barreras que nos pueden proteger, pero ¿es imprescindible la tecnología para hacerlo?

Pues no. Por ejemplo, en el Hospital de Sierrallana de Torrelavega, en Cantabria, lo han hecho replicando a su vez una experiencia del madrileño Hospital Ramón y Cajal: en una habitación “normal” se situó una cama con un “paciente” al que se podían detectar una veintena de fallos relativos a la seguridad del paciente. Una idea “barata” que permite dar uso a alguna de esas habitaciones “acordeón” que tenemos en los hospitales.

Gamifica, que algo queda

Sería largo abordar los factores que hacen que los juegos resulten idóneos a la hora de aprender; esos factores van más allá de la simple competitividad, si queréis saber algo más, recomiendo esta charla TEDex de Anna Sort (@LostNurse). En todo caso, la ludificación como parte del aprendizaje enriquece y convierte lo que podría ser una aburrida sesión sobre seguridad en una experiencia desafiante.

Y en el reto se basa una modalidad de entretenimiento que se está extendiendo como la espuma: las escape rooms, en las que un hilo argumental, generalmente del género thriller, es plasmado en una habitación real en la que los participantes, a través de una serie de pruebas de ingenio relacionadas con la trama (o no), deben conseguir salvarse.

¿Y todo junto?

Hace unos meses, en la reunión de la consultora de INVESTEN para preparar el XXII Encuentro Internacional de Investigación en Cuidados los integrantes del grupo Sueñ_On, recibimos el reto de tratar de crear una actividad que enganchara a sus participantes y les ayudase a visualizar los factores que contribuyen a la interrupción del sueño de los pacientes hospitalizados y las barreras que pueden usar.

Nació así la escape room de Sueñ_On, cuyo desafío principal era la realización de una acción o tarea de cuidados en una habitación, sin superar el umbral de 60 decibelios de ruido, medidos con la aplicación SPLnFFT en un iPhone estratégicamente colocado.

El hecho de recibir una respuesta casi inmediata sobre el cumplimiento o no del reto, y de poder intercambiar impresiones in situ con los participantes, era de gran utilidad, aunque provocaba que la espera fuese más larga de lo deseable. Por otra parte, al no establecer un ranking entre los participantes, se podría reprochar la falta del elemento competitivo; pero nuestra intención no es nunca establecer comparaciones entre profesionales o centros, sino conocer y compartir buenas prácticas en todo lo referente al descanso del paciente ingresado.

La experiencia fue muy grata y constituyó todo un aprendizaje en tiempo real, pues fuimos añadiendo elementos a nuestra habitación a medida que los participantes nos daban sus impresiones.
Esperamos poder replicarla en otros proyectos del grupo, añadiendo nuevos elementos tanto clínicos como factores que alteran el sueño y formas de evaluación de su calidad.

Xosé Manuel Meijome – Cuadernillo sanitario

Para consultar la publicación original, puede acceder al siguiente enlace.

Escape room, formación práctica, nuevas tecnologías, simulación

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