“No podemos olvidar el componente subjetivo del dolor”

Lunes, 28 de junio de 2021

Antonia Ballesteros es secretaria de la Asociación Española de Enfermeras de Anestesia, Reanimación y Terapia del Dolor (ASEEDAR-TD), representante española de The International Federation of Nurse Anesthetists (IFNA) y miembro del Grupo de investigación en cuidados, cronicidad y evidencias en salud Cures (idisBa). Nos atiende para hablar sobre las necesidades de los pacientes en terapia del dolor, de los diferentes tratamientos y del papel de las enfermeras en este ámbito.

Pregunta. De forma general, ¿cuáles son las principales labores de las enfermeras en el área de la terapia del dolor?

Respuesta. Las enfermeras en el área del dolor son capaces de integrar conocimientos y enfrentarse a la complejidad de formular juicios a partir de una información que, siendo en ocasiones incompleta o limitada, incluye reflexiones sobre las responsabilidades sociales y éticas vinculadas a la aplicación de sus competencias. Se trabaja de forma interdisciplinar, lo que supone implicación tanto en la toma de decisiones como en la asunción de responsabilidades. Identifican y analizan alteraciones de la percepción sensorial y conocen las bases generales de las diferentes tecnologías en el manejo del dolor, así como las herramientas y las técnicas de diagnóstico y tratamiento.

Desde nuestra asociación ASEEDAR-TD se comparten los estándares de competencia para enfermeras en dolor, que siguen los requisitos elaborados por IFNA, en 2012, entre los que se establece la necesidad de una formación de postgrado reglada y tutelada, tras la cual los enfermeros demuestren las competencias adquiridas, traducidas en habilidades y técnicas requeridas para una práctica competente (Peix y Pérez, 2012; Horton, Anang, Riesen, Yang & Björkelund, 2014). La variabilidad formativa, y el reconocimiento, o no, sobre la especialización de la enfermera de anestesia a escala internacional hicieron que IFNA revisase, en 2016, los estándares de dichas competencias, con la intención de establecer equivalencias en el ámbito global, aprobado por el Consejo de Representantes Nacionales (CNR), y servir, así, de referencias globales para la validación nacional.

P. ¿Qué técnicas o procedimientos de enfermería se aplican para abordar el dolor en los pacientes?

R. En líneas generales, la enfermera ha de posibilitar que todos los pacientes reciban la medicación y las modalidades apropiadas para prevenir y aliviar el dolor, supervisar, evaluar y reevaluar la eficacia del procedimiento instaurado, el tipo de dolor y sus características. Y, a través de habilidades de comunicación y colaboración, muchas veces es capaz de anticipar las necesidades de dicho dolor y servir de nexo y de enlace de comunicación con el resto del equipo multidisciplinar.

P. ¿Existen terapias o tratamientos específicos para el dolor?

R. Ciertamente existen terapias y tratamientos específicos dependiendo de la tipología del dolor, del tipo de paciente y de dónde se realicen dichos tratamientos: hay unidades de dolor específicas donde se llevan a cabo, en las que la enfermera del dolor desarrolla tanto funciones propias como derivadas por delegación, y funciones interdependientes, es decir, las de colaboración con el resto del equipo de salud. Por citar algunas técnicas invasivas que se efectúan en las unidades de dolor está la radiofrecuencia nerviosa y articular; el bloqueo de nervios y ganglios; las infiltraciones epidurales, articulares o musculares; los estimuladores de nervios medulares o periféricos; los dispositivos implantables, como las bombas intratecales, electroterapia (tens e iontoforesis); los masajes (usados por fisioterapeutas); los tratamientos endovenosos, regionales o epidurales suministrados por bombas (PCA) controladas por los propios pacientes; acupuntura; o tratamientos tópicos y orales.

P. ¿Tienen los pacientes alguna necesidad específica durante la terapia del dolor? ¿Cuáles son las principales?

R. Debemos pensar que existen tantas necesidades como personas, cada paciente presenta las suyas propias. No podemos olvidar el componente subjetivo del dolor, por lo que tenemos que adecuar nuestras actuaciones no solo a los posibles efectos nocivos de ciertos fármacos, por ejemplo, sino a las vivencias de los pacientes como personas de derecho pleno. Por otra parte, dichas necesidades han de determinarse con el uso de herramientas válidas y confiables para medir el dolor, los síntomas asociados, para ser capaces, así, de evaluar y reevaluar los resultados relacionados adecuándose al contexto y al paciente. Se hace indispensable estudiar las preferencias y los valores de la persona para establecer las metas y las prioridades relacionadas con el dolor.

El dolor, sobre todo cuando se cronifica, tiene algunos efectos negativos a corto, medio y largo plazo, como trastornos del sueño, efectos secundarios cardiovasculares, aumento del consumo de oxígeno, disminución de la evacuación intestinal o demora la movilización, entre otros. Es decir, tiene repercusión en la calidad de vida de las personas.

El dolor interfiere no únicamente en la esfera biológica del paciente, lo hace además en el ámbito psicosocial, modificando en algunos casos las relaciones sociofamiliares y produciendo cambios a escala psicológica, hecho que lleva irremediablemente al abordaje desde este enfoque biopsicosocial.

P. ¿Cómo dan respuesta las enfermeras a dichas necesidades?

R. Una forma muy sencilla, pero no por ello menos importante, quizás el que más, es abogar por los derechos del paciente mediante la participación en la toma de decisiones éticas efectivas y contribuir a la promoción de la práctica ética en los entornos de dolor.

La naturaleza de la profesión de la enfermera se basa en la relación que se establece entre esta y el paciente, es decir; el determinante clave de esta profesión es la relación en sí misma. Por ello, la empatía es condición indispensable, aceptando al afectado de forma incondicional a través de la autenticidad. También participando en el desarrollo de sistemas de seguridad del paciente, apoyando, promoviendo y participando en la realización, difusión y utilización de investigaciones relacionadas con el dolor.

P. ¿Existen pautas de prevención del dolor? ¿Cuáles son las más eficaces?

R. Estas pautas deben iniciarse tras una buena valoración del paciente, es decir, contemplando aspectos integrales y sistemáticos, que aborden, desde su historia de dolor previa, las características sensoriales del mismo, el impacto en las actividades de la vida diaria o la repercusión psicosocial del dolor, e identificar aquellas intervenciones utilizadas en el pasado que resultaron efectivas, determinar qué mecanismos lo inician o exacerban. Una vez analizados estos aspectos se deben trabajar con el paciente, instaurar medidas ambientales de confort físico y psicológico (cambios posturales), incluir intervenciones psicosociales, educativas y cognitivo-conductuales para la ansiedad, el miedo y la depresión, por ejemplo.

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