La labor enfermera en el ámbito de la rehabilitación intestinal

Lunes, 14 de diciembre de 2020

Inés García es enfermera en la Unidad de Rehabilitación Intestinal del Hospital La Paz, en Madrid. Recientemente estos servicios participaron en el primer trasplante simultáneo multivisceral y de progenitores hematopoyéticos del mundo. García nos atiende para hablar de esta intervención y del día a día en una unidad de este tipo.

© Hospital La Paz

Pregunta. ¿Cómo es el día a día en la Unidad de Rehabilitación Intestinal?

Respuesta. Es un servicio singular, tanto por la particularidad de la patología de los pacientes como por el tiempo prolongado de sus ingresos, lo que establece vínculos más estrechos entre enfermos, cuidadores y personal. En este servicio prima capacitar en los cuidados a paciente y cuidador, para otorgarles de manera precoz la autonomía que les permita una alta más temprana. En el servicio se trabaja acorde a protocolos basados en la práctica clínica y en la evidencia científica. Es importante que al impartir dicha docencia trabajemos según estos protocolos, de modo que toda información que reciban pacientes y cuidadores sea la misma.

P. ¿Cuál es el perfil del paciente que acude a unos servicios de este tipo?

R. Los afectados en este servicio son principalmente pacientes con fracaso intestinal a consecuencia de diversas afecciones, como intestinos cortos, trastornos de la motilidad intestinal, trastornos de la mucosa intestinal, etc. También incluimos a los trasplantados intestinales, hepatointestinales o multiviscerales. Todos ellos requieren de un equipo multidisciplinar que cumpla sus necesidades biopsicosociales. Es fundamental conseguir una readaptación intestinal que les permita un desarrollo óptimo con el menor número de complicaciones.

P. De forma general, ¿cuál es la labor de las enfermeras en la Unidad de Rehabilitación Intestinal?

R. La labor fundamental en dicho servicio es la educación al paciente y a sus cuidadores principales. Se les educa sobre la enfermedad con la que van a convivir y sobre cómo enfrentarse a ella con la mejor actitud. También se les forma en el uso de dispositivos venosos, las complicaciones que sobre estos pueden aparecer, administración de nutrición parenteral; manejo de dispositivos para administración de nutriciones enterales; manejo de estomas y valoración de los mismos; detección precoz de signos de alarma, cómo actuar y cuándo acudir al hospital. Encontramos diversidad de patología intestinal, pero con mayor frecuencia pacientes con intestino corto secundario hasta enterocolitis necrotizante o gastrosquisis.

P. ¿Qué necesidades suelen presentar con mayor asiduidad los pacientes?

R. No podría contestar esta pregunta sin hacer mención a Virginia Henderson y sus 14 necesidades básicas, pero para no alargarnos en esta respuesta, solo voy a mencionar las de mayor relevancia. La primera es la alimentación e hidratación, ya que el objetivo con estos pacientes es conseguir una readaptación intestinal que les permita crecer y desarrollarse con la mayor normalidad posible. Para muchos de ellos no basta con mantener una ingesta oral adecuada, puesto que carecen de capacidad intestinal para absorber la mayor parte de los nutrientes, con lo que van a precisar de nutriciones parenterales; esto conlleva ser portadores de accesos venosos centrales. Por la importancia de mantener activa la funcionalidad intestinal, muchos de ellos también van a requerir sondas intestinales o yeyunointestinales.

La segunda es la eliminación, la mayoría se trata de pacientes portadores de ostomías de descarga, necesitarán un adecuado funcionamiento de las mismas, encontrar el mejor dispositivo recolector que se adapte a ellos. Tendrán la necesidad de un correcto manejo de pérdidas, si estas son excesivas podrán provocarles deshidrataciones. En pacientes con alteración de la motilidad intestinal, o pseudoobstrucciones, las necesidades irán encaminadas a mantener un patrón intestinal óptimo. La tercera es la referente a la higiene y la piel, dado que el uso de dispositivos recolectores para las ostomías, el ser portadores de accesos venosos centrales, las pérdidas digestivas… son factores de riesgo para la pérdida de la integridad cutánea.

Por último, la seguridad, el apoyo psicológico al paciente y a la familia. La mayoría se desplazan de otras comunidades con sensación de soledad, en muchos casos en situaciones socioeconómicas delicadas, ya que resulta difícil compaginar la actividad laboral con el cuidado de un hijo.

P. ¿Hay alguna forma de prevenir esta problemática? ¿Cuáles son las pautas de prevención más eficaces? ¿Qué importancia tiene la educación para la salud en este ámbito?

R. No podemos evitar la problemática en sí, pero sí tenemos un papel importante en la prevención de posibles complicaciones, muchas de ellas de gran severidad, como la infección del acceso vascular, deshidrataciones, alteración de la integridad cutánea, etc. La educación para la salud es una parte fundamental de la enfermería. Gracias a los programas de formación que se han ido instaurando en la unidad se ha ido adiestrando a pacientes y cuidadores sobre el manejo de la enfermedad y de los dispositivos que tienen, permitiendo que sean ellos quienes se hagan responsables de sus cuidados. Las enfermeras somos las encargadas de formar a pacientes y familiares en el manejo de todos los dispositivos, proporcionándoles así una independencia hospitalaria precoz y segura.

P. Recientemente en el hospital se llevó a cabo una intervención quirúrgica pionera en el mundo, con un trasplante multivisceral y de progenitores hematopoyéticos en la que participó esta unidad. Háblenos de esta operación. ¿Qué papel tuvo el personal de enfermería en la intervención?

R. Nos gusta saber que se sigue apostando por la investigación e innovación. Los avances logrados ante nuevos procedimientos, nuevos tratamientos, no dejan de ser nuevas oportunidades. Las enfermeras tienen que creerse su papel activo en la investigación como proceso científico para mejorar y validar tanto los conocimientos existentes como para crear otros nuevos que tengan acción directa sobre los cuidados.

El papel que la enfermería de esta unidad tuvo en esta intervención se divide en dos fases. En la primera, la preparación prequirúrgica, hay que saber que el paciente llevaba varios meses ingresado en la unidad; ese día se disponía a recibir el alta médica cuando nos llegó la noticia del posible donante. Como adolescente, y con dos trasplantes a su espalda, le invadieron el miedo y la desesperanza por volver a enfrentarse a tan dura batalla, teniendo así que posponer el regreso a su casa, el reencuentro con sus amigos y a recobrar la sensación de que recuperaba a su vida. Todo esto hacía fundamental que la enfermera adoptase el papel de acompañamiento tanto a él como a sus padres. Lógicamente también activábamos el protocolo previo al trasplante con la preparación del paciente, recogida de muestras sanguíneas necesarias previas a dicha cirugía, administración de antibioterapia profiláctica.

En la segunda, el postrasplante, cuando subió de la Unidad de Cuidados Intensivos físicamente se encontraba aún muy lábil y anímicamente hundido. Fueros meses de cuidados más laboriosos, manejo de heridas quirúrgicas complejas; al haber sido sometido a tantas cirugías, su pared abdominal presentaba dificultades de cicatrización. Nos enfrentamos a empeoramientos clínicos, a nuevos tratamientos, al trasplante hematopoyético, realizado en coordinación con el equipo de enfermería de la Unidad de Hematooncología. Y, tras muchos meses hospitalizado, también pudimos ser partícipes de su alta a casa.

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