“Las olas de calor también ponen en riesgo la salud mental”

Miércoles, 29 de julio de 2026

por Silvia López Criado

Las altas temperaturas no solo aumentan el riesgo de deshidratación o golpe de calor, también pueden agravar los problemas de salud mental, favorecer las recaídas en personas especialmente vulnerables e incrementar el desgaste emocional de los profesionales sanitarios. En un contexto como el actual donde se suceden las olas de calor, comprender esta relación resulta clave para proteger tanto a pacientes como a quienes los cuidan.

Entrevistamos a María González Cid, enfermera especialista en Salud Mental del Hospital de Día de Salud Mental del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO) y vocal de la Asociación Española de Enfermería de Salud Mental (AEESME), quien analiza cómo el calor extremo afecta al bienestar psicológico, el papel de las enfermeras en la prevención y los desafíos que afronta el sistema sanitario durante el verano, marcados por la escasez de profesionales, la sobrecarga asistencial y la necesidad de garantizar entornos de trabajo seguros.

María González Cid, enfermera especialista en Salud Mental

La relación entre las olas de calor y la salud mental

Pregunta.- ¿Qué relación existe entre las altas temperaturas y la salud mental? ¿Se observa un aumento de determinados síntomas psicológicos o psiquiátricos durante las olas de calor?

Respuesta.- La relación entre las altas temperaturas y la salud mental está cada vez mejor documentada. El calor intenso actúa como un estresor fisiológico que altera la termorregulación, el sueño, la respuesta neuroendocrina y los mecanismos de adaptación al estrés, lo que puede repercutir directamente sobre el bienestar psicológico. Durante las olas de calor es frecuente observar un aumento de la irritabilidad, la ansiedad, la dificultad para concentrarse, el insomnio y la fatiga mental, síntomas que pueden aparecer incluso en personas sin antecedentes de trastornos mentales.

En quienes ya presentan un problema de salud mental, las altas temperaturas pueden favorecer una descompensación clínica. Es habitual que aumenten las crisis de ansiedad, los episodios de agitación, las recaídas en personas con trastornos psicóticos o trastorno bipolar, así como el riesgo de consumo de alcohol u otras sustancias como forma de afrontar el malestar. Además, sabemos que durante los periodos de calor extremo también aumentan las consultas urgentes y los ingresos relacionados con problemas de salud mental.

Como enfermeras especialistas en Salud Mental, insistimos en que la prevención debe formar parte de los planes de cuidados durante el verano: promover una correcta hidratación, mantener rutinas de sueño, adaptar la actividad física a las horas menos calurosas y reforzar el seguimiento de las personas más vulnerables.

P.- ¿Qué colectivos son especialmente vulnerables cuando coinciden problemas de salud mental y temperaturas extremas?

R.- La vulnerabilidad viene determinada por la interacción entre factores clínicos, sociales y ambientales. Entre los grupos de mayor riesgo destacan las personas con trastornos mentales graves, especialmente cuando presentan déficit de autocuidado para actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, síntomas negativos, alteraciones cognitivas o escasa conciencia de enfermedad, ya que pueden tener dificultades para reconocer los signos de deshidratación o adoptar medidas de autoprotección.

También son especialmente vulnerables las personas mayores con deterioro cognitivo, quienes viven en situación de soledad no deseada, las personas sin hogar, quienes presentan consumo problemático de sustancias y las personas con enfermedades crónicas o elevada dependencia funcional.

A ello se añade el efecto de determinados tratamientos farmacológicos y de las desigualdades sociales, que condicionan el acceso a viviendas con una temperatura adecuada o a recursos comunitarios durante las olas de calor.

La valoración enfermera debe contemplar todos estos determinantes para establecer intervenciones individualizadas y anticiparse a posibles complicaciones.

Factores que dificultan la tolerancia al calor

P.- ¿Qué papel tienen algunos psicofármacos en la tolerancia al calor y la regulación de la temperatura corporal?

R.- Muchos psicofármacos pueden modificar la capacidad del organismo para responder al estrés térmico. Algunos antipsicóticos, especialmente aquellos con efecto anticolinérgico, pueden disminuir la sudoración y alterar los mecanismos de disipación del calor. Determinados antidepresivos, estabilizadores del estado de ánimo y benzodiacepinas también pueden influir sobre la percepción de la sed, el nivel de alerta o el equilibrio hidroelectrolítico.

Por ello, las personas que reciben estos tratamientos presentan un mayor riesgo de deshidratación, hipertermia y golpe de calor durante episodios de temperaturas extremas.

Conviene recordar también que numerosos medicamentos, no solo los psicofármacos, pueden aumentar la fotosensibilidad cutánea y, con ello, el riesgo de sufrir quemaduras solares o reacciones cutáneas tras la exposición al sol. Entre ellos se encuentran algunos antibióticos, antiinflamatorios, diuréticos, retinoides, determinados antihipertensivos y algunos tratamientos utilizados en salud mental. Por este motivo, es recomendable que las enfermeras  informemos a los pacientes sobre este posible efecto adverso, fomentando el uso de fotoprotección adecuada, la evitación de la exposición solar durante las horas de máxima radiación y la consulta ante cualquier reacción cutánea.

Es importante también transmitir un mensaje claro: los tratamientos no deben suspenderse de forma autónoma. La labor de la enfermera consiste en desarrollar educación sanitaria, promover una hidratación adecuada, reforzar la adherencia terapéutica, identificar signos precoces de alarma y coordinar la atención con el resto del equipo multidisciplinar cuando sea necesario revisar el tratamiento.

P.- ¿Cómo influye el aislamiento social en verano en las personas con problemas de salud mental?

R.- El aislamiento social constituye uno de los principales factores del deterioro de la salud mental y durante el verano puede intensificarse. La modificación de rutinas, el cierre parcial de algunos recursos comunitarios, la disminución del contacto con familiares o cuidadores y la reducción de determinadas actividades grupales pueden favorecer sentimientos de soledad, desesperanza y pérdida de apoyo social.

Desde la perspectiva enfermera, sabemos que la continuidad de los cuidados y el mantenimiento de la red de apoyo son factores protectores frente a las recaídas. Por ello, durante el periodo estival cobra especial relevancia reforzar el seguimiento comunitario, potenciar la coordinación entre dispositivos y favorecer estrategias que mantengan la vinculación terapéutica.

Altas temperaturas y reducción de plantillas en verano

P.- ¿Cómo afecta trabajar con altas temperaturas al bienestar psicológico de las enfermeras?

R.- Trabajar con calor intenso incrementa la carga física y mental. Las altas temperaturas favorecen el cansancio, disminuyen la capacidad de concentración, aumentan la irritabilidad y dificultan la toma de decisiones, algo especialmente relevante en una profesión donde cada intervención requiere atención constante y un elevado nivel de responsabilidad.

Si además se trabaja con equipos de protección, turnos prolongados o en unidades con elevada presión asistencial, el impacto puede ser aún mayor. La combinación de calor, sobrecarga y estrés favorece el agotamiento emocional y aumenta el riesgo de cometer errores.

Cuidar las condiciones ambientales de trabajo, garantizar pausas adecuadas, facilitar una correcta hidratación y adaptar la organización del trabajo durante los episodios de calor extremo también son medidas de seguridad para los pacientes.

P.- Cada verano se habla de falta de enfermeras. ¿Qué efectos tiene la reducción de plantillas por vacaciones tanto en la atención a los pacientes como en la salud de las profesionales?

R.- La reducción de plantillas durante el verano tiene un impacto directo tanto en la atención a los pacientes como en la salud de las enfermeras. Cuando no se sustituyen adecuadamente las vacaciones, aumenta la carga asistencial, se incrementa la presión sobre los equipos y disminuye el tiempo disponible para proporcionar unos cuidados individualizados y de calidad.

Desde la enfermería de salud mental sabemos que esta sobrecarga sostenida favorece el estrés, el agotamiento emocional y el síndrome de burnout, además de aumentar el riesgo de errores y de insatisfacción profesional. Al mismo tiempo, los pacientes pueden percibir una atención menos cercana, especialmente en ámbitos como la salud mental, donde la escucha, el tiempo y la relación terapéutica son herramientas fundamentales del cuidado.

P.- ¿Hay riesgo de normalizar situaciones de sobrecarga que no deberían considerarse aceptables? ¿Qué medidas deberían adoptar las administraciones sanitarias para reforzar las plantillas en verano?

R.- Sí, existe el riesgo de normalizar una sobrecarga que no debería considerarse aceptable. Por ello, las vacaciones no deberían suponer un debilitamiento del sistema, sino una oportunidad para demostrar una buena planificación, lo cual puede suponer un reto, ya que España sigue teniendo un déficit estructural de enfermeras. Con una ratio aproximada de 6,45 enfermeras por cada 1.000 habitantes, estamos aún lejos de la media europea  situada en 8,42, lo que repercute directamente en la carga asistencial, seguridad del paciente y bienestar de los profesionales.

Las administraciones deben anticiparse al periodo estival con una planificación adecuada, garantizando la cobertura de vacaciones y bajas, reforzando las plantillas y ofreciendo condiciones laborales que permitan atraer y fidelizar profesionales. Cuidar de quienes cuidan es una inversión imprescindible para mantener una atención segura y de calidad durante todo el año.

Burnout y la priorización de proteger a las personas

P.- ¿Qué síntomas pueden indicar que una profesional está desarrollando burnout o desgaste profesional?

R.- El burnout suele manifestarse de forma progresiva. Los primeros signos incluyen un agotamiento físico y emocional persistente, dificultad para desconectar del trabajo, alteraciones del sueño, irritabilidad, sensación de desbordamiento y pérdida de motivación. También pueden aparecer problemas de concentración, una disminución de la satisfacción profesional y un mayor distanciamiento emocional hacia los pacientes como mecanismo de protección.

Desde la enfermería de salud mental insistimos en que estos síntomas no deben normalizarse ni interpretarse como una falta de capacidad o compromiso. Son la respuesta a una exposición prolongada a situaciones de elevada carga asistencial y estrés.

Es importante reconocer estos síntomas antes de aumenten en intensidad, poner límites, descansar sin sentirse culpable, hablar con alguien de confianza y si se necesita, pedir ayuda profesional.

 Contar con organizaciones que promuevan entornos laborales saludables es fundamental para proteger la salud mental de los profesionales y garantizar unos cuidados seguros y de calidad.

P.- En un contexto de olas de calor cada vez más frecuentes, escasez de profesionales y aumento de los problemas de salud mental, ¿cuál debería ser la principal prioridad de los responsables sanitarios para cuidar tanto a los pacientes como a las enfermeras?

R.- La principal prioridad debe ser proteger a las personas, y eso incluye tanto a los pacientes como a los profesionales que los atienden. No podemos hablar de una asistencia de calidad si las enfermeras trabajan con plantillas insuficientes, sobrecarga asistencial y, además, en centros que alcanzan temperaturas difíciles de soportar.

Las recientes olas de calor y las informaciones sobre hospitales y centros de salud con problemas de climatización evidencian que el cambio climático ya es un reto para el sistema sanitario, no una previsión de futuro. En este contexto, las administraciones deben reforzar las plantillas, garantizar unas condiciones ambientales seguras en los centros sanitarios y desarrollar planes específicos para prevenir el estrés térmico y el desgaste profesional.

AEESME, burnaout, enfermería en salud mental, Ola de calor, salud mental, temperaturas extremas

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*