Púrpura fulminante: el cambio de vida forzoso de una enfermera

Viernes, 11 de septiembre de 2020

Recuerda perfectamente en su cabeza el 11 de marzo del 2004. Pilar Rodríguez estaba acabando el instituto por aquel entonces y le viene a la mente como aquel atentado de Atocha marcó a todo el país y le hizo tomar una decisión que definiría su futuro. Aquel suceso tan demoledor le llevó a reafirmar que quería ser enfermera, se sentía impotente de no poder hacer nada mientras todo se colapsaba y la gente fallecía, fue desde ese momento cuando supo que tenía que estudiar Enfermería. Años más tarde luchó por su sueño y lo consiguió, se convirtió en enfermera de Atención Primaria. “Tras enlazar contratos de días sueltos, de meses e incluso guardias en distintos SAR, conseguí un contrato que se fue alargando. Era un sueño tener 25 años y llevar mi propia consulta”, explica.

Pilar Rodríguez

Un sueño cumplido, un trabajo que adoraba y una vida feliz… todo iba a la perfección hasta que un 22 de marzo del 2013 su vida dio un giro. Era un día de trabajo como cualquier otro pero comenzó a encontrarse mal, la fiebre no cesaba y acabó ingresada en el hospital. “Quise creer que todo era la suma del cansancio acumulado y un simple resfriado, pero los síntomas aumentaron tan rápido que tuve que irme de la consulta a casa, no me tenía en pie. Pasé una noche horrible, cada minuto era insoportable y desperté a mi padre para que me llevara al hospital. Nunca había tenido esa sensación al sentir que me quedaba sin fuerzas”.

Meningitis neumocócica

Tardaron mucho en atenderla, horas en observación, sin tratamiento ninguno que fueron decisivas. “Los resultados de dos analíticas mostraban la coagulación alterada, no sentía las manos ni los pies. No dejaban pasar a mis padres y la agonía aumentaba cada hora. Mi cuerpo no respondía y fue una negligencia médica. Esas 7 horas fueron la diferencia entre lo que fue y lo que pudo haber sido”. Finalmente las noticias no fueron buenas, se había contagiado de meningitis neumocócica, un tipo de bacteria estreptocócica que puede causar neumonía, meningitis o una infección del torrente sanguíneo y que se puede contraer vía aérea a través del contacto con personas que están infectadas o con personas que no están enfermas pero sí la portan. En su historial resaltaba “Púrpura fulminante”, una enfermedad producida por el neumococo, que va directa al torrente sanguíneo y va necrosando tu cuerpo. Primero, los brazos y las piernas, que dejas de sentir, y prosigue por el resto del cuerpo.

“No sabían qué tenía, pero una cosa estaba clara: me estaba muriendo e intubarme era la mejor solución para ganar tiempo. Estuve cinco meses ingresada, dos de ellos en coma inducido. Me despertaban para comprobar que no había daño neurológico, pero no fue hasta finales de abril cuando supe lo que había pasado”. Tuvieron que trasladarla a la Unidad de Quemados del Hospital Universitario de Getafe donde empezó a afrontar el cambio tan radical que había experimentado su vida. “A día de hoy sigo sin tener palabras de agradecimiento para todo el personal que estuvo conmigo en ese largo periodo de hospitalización. Durante semanas aguantaron mis cambios de humor, limpiándome las lágrimas y cogiéndome de la mano, día sí, día también. Se desvivieron porque tuviera los mejores cuidados posibles y nunca perdieron la esperanza en mí”.

Un cambio forzoso

Pilar Rodríguez tuvo que vivir una pesadilla que le obligó a cambiar su vida por completo. Una enfermedad que le obligó a dejar su trabajo, un shock que le hizo madurar mucho más rápido y ver que las preocupaciones y prioridades ya no eran las mismas. “¿Cómo se afronta la pérdida de cuatro extremidades? Nadie está preparado para eso. Miedo, ira, frustración, desesperación… es lo que invade tu cuerpo. No quieres afrontar la realidad porque eso significa tener que hacer frente a la situación. Y sinceramente no es fácil cuando tienes 25 años y te espera toda una vida por delante. Tienes que seguir, afrontarlo, reinventarte, tomar las riendas y darte cuenta de lo que ha pasado para escoger entre deprimirte o luchar. Tu vida ha cambiado drásticamente, pero sigues vivo. Quizá no puedas escalar el Everest o dedicarte a la neurocirugía, pero tienes un mundo de posibilidades aún por descubrir”, reflexionaba.

Pilar Rodríguez

Esta enfermera tuvo que hacer frente a los cambios físicos que implicó contagiarse, el miedo a la respuesta de una sociedad ante un cambio tan drástico. “Yo no me reconocía, si en la actualidad más del 80% de la población no se siente a gusto con su imagen, no es difícil imaginar lo que supone verse desprovista de manos y piernas y no poder hacer nada para remediarlo. Nunca vas a poder andar como antes y por supuesto vas a tener que depender de unas prótesis y una silla de ruedas”, explica. Además del impacto físico, Pilar tuvo que dejar su profesión, el sueño por el que había luchado desde aquel 11 de marzo. Su familia y amigos jamás la dejaron sola, fueron la principal y única red de apoyo y desahogo ante esta nueva situación y aunque fue, y sigue siendo duro, nunca se dio por vencida.

Luchó como lo había hecho antes por volver a tener una vida normal, poder hacer cosas por si misma sin tener que depender de nadie y, por supuesto, por volver a trabajar. Descubrió nuevas pasiones, la comunicación, la fotografía y las redes sociales. Estudió un master de investigación en salud y unió todas sus facetas y de ese modo llegó a conseguir un trabajo que le gusta como community manager y diseñadora gráfica. Ahora, gracias a su nuevo trabajo sigue cumpliendo su ilusión de ayudar a la gente, participando en varios proyectos, como SueñOn, una iniciativa impulsada por enfermeras y dirigida a la sociedad para abordar los problemas de interrupción del sueño de los pacientes y el último SANICOVI, un proyecto de investigación que ayuda en la crisis sanitaria producida por el Covid-19, con el que diseñan estrategias de contención para minimizar los riesgos de infección y frenar los contagios en profesionales de la salud.

Al otro lado

Sigue enamorada de su profesión y siempre tendrá palabras de agradecimiento para todos aquellos compañeros de profesión que le ayudaron durante los meses que estuvo ingresada en el hospital. Es difícil estar al otro lado pero esa situación le hizo darse aún más cuenta de lo necesarios que son los profesionales enfermeros. “Se aprende mucho estando al otro lado. Como paciente tomas conciencia de la gran labor que hacemos las enfermeras y de la escasa valoración social que tenemos. Una sonrisa, una caricia en la mano, aliviar a un paciente que suda con tan solo recogerle el pelo, explicarle con paciencia en qué consiste la próxima prueba a la que tendrá que someterse o el simple hecho de presentarte y decir tu nombre son pequeños gestos que nos hacen humanos, acciones que mejoran sensiblemente la calidad de su estancia en el hospital y, por ende, su calidad de vida. A veces las enfermeras subestimamos lo valiosas que somos para los pacientes”, afirma.

Pilar Rodríguez en una de las campañas

Han pasado siete años desde aquel día, siete años en los que Pilar Rodríguez ha intentado llevar una vida normal al otro lado. Se ha independizado, ha seguido con sus estudios, ha conocido a mucha gente maravillosa pero las consecuencias y secuelas psicológicas no se superan tan fácilmente. “No creo que nadie sea capaz psicológicamente de superar algo así. El dolor y la rabia van disminuyendo con el paso de los años y aprendes a vivir con lo que tienes, pero nunca dejas de pensar en cómo sería tu vida si nada de aquello hubiese pasado”.

A pesar de ello sigue cumpliendo retos y sueños, continúa con su hobbies, con su pasión por la cocina unida a las redes sociales en sus perfiles e intenta seguir con su objetivo de ayudar a las personas. A pesar de que todo ha ido bien y ha podido seguir con su vida, sabe que existen muchos aspectos que aún podrían mejorar y que, aun siendo teniendo un Sistema Nacional de Salud de los mejores a nivel mundial no se puede conformar con ello. “Hay que invertir en recursos, lograr reducir la carga de los profesionales y, a la vez, reducir las listas de espera. La crisis sanitaria ha puesto de manifiesto la valía del personal sanitario y su reconocimiento por parte de la sociedad, pero también ha dejado al descubierto carencias graves que es necesario subsanar y hacerlo cuanto antes” pero, sobre todo, educar en salud, para que casos como el que le ha tocado vivir, no se vuelvan a repetir.

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