La historia de `Young boy´ en un servicio de urgenciasMartes, 29 de octubre de 2024 por J.M. Salas Cuando comenzó la residencia, su pueril cara lo delataba. Con el paso de las residencias, fue ganando en soberbia intentando luchar contra su inseguridad, algo que sutilmente conseguía con el superpoder de colgarse un fonendo al cuello. Al terminar la residencia y sin oposición alguna terminó en el servicio de urgencias de adjunto en un hospital con sabor a mar. A pesar del tiempo de residencia, seguía pareciendo un médico con cara de niño, además de por su aspecto físico, por su infantil comportamiento. Nadie le enseñó que los pacientes no son un diagnóstico ni un paquete de Amazon que pueda devolver si la guardia fue mala. Nadie le enseñó que aquellos que parecemos únicamente meros transportistas, aquellos que estamos del otro lado del hospital con esa holgada ropa con reflectantes, también tenemos malas guardias. También trabajamos de madrugada, también atendemos a pacientes críticos (en nuestro caso de cualquier edad) y por supuesto, también nos podemos estresar después de atender a pacientes en parada cardiorrespiratoria, y os aseguro que solemos asistirlos en condiciones más inhóspitas que la sala de hemodinámica de un hospital. Es triste ver a como aquel young boy de bata blanca y escaso kilometraje, ya tenga comportamientos de senior quemado, porque le quedan muchas lunas de guardia en un servicio que ya tiene especialidad propia y que tal vez debería cuidar un poco más algunas cualidades humanas. Porque hay dos cualidades que son imprescindibles y que debe poseer cualquier profesional sanitario. La primera es la humildad, sin ella no se puede dirigir un equipo, no se puede asumir responsabilidad ni poder, ni mando, porque acabarás ahogado en tu soberbia. Y la segunda, la empatía. En ocasiones pienso que el peso de algunos fonendos sobre el cuello, dificultan el paso de sangre al cerebro y provoca una isquemia de empatía que se manifiesta por una incapacitad total para ponerse en el calzado del otro, ya sea en los zapatos de un paciente, en los zuecos de tu compañera del servicio o en las botas de aquellos que estamos en prehospitalaria. La medicina sin humildad ni empatía no es medicina. Mi querido young boy de bata blanca, te aseguro que pronto llenarás de arrugas tu rostro y de trienios tu carrera, pero si no eres capaz de entender y respetar el trabajo del resto, si no eres capaz de tomar decisiones humanas por encima de la absurda burocracia, solo serás un mero vigilante de puerta, algo que aquellos que tenemos más de una cana hemos luchado durante años por cambiar y desterrar del sistema. Este post, es una reflexión personal, como siempre un microrrelato “ficticio” sobre una actitud que en ocasiones encontramos en algunos servicios de urgencias, por suerte, la mayoría son diferentes. Hoy me toca otra noche de insomnio, otra noche llena de tinta en vez de sueño. Puede ver la publicación original en el siguiente enlace. Autor de Con Tinta de Médico: La historia de `Young boy´ en un servicio de urgencias JM Salas – Autor y editor del libro y blog Con Tinta de Médico