“Nuestro objetivo es que la soledad no deseada deje de ser invisible en el sistema sanitario”Miércoles, 3 de junio de 2026 por Silvia López Criado En los hospitales, la soledad no deseada es una realidad silenciosa que afecta cada día a más personas y que condiciona su bienestar, su autonomía e incluso su capacidad para afrontar un tratamiento médico. Desde esa mirada humana, que caracteriza a la Enfermería nació “Con edad, sin soledad”, un proyecto pionero que busca detectar, acompañar y dar respuesta a una necesidad tan invisible como creciente. Al frente de esta iniciativa se encuentra Mª Cristina Blázquez Talabán, supervisora de Continuidad Asistencial del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid). En esta entrevista nos explica cómo surgió el proyecto, el impacto que la soledad tiene en la salud de los pacientes y la importancia de un abordaje coordinado. Su experiencia demuestra que, en ocasiones, el mejor cuidado comienza con algo tan sencillo como asegurarse de que nadie tenga que enfrentarse solo a su proceso de salud. Equipo del Hospital Universitario Ramón y Cajal “Con edad, sin soledad” para evitar la soledad no deseada Pregunta.- ¿Cómo nace el proyecto “Con edad, sin soledad” y qué necesidad detectasteis desde Enfermería para llevarlo a cabo? Respuesta.- Nace de algo muy sencillo y, al mismo tiempo, muy profundo: mirar más allá de la enfermedad. En nuestro día a día, empezamos a ver pacientes que llegaban solos, que se iban solos… y que, en realidad, estaban afrontando mucho más que un problema de salud. Había silencios, miradas, dificultades para seguir un tratamiento, etc., pequeños indicios que nos hicieron darnos cuenta de que había una necesidad invisible. Desde Enfermería sentimos que no podíamos ignorarlo. La soledad no deseada estaba ahí, pero no formaba parte del plan de cuidados. Por eso, decidimos integrarla, darle nombre y, sobre todo, respuesta. P.- Desde vuestra experiencia diaria, ¿cómo afecta la soledad no deseada a la salud de los pacientes? R.- La soledad impacta de forma directa tanto en la salud física como emocional. Observamos mayor fragilidad, peor adherencia a tratamientos, incremento de reingresos y mayor deterioro funcional y cognitivo. Además, afecta profundamente al bienestar emocional, generando ansiedad, depresión y sensación de vulnerabilidad. En algunos casos, condiciona incluso decisiones clínicas, ya que hay pacientes que no pueden someterse a determinados procedimientos por no contar con acompañamiento. La soledad deja huella. Y se nota. No solo en el ánimo, sino en el cuerpo. Pero, sobre todo, la soledad pesa emocionalmente. Es un sufrimiento silencioso. Hay pacientes que no piden ayuda, pero la necesitan profundamente. Cuando alguien se siente solo, su capacidad para cuidarse también se debilita. P.- Muchas veces la soledad no se verbaliza. ¿Cómo detectáis que una persona está viviendo esta situación? R.- Es cierto: rara vez alguien dice “me siento solo”. Por eso, aprendemos a escuchar de otra manera. A observar. A interpretar lo que no se dice. Detectamos señales: personas que siempre acuden solas, que no tienen visitas, que dudan si podrán hacerse una prueba porque nadie puede acompañarlas. A veces basta una conversación tranquila para que aparezca esa realidad. Además, hemos incorporado un cribado estructurado mediante una escala breve de soledad, que nos permite objetivar la situación y orientar la intervención. Pero lo más importante sigue siendo la mirada enfermera: cercana, atenta y humana. Coordinación entre equipos P.- El proyecto tiene un enfoque multidisciplinar. ¿Cómo se coordinan Enfermería, Trabajo Social y Atención al Paciente? R.- Este proyecto no podría existir sin trabajo en equipo. La coordinación es uno de los pilares del proyecto. Enfermería actúa como puerta de entrada, activando el protocolo cuando detecta un caso. A partir de ahí: Trabajo Social interviene en situaciones de soledad estructural o social. Atención al Paciente gestiona acompañamientos puntuales o necesidades logísticas. Se coordina con Atención Primaria y servicios sociales para continuidad. Todo el proceso queda registrado en la historia clínica, lo que permite un abordaje compartido y seguimiento longitudinal. Cada profesional aporta su mirada, y eso es lo que permite dar una respuesta real. Porque la soledad no es solo sanitaria, es social, emocional, comunitaria. La clave está en coordinarnos, compartir información y acompañar de forma continua, no puntual. P.- ¿Qué papel desempeña Enfermería de Continuidad Asistencial concretamente la dentro del protocolo? R.- La Enfermería de Continuidad es el hilo conductor. Es quien recoge la necesidad, la valida, la entiende en profundidad y conecta al paciente con los recursos adecuados. Pero, sobre todo, es quien no pierde de vista a la persona. No se trata solo de derivar, sino de acompañar el proceso. De asegurar que alguien sigue ahí, que la situación importa y que no queda en el olvido. P.- ¿Recordáis algún caso que os haya marcado especialmente y que refleje el impacto humano del proyecto? Hay muchos, y todos dejan algo. Quizá lo más impactante es ver el cambio. Pacientes que al inicio minimizan su situación o incluso rechazan ayuda… y que, poco a poco, empiezan a confiar. Personas que no acudían a una prueba por no tener quién los acompañara, y que gracias al proyecto pueden hacerlo. O que, tras ese primer contacto, vuelven a relacionarse, a participar, a sentirse parte de algo. Ahí es donde realmente entiendes el sentido de este trabajo. En el acto de entrega, la subdirectora de Enfermería de Hospitalización y Urgencias del Hospital Ramón y Cajal, Laura Clavero, ha recogido el premio de manos de la consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, Ana Dávila-Ponce, y de la directora general de Coordinación Socio-sanitaria de la Consejería de Sanidad, Carmen González Paz. Desarrollo y retos del proyecto P.- Uno de los aspectos más innovadores es el acompañamiento a pacientes que necesitan acudir solos a pruebas o tratamientos. ¿Cómo funciona este apoyo? R.- Es una respuesta muy concreta a una barrera muy real. Cuando detectamos que alguien no puede acudir solo a una prueba o tratamiento, activamos un circuito de acompañamiento. Contamos con voluntariado, asociaciones y programas de apoyo que se adaptan a cada caso. No es solo un traslado o una presencia física. El objetivo es garantizar tanto la seguridad como la equidad en el acceso a procedimientos, evitando que la soledad sea una barrera para la atención sanitaria. P.- El proyecto ya ha conseguido un importante nivel de cobertura en pocos meses. ¿Qué valoración hacéis de estos primeros resultados? R.- Muy positiva, pero sobre todo muy esperanzadora. Hemos visto cómo aumenta la detección, cómo los profesionales se implican y cómo los pacientes responden con agradecimiento. De hecho, muchos lo expresan explícitamente. Además, el proyecto ha sido distinguido con una Mención Especial durante la celebración de la II Semana de Sensibilización de la Red de Atención a Mayores en Soledad de la Comunidad de Madrid, un encuentro dedicado a visibilizar y abordar la problemática de la soledad no deseada entre las personas mayores. Además de los datos cuantitativos, podemos destacar: Alta aceptación por parte de los pacientes. Implicación creciente de los profesionales. Reconocimiento institucional como buena práctica. Esto confirma que existía una necesidad real y que el modelo es útil y replicable. Pero más allá de los datos, hay algo que no se mide fácilmente: la sensación de que estamos haciendo lo correcto. De que estamos poniendo a la persona en el centro, de verdad. P.- ¿Qué retos quedan por delante para consolidar y ampliar este modelo? R.- Queda mucho por hacer. Los principales retos son: Ampliar la detección sistemática a todos los servicios. Extender el programa a otros grupos de edad. Consolidar la coordinación con el ámbito comunitario. Garantizar la sostenibilidad de los recursos. Sensibilizar de forma continua a los profesionales. El objetivo es evolucionar hacia un modelo plenamente integrado en la práctica asistencial, donde la soledad no deseada se aborde de forma rutinaria y estructurada. Tenemos que seguir sensibilizando, llegar a más servicios, ampliar el programa a otros perfiles de pacientes… y, sobre todo, consolidar esta forma de cuidar. Nuestro objetivo es que la soledad no deseada deje de ser invisible en el sistema sanitario. Que se detecte, se aborde y se acompañe de forma natural, como cualquier otro problema de salud. Porque cuidar no es solo curar. A veces, cuidar es estar.
Me parece una iniciativa buenísima a la vez q muy necesaria,hay una gran cantidad de población ,sobre todo ya con una cierta edad q están solos y si se añade a esa soledad cualquier enfermedad es muy duro,por lo tanto pienso q es un proyecto q debería extenderse mucho más. Y ojalá se sume mucho voluntariado Reply
¡Muchas gracias, Pilar, por compartir tu opinión! Coincidimos contigo en la importancia de acompañar a las personas que se encuentren en situaciones de soledad no deseada, sobre todo cuando están pasando por momentos complicados de salud. Ojalá, y como bien dices, este proyecto se extienda en cada vez más hospitales. Reply
Una gran iniciativa que aborda un gran problema en la vida actual. A su disposición para voluntariado si es necesario. Reply
Muchas gracias por tus palabras, Alicia. Nos alegra saber que compartes la importancia de esta iniciativa. Y gracias también por ofrecerte como voluntaria. Si te interesa colaborar, te animamos a ponerte en contacto directamente con el hospital, donde podrán informarte sobre las posibles formas de participación. ¡Un saludo! Reply