Sor Alicia Vacas: una vida enfermera para contarla

Miércoles, 11 de agosto de 2021

Las cercanías de Luxor, en Egipto, fueron el primer destino de sor Alicia Vacas cuando, recién graduada en 1997, dejó Asturias para ejercer la profesión. Esta enfermera religiosa, perteneciente a la Orden de las Hermanas Combonianas, describe aquellos primeros tiempos como “apasionantes y muy exigentes: la clínica no contaba con la presencia de un médico, por lo que trabajaba muy por encima de mis conocimientos y capacidades, pero la población era muy pobre y con pocos recursos, y en la mayor parte de los casos no podía permitirse ir a médicos privados en la ciudad”.

Desde entonces Vacas ha trabajado en El Cairo, Palestina, Israel y en Italia, en Verona y en Bérgamo, donde se trasladó en los primeros momentos de la irrupción de la pandemia de COVID-19 en Europa. Su vida, su trabajo, le valió el Women of Courage Award, concedido el pasado mes de marzo por el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Sor Alicia Vacas, a la izquierda

De la graduación a Oriente Medio

“Nada más graduarme me destinaron a Oriente Medio. Trabajar en estos países conlleva una larga formación cultural y religiosa, aparte de la profesional”, destaca. Por ello, sus primeros años en la zona, en Dubái y Egipto, los dedicó principalmente a estudiar la lengua, la cultura y el islam para poder integrarse en la sociedad local. Así, en el 2000 se graduó en el Instituto Árabe e Islamología de El Cairo (Dar Comboni), con una tesis sobre bioética islámica, “un tema que me ha ayudado mucho a afrontar mi trabajo sucesivo en Oriente Medio desde una perspectiva intercultural e interreligiosa. Creo que este tipo de formación se hace cada vez más necesario también en nuestro contexto europeo, donde la población está siempre más globalizada”. Mientras estudiaba trabajó en el Hospital Italiano de la capital de Egipto.

Cuatro años fueron los que sor Alicia Vacas pasó allí, hasta el 2004, un periodo que define también como “intenso” en el aprendizaje de las tradiciones y creencias de la gente, “que tanto tienen que ver con las prácticas de salud y el estilo de vida”. Asistía a unos 130 pacientes al día; “a las 6 de la mañana ya estaba la plaza frente a la clínica llena de gente que se había puesto en camino antes de que saliera el sol. Cuando acababa de verlos a todos, cogía la mochila e iba a visitar en las casas a los enfermos que no podían llegar hasta allí”. Tras este periodo fue trasladada a una clínica de Cáritas en un barrio muy pobre de los arrabales de El Cairo. Vacas describe la situación como “completamente diferente”, ya que había un equipo maravilloso de médicos voluntarios, que podía cubrir distintas especialidades. Su trabajo consistía en la coordinación del equipo y en el seguimiento de los denominados “casos sociales”; una labor “muy bonita y muy interesante, porque la mayor parte de las familias había emigrado desde el sur del país, de la zona en la que yo había trabajado antes”.

Sor Alicia Vacas es, por otra parte, enfermera religiosa, como se ha referido anteriormente, de las Hermanas Combonianas, orden fundada por San Daniel Comboni, apunta, “un misionero del siglo XIX que se convirtió en el primer obispo católico de África, combatió incansablemente la esclavitud durante toda su vida. Nuestra orden sigue sus pasos combatiendo las distintas formas de esclavitud todavía presentes en todo el mundo: la ignorancia, la discriminación de minorías étnicas y religiosas, el tráfico de seres humanos, los abusos a refugiados y emigrantes…. Nuestra metodología es la formación y el empoderamiento, para que cada grupo humano pueda ser protagonista de su propia historia”. Ella vive estas dos vertientes de su vida como “las dos caras de la misma moneda. Son dos expresiones de mi única vocación: ‘dar vida’ y ‘donar vida’. Creo que ambas entretejen verbos como cuidar, promover, educar, custodiar, acompañar o empoderar y los declinan con diferentes tonos. En mí estas dos voces crecieron a la vez y siguen conviviendo, sin conflictos ni discrepancias”.

Israel, Palestina y la irrupción de la COVID-19 en Italia

Esta enfermera religiosa hizo en 2007 un curso de especialización en medicina internacional en la Universidad de Brescia, en Italia, y desde entonces “trabajo en Israel-Palestina en distintos proyectos”. Vacas explica en que han colaborado con el Ministerio de Sanidad de la Autoridad Palestina en la organización de una clínica materno-infantil en el barrio de Betania, en que han trabajado en los campamentos beduinos del desierto de Judea con diversas iniciativas, como una clínica móvil que “procura Atención Primaria a los distintos campamentos beduinos y cursos de agentes comunitarios de salud dirigidos a mujeres beduinas”. También ha colaborado con el Departamento de Genética de la Universidad de Jerusalén en un proyecto de concienciación a la población sobre las enfermedades genéticas.

“Una parte importante de mi trabajo en Israel se ha desarrollado con los Médicos por los Derechos Humanos, una ong israelí que se ocupa de todos los temas relacionados con salud y derechos humanos”. Con esta entidad, sor Alicia Vacas ha colaborado en la clínica móvil que, cada sábado, lleva a especialistas israelíes “a ofrecer su servicio en las zonas más desfavorecidas y conflictivas de los territorios ocupados”; en la denominada Clínica Abierta de Tel Aviv, “donde se asiste a pacientes sin seguro médico y sin acceso al sistema sanitario de Israel, como refugiados, trabajadores ilegales, palestinos clandestinos en el país, sin techo, etc.; y en las misiones internacionales de investigación “sobre las violaciones de derechos humanos ocurridas en Gaza durante la guerra del 2010 y el 2014”. Por otro lado, del 2015 al 2017 se trasladó a Verona a coordinar la Enfermería de una de las comunidades de hermanas ancianas, “donde vive un centenar de misioneras mayores que han entregado su vida en distintos países”.

En los primeros momentos del estallido de la crisis de la COVID-19 en el norte de Italia, Vacas se trasladó a Bérgamo que, en marzo de 2020, “era el epicentro de la pandemia en el país y se sabía muy poco de cómo combatirla”. Fueron momentos “muy duros. En nuestra comunidad de hermanas ancianas de Bérgamo casi todas se contagiaron, en pocos días perdimos a diez hermanas, y otras las siguieron hasta llegar a un total de 15”. Aquellas que aseguraban la asistencia a las ancianas “fueron las primeras que enfermaron, lo mismo que el personal externo de la casa: cocineras, limpiadoras, TCAE, enfermeras… Cuando llegamos ‘los refuerzos’, dos hermanas enfermeras voluntarias, la casa era un caos. Tuvimos la suerte de contar con un personal extraordinario que hizo lo posible y lo imposible por asistir a nuestras hermanas hasta el final”. No solo fue su comunidad la que se vio afectada, toda la ciudad “estaba envuelta en un clima de tragedia. El confinamiento era total, solo se oían las sirenas de las ambulancias. Un día estas también se silenciaron, y pensamos que la situación fuera estaba mejorando. El personal de la casa nos dijo entonces que habían avisado de que no se podían mandar enfermos a los hospitales porque estaban colapsados, por eso las ambulancias ya no circulaban, porque los afectados estaban muriendo solos en sus casas”. Aquellos fueron días “dramáticos, de los que queda sobre todo el recuerdo de la solidaridad y de la comunión por una situación tan crítica”.

Sor Alicia Vacas coordinó la Enfermería que acogía a las 25 hermanas más graves, ya que la coordinadora se había contagiado, cuenta. “Hice todo lo que necesitaba en un caso como ese”, explica, es decir, programar la terapia, vigilar las necesidades básicas, controlar las constantes, etc. En aquel momento “se empezaba a conocer el virus y se experimentaba con algunos tratamientos”, y esta enfermera cuenta que no tenían acceso a la mayor parte de ellos porque no se las consideraba una estructura médica, “pero el facultativo de base hizo verdaderos milagros intentando aplicar a cada hermana la terapia más adecuada, según nuestras posibilidades. ¡Ni siquiera teníamos oxígeno! Había una carencia casi total de material sanitario y de protección, y todo lo que había era destinado a los hospitales”. Aclara que consiguieron comprar oxígeno en una industria sanitaria en otra región, “pero el conductor que nos lo traía estaba tan asustado que no quería encontrarse con ninguna de nosotras y nos dejaba la carga fuera de la verja del jardín. Ahora suena todo casi surrealista, fueron días duros”.

Desde su punto de vista, lo más preocupante de esta crisis sanitaria y económica es que ha puesto en evidencia “la fragilidad de la sociedad que habíamos construido”. La pandemia, continúa, ha aumentado la brecha entre ricos y pobres, “entre quien tiene agua corriente y no la tiene, quien tiene acceso a los servicios médicos, al tratamiento, a los hospitales y a la vacuna y quien no los tiene, entre quien puede confinarse semanas y quien tiene que salir a ganarse el jornal porque no tiene asistencia social ni ahorros. Ahora más que nunca tenemos que defender que la asistencia sanitaria es un derecho universal e inalienable para todos”.

Women of Courage Award

Como se ha dicho, en marzo de este año sor Alicia Vacas recibió el Women of Courage Award del Departamento de Estado de Estados Unidos, una distinción que supone, principalmente, “la posibilidad de dar voz a personas y situaciones que, de otro modo, no tendrían reconocimiento”. Los grupos humanos con los que trabaja, “beduinos y refugiados, no son noticia y necesitan estas oportunidades para que su situación se conozca y se denuncie”. Esta enfermera religiosa recibió la noticia con gran sorpresa: “en mi comunidad vivo con otras religiosas que tienen vidas muy parecidas a la mía”. En la actualidad, subraya, no entiende por qué el Departamento de Estado norteamericano ha decidido “premiar mi historia y no las suyas, pero entiendo que alguien tiene que ‘salir en la foto’, alguien tiene que darle rostro y hacerse portavoz de estas situaciones. Y en esta prospectiva he recibido este premio como una oportunidad no solo para mí, sino sobre todo para las personas con las que vivo y trabajo”.

En este momento, Vacas es la coordinadora regional de su congregación para Oriente Medio y Asia. Su trabajo en esta etapa es menos “de campo”, explica, y más organizativo, asegurando que “el timón de la orden se mantenga firme hacia las situaciones y grupos humanos más desfavorecidos”. La pandemia, destaca, ha agudizado la coyuntura de estos colectivos más vulnerables en todos los contextos en los que trabaja, como Israel, Palestina, Jordania, Emiratos Árabes, Turquía y Sri Lanka. “Creo que la prioridad en los próximos meses será identificar cómo esta crisis está golpeando a estas personas más frágiles: refugiados, beduinos, recogedores de té, mujeres víctimas de trata… y buscar estrategias y apoyos para sostenerlas y promover procesos de reconstrucción y sanación en todos los ámbitos”.

“Soy una enfermera ‘añeja’, he tenido la suerte de poder explorar aspectos muy diferentes de la profesión. Desde la medicina rural al tráfico de seres humanos, desde las clínicas móviles a la geriatría, de la formación de agentes comunitarios de salud al mundo del activismo y de los derechos humanos…”. Y todas estas experiencias, concluye, le han dejado “rostros en la memoria y cicatrices en el corazón, pero sobre todo un agradecimiento profundo por el espesor humano y espiritual que mi profesión de enfermera ha aportado a mi vida”.

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Enfermera religiosa, Orden de las Hermanas Combonianas, Sor Alicia Vacas

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