“Sueño con un futuro con una enfermería deportiva reconocida”Lunes, 29 de septiembre de 2025 por diariodicen.es La enfermería deportiva está cada vez más presente en clubes, instituciones deportivas, federaciones o clínicas privadas. Sin embargo, la figura emergente de la enfermera dentro de este ámbito aún necesita el respaldo suficiente para reconocer su labor, para reconocer la enfermería deportiva como una especialidad. Hoy compartimos un ejemplo de superación. Enfermera deportiva, atleta de alto rendimiento (fue siete veces campeona de España) y mujer emprendedora, Zuriñe Celis Pedrido representa, sin duda, una historia de éxito personal. Charlamos con ella sobre su experiencia dentro y fuera de las pistas, su etapa como enfermera en Londres, su vuelta a la competición tras años de retirada y su proyecto de entrenamiento, nutrición y prevención de lesiones para deportistas: ZURICELIS. Zuriñe en una competición Pregunta.- Tu historia es un ejemplo de superación personal, Zuriñe. Comenzaste con 7 años a practicar atletismo, el cual has definido como tu motor, y llegaste a conseguir siete títulos de campeona de España. ¿Qué supuso el deporte para ti cuando eras apenas una niña? Respuesta.- El atletismo fue mi primera gran escuela de vida. Con 7 años no era consciente de lo que significaba competir o entrenar, pero sí sentía que allí encontraba un lugar donde expresarme y crecer. El deporte me enseñó pronto la importancia de la constancia, de marcarse objetivos y de entender que el éxito no llega de un día para otro, sino tras muchos entrenamientos, caídas y aprendizajes. Cuando comencé a destacar y llegaron los títulos de campeona de España, no solo fue un logro deportivo: también fue un impulso personal que me ayudó a confiar en mí misma. En la adolescencia, el deporte me dio estructura, motivación y un grupo humano increíble con el que compartí momentos inolvidables. Para mí el atletismo no era simplemente un hobby, sino un motor que me guiaba en todas las áreas de mi vida. Eso sí, mirando atrás, soy muy consciente de que entonces no tenía los conocimientos que manejo hoy sobre entrenamiento, prevención o nutrición. Estoy convencida de que, de haber contado con esa base, mis resultados podrían haber sido aún mejores. Esa reflexión es lo que hoy me impulsa a acompañar a otros deportistas: quiero que tengan a su alcance las herramientas que yo no tuve, para que puedan exprimir todo su potencial sin tener que pasar por los mismos obstáculos. La decisión de ser enfermera deportiva P.- Después, decidiste estudiar Enfermería. ¿Qué te llevó a optar por la profesión? R.- Mi primera idea era estudiar el Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFYD) porque siempre tuve claro que quería dedicarme al deporte. Sin embargo, fue mi padre quien me animó a estudiar Enfermería (él es enfermero, y yo siempre le escuchaba hablar de su trabajo en casa, cosa que me apasionaba), y con el tiempo entendí que había sido una gran decisión. Al principio no imaginaba que pudiera unir ambos mundos, pero hoy estoy convencida de que este camino me ha permitido construir algo único. La enfermería me dio una visión global de la salud, de la prevención y del cuidado de las personas que ningún otro grado me hubiera aportado. Y, con los años, descubrí que podía trasladar ese conocimiento al ámbito deportivo, creando un perfil poco explotado en España, pero con mucho futuro: el de enfermera deportiva. A nivel internacional, la figura de la sports medicine nurse está muy reconocida y tiene un papel clave en equipos multidisciplinares. Aquí todavía no existe como especialidad oficial, pero es una rama apasionante en la que estoy trabajando día a día para darle visibilidad y consolidarla. Creo firmemente que la enfermería tiene muchísimo que aportar al deporte, desde la prevención de lesiones hasta la nutrición y la interpretación de analíticas. P.- Cuando te gradúas como enfermera te marchas a Londres a desempeñar la profesión. ¿Dónde estuviste desarrollando tu labor enfermera? R.- Trabajé en distintos hospitales del NHS, principalmente en áreas de cirugía, paliativos, medicina general, urgencias y cuidados intensivos. Fue una experiencia muy intensa porque me encontré de golpe con un sistema sanitario muy distinto, con protocolos muy definidos, con un gran trabajo en equipo interdisciplinar y con una enorme carga asistencial. Algo que siempre destaco es la formación continua: especialmente en la UCI, donde nos exigían ser mejores cada día. Hacíamos exámenes periódicos, nos financiaban programas de mentorship para formar a nuevos/as enfermeros/as y, en muchos casos, incluso los másteres. Esa inversión en el desarrollo profesional te hacía crecer constantemente y sentirte valorada. En España, por desgracia, gran parte de esa formación recae en el bolsillo de la propia enfermera, lo que limita mucho la progresión. Vivir y trabajar en Londres no solo me dio experiencia clínica, sino también vital. Aprendí a desenvolverme en un entorno multicultural, a comunicarme en otro idioma bajo situaciones de máxima presión y a ser muy resolutiva. Fueron años duros, de mucho aprendizaje, pero también muy enriquecedores: me hicieron crecer como enfermera y como persona. Y, sobre todo, me ayudaron a clarificar qué quería y qué no quería en mi futuro. Para convertirte en la persona que quieres llegar a ser tienes que aprender, probar y también descartar. A mí me llevó casi ocho años desde que terminé la carrera darme cuenta de lo que realmente quería: unir enfermería y deporte para crear mi propio camino. P.- ¿Cuáles son las principales diferencias que percibiste en la profesión enfermera entre Reino Unido y España? ¿Qué puntos a favor y en contra encontraste? R.- La diferencia más clara es la autonomía profesional. En Reino Unido la enfermería está muy reconocida, con un papel protagonista en la toma de decisiones, competencias avanzadas y un gran respeto social. Allí la enfermera no es solo “quien cuida”, sino también quien lidera protocolos, prescribe en determinados casos y tiene un margen de actuación clínica mucho mayor. Eso genera confianza, responsabilidad y un sentimiento real de pertenencia. En España, en cambio, en más de una ocasión me he sentido un número más dentro de una lista. A ello se suma la precariedad laboral: contratos temporales encadenados, incertidumbre sobre el futuro y la dificultad para planificar tu vida personal. Muchas veces la única opción para ganar estabilidad es aceptar peores condiciones salariales en la sanidad privada, lo que genera frustración y ansiedad. Aunque estamos avanzando en ciertos aspectos, seguimos arrastrando un techo de cristal que limita el desarrollo de la profesión. Tenemos un nivel de formación y preparación altísimo, de hecho, nuestros/as enfermeros/as están muy valoradas en el extranjero, pero la estructura sanitaria en España a menudo impide desplegar todo ese potencial. Aun así, si tuviera que destacar un punto fuerte de nuestra enfermería sería, sin duda, la cercanía con el paciente. La calidez, el trato humano y la empatía que caracteriza a las enfermeras y enfermeros en España es algo único, y es precisamente lo que más valoran los pacientes. El regreso a las pistas P.- Y tras siete años alejada de las pistas, volviste a competir… ¿Cómo fue el regreso? ¿En qué áreas tuviste que esforzarte más? R.- El regreso fue un auténtico reto. Pasé siete años centrada en mi profesión, sin entrenar a nivel competitivo y sin una estructura clara en cuanto a entrenamientos. Los turnos de 12 horas en el hospital me dejaban agotada, y podía pasar meses sin pisar un gimnasio. Mi prioridad entonces era otra: viajar y conocer mundo. Cuando volví a España, con 26 años, reapareció esa “gula” de intentarlo de nuevo. Sin embargo, me encontré con un cuerpo distinto: más maduro, con otras prioridades y con viejas lesiones que regresaban. Fue durísimo, me dolía todo y pensaba que jamás volvería a ser la atleta que fui. Intenté regresar en tres ocasiones, y fue la tercera, ya instalada en Castro Urdiales, la definitiva. Al principio solo quería ponerme en forma, pero mi carácter competitivo apareció pronto. Me impliqué al 100% y los resultados llegaron: campeona de Euskadi, mínima para los Campeonatos de España… aunque con una diferencia notable: las mínimas de hoy son mucho más exigentes que cuando era juvenil, donde esas marcas te aseguraban casi un podio. Lo más difícil fue volver a confiar en que podía saltar y correr sin miedo a lesionarme. Tuve que trabajar a fondo en la prevención y readaptación de mi tendón de Aquiles (mi punto débil de siempre) y reforzar mis rodillas. Tengo condromalacia rotuliana grado 3 en la izquierda, y aún recuerdo cuando el traumatólogo me dijo: “Tienes que dejar el deporte o en dos meses no volverás a caminar”. Yo le respondí: “Jamás. Buscaré la manera de seguir compitiendo”. Hoy no solo estoy sin dolor, sino que he batido mi mejor marca personal: 6,25 m en salto de longitud, todo gracias a mis conocimientos actuales y el apoyo de mi familia. Mis disciplinas, el salto de longitud y el triple, son muy lesivas y exigen una preparación exhaustiva para no romperse. A nivel mental también fue muy exigente, ya no era la niña que competía sin pensar, ahora soy una mujer que equilibra trabajos (presencial y online), estudios (dos másteres), entrenamientos de 2-3 horas al día y, al mismo tiempo, pareja, familia y amigas. Esta segunda etapa me enseñó algo valiosísimo: que se puede volver, disfrutar del proceso y competir desde otro lugar, sin obsesionarse con las marcas. Y, sobre todo, que la formación y el conocimiento en prevención y preparación son tan importantes como el propio talento. ZURICELIS une sus dos pasiones: enfermería deportiva y deporte La unión de la enfermería deportiva y el atletismo P.- Tras este recorrido profesional y personal comenzaste con un proyecto mediante el que ayudas a aquellos que quieran superar sus propias marcas o su forma física. ¿En qué consiste? R.- Mi proyecto se llama ZURICELIS y nació de la unión de mis dos mundos: la enfermería y el atletismo. Su objetivo es ofrecer un acompañamiento integral a deportistas (desde corredores populares hasta atletas de élite) con un enfoque basado en la evidencia y en la valoración individual previa. Incluye tres pilares fundamentales: Entrenamiento personalizado, diseñado a partir de valoraciones previas de raquis, postura y rangos de movimiento (ROM). Nutrición deportiva adaptada, ajustada a cada objetivo y siempre teniendo en cuenta las necesidades clínicas según parámetros analíticos, para optimizar el rendimiento y la salud. Prevención y readaptación de lesiones, mediante programas de ejercicios correctivos basados en valoraciones funcionales previas. Trabajo de manera online, apoyándome en herramientas de valoración funcional y en un seguimiento cercano que me permite llegar a deportistas de distintos lugares a través de las redes sociales. Mi filosofía es clara: primero la salud, después el rendimiento. En realidad, lo que construyo hoy con mis pacientes y deportistas es aquello que me hubiera gustado tener cuando era atleta más joven: una guía integral que evitara la desinformación, el ensayo-error y muchas lesiones. Y, sobre todo, lo hago desde una perspectiva enfermera, integradora, que no se limita a un enfoque individual como puede hacerlo un entrenador, un nutricionista o un fisioterapeuta de manera aislada. Gracias a mis estudios en enfermería y a las formaciones complementarias que he realizado, puedo unir lo mejor de todos esos mundos. Ese es, precisamente, el valor diferencial de mi proyecto. P.- Con una vida tan emprendedora como la tuya, ¿qué metas tienes? ¿Dónde te ves en el futuro? R.- Mi meta es consolidar mi marca personal y convertir a ZURICELIS en un referente de la enfermería deportiva. Quiero que cada vez más deportistas entiendan que la figura de la enfermera deportiva puede ser clave para su rendimiento y su salud, al mismo nivel que un entrenador o un médico deportivo. En los próximos años me gustaría ampliar mi alcance internacional, seguir compitiendo mientras mi cuerpo me lo permita y, sobre todo, contribuir a la formación de otros profesionales sanitarios en este enfoque integrador. Sueño con un futuro en el que podamos hablar de una enfermería deportiva reconocida y con un papel activo en clubes, federaciones y equipos multidisciplinares. A nivel personal, mi gran objetivo es demostrar que se puede ser atleta, sanitaria y emprendedora a la vez. Que no es necesario elegir un único camino, sino que se pueden combinar pasiones y construir un proyecto de vida coherente con tus valores, con impacto real en la vida de otras personas. Noticias relacionadas “Tanto en el fútbol como en la enfermería es ... "Tanto en Enfermería como en Educación Física ... Atletismo, deporte, enfermera, enfermería deportiva