La enfermera de vigilancia epidemiológica: investigación y educación para la salud para abordar la pandemia de COVID-19

Jueves, 26 de noviembre de 2020

“Las funciones de las enfermeras de vigilancia epidemiológica son muy diversas. En nuestro caso, establecemos relaciones de confianza con los pacientes: posibles casos y confirmados de COVID-19. También gestionamos citas para ver y comunicar resultados de PCR o serología ELISA, valoramos sintomatología y derivamos a los diferentes profesionales, como medicina o colaboración con la trabajadora social, entre otros”, explica Antonia Vélez, enfermera de vigilancia epidemiológica y especialista en enfermería familiar y comunitaria del Centro de Salud Hellín II, ubicado en Albacete.

Asimismo, las labores que engloba este ámbito pasan por el apoyo emocional y familiar, el establecimiento de redes con contactos estrechos, la realización del seguimiento o la gestión de bajas laborales. “Es importante la educación para la salud sobre prevención de contagios, hábitos higiénicos y saludables. También nos ocupamos de la coordinación con la Policía Nacional, epidemiología de Albacete, hospitalaria, centros sociosanitarios, colegios, entidades, empresas…”, completa.

Vélez elaboró, junto con la también enfermera Elena Ferrer, una infografía sobre la vigilancia epidemiológica, recogida por el Colegio de Enfermería de Albacete. Ferrer, destaca, “tiene una maravillosa condición: sus ganas de divulgar y visibilizar la enfermería a través de las redes sociales. Contactó conmigo y me propuso realizar esta infografía sobre el ahora tan mencionado tema de las ‘enfermeras rastreadoras’, y creamos este magnífico documento”.

Así se investiga: el trabajo diario de las enfermeras de vigilancia epidemiológica

En dicha infografía se hace referencia a la importancia de fundar un vínculo de confianza con el paciente, y Vélez, a este respecto, apunta que cuando realizó “la especialidad de enfermería familiar y comunitaria, pude aprender lo importante que es establecer redes con nuestros pacientes y vecinos del barrio. Generar un clima de estas características, y respeto, entre afectado y sanitario es fundamental para alcanzar el máximo nivel de salud y que ellos sean partícipes de la propia gestión de su estado”. Si esto no se produjera, añade, “quizás no se podría llevar a cabo una buena comunicación con los pacientes, no se les podría ayudar a resolver dudas sobre el virus, tan novedoso y tan peculiar, y no podríamos proteger la salud de los contactos”.

De esta forma, en el momento en que se notifica un posible caso de COVID-19, las enfermeras se ponen en contacto con él, realizan una encuesta epidemiológica con una serie de ítems, como inicio de síntomas, posible ámbito de contagio, contactos estrechos en las últimas 48 horas, ámbito laboral, etc., señala Vélez. “Lo incluimos en un Excel de trabajo diario en el que tenemos a todos los pacientes sospechosos y confirmados desde finales de mayo, cuando comenzamos, y que se reporta a Sanidad todos los días”. A continuación se gestionan las citas para ver los resultados y se resuelven dudas que tengan pacientes y familiares.

En caso de que el sujeto tenga PCR positiva, se comunica, se resuelven dudas y se presta apoyo emocional. Se piden nombres y apellidos de los contactos que había comunicado y se da cita para valoración médica y seguimiento del médico y la enfermera de Atención Primaria. “En mi caso, me gusta dar la oportunidad al paciente de contar a sus familiares y amigos la noticia, ya que nosotras no podemos decirle a un contacto el nombre del positivo, y eso genera más estrés”. Si es un niño se deriva a su enfermera de vigilancia epidemiológica escolar.

En lo que respecta a los contactos se resuelven, asimismo, dudas, se ofrecen recomendaciones sobre higiene y control de posibles síntomas, se dan citas con sus médicos para baja laboral los diez días de cuarentena posteriores que corresponden y “ofrecemos nuestro teléfono para cualquier duda, si nos tienen que llamar los días que no les contactemos para seguimiento”. La búsqueda comienza cuando el paciente es sospechoso, “le invitamos a reflexionar con quién estuvo las 48 horas de comenzar con síntomas o de realizarse una PCR, por cualquier motivo, en la que dio positivo. Recordemos que contacto estrecho es más de 15 minutos, menos de dos metros de distancia y sin mascarilla, o diversas situaciones especiales descritas en protocolos, como transportes”. Cuando es positivo se piden nombres y apellidos, “antes solo reflejábamos número de contactos y parentesco”.

En la anteriormente referida infografía se menciona, por otra parte, la educación para la salud, que “es y debe ser el día a día de los profesionales de los centros de Primaria. Médicos, administrativos, fisioterapeutas, higienistas dentales, etc., todos realizamos esta educación, con el fin de empoderar a nuestros pacientes y que sean capaces de gestionar su propia salud”, subraya Vélez. En el caso de la vigilancia epidemiológica es “muy importante” en lo tocante a la protección de convivientes o simplemente para aprender cómo actuar cuando concluya el aislamiento para que no vuelva a producirse un contagio. En este ámbito, las enfermeras “debemos orientar nuestro trabajo a la prevención y la promoción de la salud, evitar enfermedades, no curarlas. Tenemos que mirar siempre hacia la salud e impulsarla, no hacia la enfermedad”.

El día a día en la vigilancia epidemiológica “es igual de estresante que satisfactorio”. La labor se basa en la coordinación con el equipo de Atención Primaria para “proteger y ayudar a nuestros pacientes, a los que conocemos desde siempre; es un trabajo muy bonito. Quizá la parte más dura es todo el tema de gestión del caso y trámites burocráticos, si bien necesaria para poder frenar la pandemia”. Para ejercer en este ámbito, comenta, se requiere formación en atención familiar y comunitaria, “compromiso con las familias y población en general, muchas ganas de divulgar y cuidar y, sobre todo, tiempo, que quizá sea el principal problema de las enfermeras de Atención Primaria, con todas las labores que realizamos a diario”.

Situación de la COVID-19: perspectiva de una enfermera de vigilancia epidemiológica

“Mi experiencia me genera mucha tristeza. Pasamos muy bruscamente del pánico al pasotismo”, comenta Vélez. “Estamos en una situación muy complicada. Tenemos pacientes muy concienciados, comprometidos, y otros, justo lo contrario”. Aunque, según su punto de vista, es más sencillo quedarse con la parte buena “que sufrir con los que no nos valoran, no nos escuchan y desafían su propia salud y ponen en peligro la de los demás”.

Según sus observaciones, con el periodo estival se ha producido un incremento de las reuniones sociales y las fiestas privadas, y con la reincorporación a la vida laboral “han aumentado los casos. Quizá ese descuido de intentar vivir ‘un verano normal’ está arriesgando demasiadas vidas. Ahora tenemos más ingresos y empeoramiento de síntomas”.

Al preguntarle sobre las perspectivas de futuro, esta enfermera afirma que, en su opinión, hoy en día nadie se atrevería a hacer una previsión. Dada la complejidad del virus, “muchas veces tenemos la sensación de no entender la medicina y la enfermería como tales. Supongo que seguiremos lidiando con él con todas nuestras fuerzas. Y esperemos que no mucho tiempo”.

Por todo ello, Vélez quiere mandar un mensaje de ánimo al resto de profesionales. “Mucha fuerza para continuar. Llevamos muchos meses, meses sin ver a familiares, sin poder vivir como queríamos, pero estamos realizando un gran trabajo, en equipo, superándonos cada día y aprendiendo constantemente. Resiliencia y salud, compañeros”, concluye.

Noticias relacionadas

COVID-19, educación para la salud, Enfermera de vigilancia epidemiológica, investigación, prevención

¿Quieres comentar la noticia?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*