Relato enfermero: Sonrisas y lágrimas en interna

Viernes, 16 de julio de 2021

Ocho de la mañana, comienza nuestra jornada. Lo primero de todo, el cambio de turno; las compañeras nos cuentan cómo ha sido su noche y las incidencias de nuestros pacientes. Otra noche intensa en interna, ha habido siete ingresos y un exitus durante el turno. Las caras de sueño relatan la ardua jornada. Toca comenzar con la rutina, hora de preparar los tratamientos, cientos de pastillas, jeringuillas cargadas de medicación y sueros a distintas horas. Repartimos medicación y tomamos constantes, pero no sin previamente disfrazarnos con las medidas de seguridad implantadas, mascarilla FFP2, la bata de plástico, esa que te hace sudar la gota gorda, pantallas y guantes. A esto le siguen analíticas, curas, realizar procedimientos como el sondaje, modificación de tratamientos y dietas, hablar con los médicos y dedicar, aunque sea, un poco de tiempo a nuestros pacientes, ya que escuchar es mucho más útil que medicar en algunos casos.

La planta de Medicina Interna alberga pacientes que necesitan una ayuda parcial o total del personal, puesto que no son válidos por sí mismos para vestirse, asearse, moverse o alimentarse. Muchas veces los profesionales de enfermería descuidan esta atención, bien sea por carga de trabajo o porque simplemente no les apetece realizarla y recaen en nuestras compañeras TCAE. Durante este rotatorio, hemos coincidido con verdaderos profesionales enfermeros que han estado pendientes en todo momento de las necesidades de los enfermos, poniendo más énfasis en sus cuidados; preocupándose por la movilización diaria de cada uno, imprescindible para evitar la aparición o agravamiento de úlceras por presión, así como el empeoramiento del estado general de los mismos; participando de forma activa en la alimentación y administración de medicamentos, conociendo en primera persona los gustos y necesidades, haciéndoles así la estancia mucho más amena.

Este es un breve resumen de cómo es nuestra jornada de prácticas en medicina interna en el hospital de la provincia de Palencia. Si bien es cierto que trabajo hay mucho, eso no quita para tener un ratito de descanso, entre timbre y timbre, para reponer fuerzas, beber agua y seguir con todo lo que nos queda. Aunque durante esta época que nos ha tocado vivir nos vemos obligados a cambiar hasta la forma de estos, ya que debemos mantener el aforo y las distancias por el bien de todos.

Es increíble cómo han cambiado las cosas desde la última vez que hicimos prácticas en una planta, la pandemia ha traído consigo nuevos protocolos, procedimientos, vestimentas y formas de actuar para casi prácticamente cualquier cosa que debamos hacer tanto con los pacientes como con los compañeros de la planta. No obstante, consideramos que los más perjudicados con estas nuevas limitaciones son los pacientes y sus familiares, ya que ven restringidas o prohibidas las visitas, salvo en el caso de aquellos que tienen un mal pronóstico, que sí están autorizados por orden médica.

Durante estos meses de prácticas estamos viviendo historias realmente impactantes, que nos están haciendo reflexionar, cambiar nuestra forma de pensar y de ver la vida. A continuación, relatamos algunos casos de pacientes y experiencias que nos han conmovido personalmente.

Nuevo ingreso en medicina interna, un paciente acude por una caída producida por mareos de origen desconocido. Este vive en su domicilio y es totalmente autónomo para realizar todas las actividades básicas de la vida diaria sin dificultades. Los primeros días debía permanecer encamado por orden médica, por tanto, se le puso un pañal. Pasados unos días su médico le permitió deambular por la habitación bajo vigilancia; la enfermera le indicó que cada vez que necesitase acudir al servicio avisara para prevenir nuevas caídas, no obstante, no se le retiró el pañal de forma preventiva. Durante la hora de las comidas hablamos con él, nos comenta indignado que él no tiene necesidad de llevar ese colgajo, el pañal, y que no entiende el motivo de no poder moverse sin supervisión cuando lleva toda su vida viviendo solo sin problemas. La enfermera nos explica que no se lo pueden quitar porque debe estar alguien presente cuando deambula. En su caso las visitas no están autorizadas porque no se encuentra en una situación crítica o con un mal pronóstico; si pudiera estar acompañado por un familiar durante el día podría acudir al baño y asearse sin necesidad de ser dependiente.

Un día cualquiera, al entrar en una de las habitaciones para realizar la rutinaria toma de constantes, encontramos a uno de nuestros pacientes con respiraciones agónicas. Al medir la saturación de oxígeno confirmamos que esta era muy deficiente. Por tanto, avisamos al médico de urgencias y seguimos sus órdenes. Después de un par de horas falleció solo en su habitación. Inmediatamente el médico se puso en contacto con los familiares para informarles de la trágica noticia, para la familia fue muy duro recibirla, ya que desconocían el ingreso de su familiar. Esto por desgracia se está convirtiendo en una nueva realidad, la pandemia nos fuerza en algunos casos a experimentar este tipo de situaciones en las que los pacientes no pueden despedirse de sus familias y viceversa.

Bien es cierto que también estamos viviendo situaciones un tanto surrealistas. Una mañana encontramos en una habitación a tres familiares, cuando solamente está permitido uno y solo se facilita una tarjeta de acceso por paciente. Esta situación la vivimos varios días y no concebimos cómo lograban entrar, hasta que descubrimos que se tiraban la tarjeta por la ventana. También nos hemos encontrado afectados de edad avanzada que desconocen la utilidad de la mascarilla quirúrgica y por tanto la emplean para distintos usos, como antifaz para taparse los ojos al dormir, a modo de pañuelo, como cinta del pelo…

Esta planta llena de profesionales nos ha mostrado y enseñado a escuchar y comunicarnos con el paciente, permitiéndonos conocer al mismo en su totalidad. Hemos aprendido a valorar el trato que damos a los enfermos y los cuidados que requieren en todas sus dimensiones: la física, la emocional, la espiritual y la mental. Ahora más que nunca, debido a la situación que estamos viviendo y las enfermedades degenerativas comunes de la edad, nuestro trabajo con cada uno de ellos debe ser más protagonista que nunca. Esta nueva situación que llevamos viviendo los últimos meses ha cambiado mucho el estilo de vida y forma en la que actuamos en todos los ámbitos. Bien es cierto, que desconocemos hasta qué punto todas las medidas que adoptamos, sobre todo las que influyen más directamente sobre los pacientes y sus familiares, son acertadas en esta situación o como dice el refrán puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Gracias a la pandemia el mundo ha descubierto el papel tan importante que tiene la enfermería en el cuidado de los pacientes. Aunque sea duro para los enfermos estar solos y para los familiares la sensación de abandono por no poder estar presente cuando los necesitan, es un consuelo saber que nuestras futuras compañeras, las enfermeras, están todos los días a su lado para prestarles la atención que precisen. La mayoría de los pacientes suele tener un mal pronóstico clínico o un estado general muy deteriorado; a pesar de ello, siempre tratan de agradecernos o hacernos ver, con simples gestos, que los cuidados, por mínimos que sean, les influyen de forma positiva. Aunque es cierto que es más reconfortante cuando estos se encuentran más orientados y son capaces de verbalizar lo agradecidos que están con nosotros por los cuidados recibidos.

Sin lugar a dudas, durante estos meses hemos descubierto la parte más bonita de nuestra futura profesión, el saber cuidar a cada persona y cómo esto influye en todos los ámbitos de la persona y sus allegados.

Autoras: Irene Bilbao Barbero, Isabel de Blas Zurdo, Sandra Hernández Delgado

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