Relato enfermero: Viaje al centro del quirófano

Viernes, 9 de julio de 2021

¡Hola! Somos cuatro alumnas de Enfermería y os vamos a contar nuestro primer día en un mundo paralelo a la vida diaria del hospital, normalmente situado en las primeras o bajas plantas, y que no sigue las reglas de normotermia del resto del complejo. Sí, ya lo has adivinado, estamos hablando del quirófano. ¿Quieres acompañarnos en nuestro primer día? Ponte un abrigo, coge tu mejor bufanda y sigue leyendo.

quirófano

El quirófano, ese lugar que solo con nombrarlo causa descompensaciones en las constantes vitales de los alumnos. Y ahí aterrizamos nosotras, en frente de unas gigantescas puertas de acero que nos separaban de nuestro nuevo destino. Sentíamos nervios e incertidumbre e imaginamos tras las puertas un caos total en el que prevalecía la urgencia y la diligencia de todo el personal sanitario y no sanitario. Todo esto engloba también la inminente idea de que todo estaría rebosante de sangre y de medicación en pacientes habitualmente monitorizados. Simultáneamente nos venían imágenes de películas en las que las pantallas de monitorización estarían saturadísimas de información y en las que probablemente se avisaría de alguna típica asistolia que acontece en todas y cada una de las cinematografías que se ambientan en esta unidad.

Tras el reparto de los que van a ser nuestros nuevos uniformes, la supervisora nos da paso al interior de la “planta pitufa”. Nos sorprendió ver que nuestras sospechas eran infundadas. Los trabajadores, que en su totalidad vestían de azul, llevaban gorros de todos los colores y muy graciosos. Nos recibieron con una gran sonrisa (bueno, lo sospechamos, ya que con las mascarilla es difícil de intuir). Todo esto hizo que nuestras pulsaciones fueran retomando valores normales. ¡Ingenuas! Ahora toca repartirse por quirófanos y separarte de las únicas personas que conoces en este sitio.

Primera parada: quirófano de urología, lugar en el que prevalece la oscuridad y donde solo se ve una pequeña pantalla. Suponemos que había alguien, porque teniendo en cuenta el plástico azul que tenía encima, solo dejaba lugar a dos opciones, una persona o una tienda de campaña montada en el centro de la sala. Pero retomemos el detalle de la televisión; no, no estaban viendo Los Simpson, estaban viendo el interior del cuerpo gracias a un instrumento largo y extrafino con una cámara, que junto con otras herramientas compone un equipo denominado laparoscopia. Ha debido de ponerse muy de moda, ya que, como más tarde aprendimos, lo utilizan para muchas cosas: con este equipo te hacen una biopsia, como te extirpan un órgano… es muy camaleónico.

Pero esto no acaba aquí, a medida que avanzan las intervenciones, vas viendo que hay una cierta tendencia a que la sala se llene de agua de lavado y que más que un quirófano parezca una piscina. Esto no varía, por lo que te llegas a plantear la necesidad de adquirir un equipo completo de snorkel. Y tú, que en tu mochila solo has traído un zumo, un pañuelo, la tarjeta identificativa y un bolígrafo pensando que sería suficiente.

Segunda parada, quirófano de ginecología. La idea de ver una cesárea tras otra desaparece nada más entrar al explicarte que lo que más vas a ver son úteros. Y así es, pero dentro no encontraremos niños, sino miomas o pólipos más bien.

Tras ello llega la primera pregunta trampa: “¿sabes lo que es una histerectomía?”. Tú, haciendo memoria de los tres años de carrera anteriores, logras salvarla y responder que se trata de la extirpación de útero. Pero no acaba ahí el examen. Las laparoscopias son un perfecto momento para repasar la anatomía del aparato reproductor femenino, el cual se ve muy diferente en los dibujos de los libros de texto. Cuando el cuestionario da por finalizado y piensas que es un buen momento para preguntar por todas las pinzas, tijeras e instrumental colocado ordenadamente sobre unas inmensas mesas, te dicen que no, que lo imprescindible para trabajar en quirófano es aprender a moverse en él. Y no, no se refieren a bailar siguiendo la música que tienen de fondo, sino a esquivar cual recortador de vaquillas tanto mesas como cirujanos y enfermeras lavadas. Tampoco podemos olvidar el arte secreto de abrir los paquetes estériles sin contaminar el campo, que nada tiene que envidiar a los magos haciendo levitar objetos. Saturada tras tanta información, decides que es suficiente para el primer día. Mañana más y mejor.

Tercera parada, quirófano de cirugía, o como nos gusta llamarlo “el quirófano universal“, donde puedes encontrar tanto un aumento de mama como una colectomía, procedimiento quirúrgico en el que se extirpa todo el colon o parte de él. Pero centrémonos en la impresión del primer día. Lo primero que piensas al entrar y ver tantas personas es que esto se parece más a un plantilla completa de fútbol que a un quirófano. Sí, has leído bien, con un mínimo de ocho personas, aquí todo parece estar bien ordenado y colocado, lo que parece bastante difícil, porque lo único que se puede observar son cajas e instrumentos gigantes que hacen que se te dispare la tensión por las nubes.

Cuando la gente piensa en cirugía general, se imagina sangre y órganos colgando de un cuerpo en una mesa de operaciones. Pues sentimos decepcionaros, pero esto no es Anatomía de Grey y la mayoría de las operaciones se realiza por laparoscopia, para la cual se necesitan tantos aparatos que pueden volver loca hasta a la persona más cuerda. Con esto no quiero decir que no haya que estar preparado para abrir al paciente en cualquier momento.

Por último, la cuarta parada, el quirófano de traumatología. Aquí confirmamos nuestras sospechas; aquello es una carnicería humana. Sin duda es el quirófano más tosco y complejo; no hay más que mirar a la instrumentista colocando y organizando todas las herramientas entre las que se incluyen clavos, material de fresado, destornilladores y pistolas en diversas mesas. Al entrar pensamos que un traumatólogo podría apañarse bien como mecánico, dado que la única diferencia entre ambos es que uno arregla coches y otro, personas.

Aquí, en el quirófano número 6 frecuentan mucho las roturas de cadera, sobre todo en gente mayor, por lo que gran parte de las intervenciones es extremadamente complicada. Mayormente, se hacen recambios de prótesis o clavos y es ahora cuando logramos entender aquel dicho que decían nuestros abuelos “un clavo saca otro clavo”. ¡Y con razón! Martillazo por aquí, bisturí por allá… cualquiera diría que todo el que pasa por la cama del quirófano de trauma acaba ganando el oro nacional (y quién sabe si internacional) de gimnasia o trapecista tras someterse a la incontables tracciones y reducciones de las extremidades tanto inferiores como superiores.

Para cuando nos damos cuenta llegan las 15 h, hora de terminar nuestra primera jornada. Después de cambiarnos y juntarnos las cuatro compañeras la pregunta surge al unísono: “¿qué tal ha ido el primer día?”. Llegamos al acuerdo de que quirófano es un universo paralelo distinto al hospital que conocíamos hasta ahora, probablemente el más diferente que podamos encontrar. Por ello, nos toca aprovechar esta oportunidad y aprender mucho en estos meses que tenemos por delante y así formarnos para ser unas estupendas enfermeras y buenas profesionales.

Autoras: Leire Bermúdez Acedo, Maialen Rojo Salazar, Miren Fernández Godoy y Eva Badallo Gelpi

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