Servicio de emergencias: el primer contacto con el coronavirus

Jueves, 30 de abril de 2020

Tristeza y desolación. Estas son las palabras con las que muchos profesionales sanitarios describen la situación con la que se encuentran cada día cuando salen a trabajar. Ciudades vacías, silencios rotos por vehículos del ejército o ambulancias que recorren las calles para socorrer a todos aquellos que los necesitan. Germán Prieto, Ángel Gómez y Henar Onrubia trabajan en la Unidad Móvil de Zamora como técnico de emergencias sanitarias, médico y enfermera. Tras más de mes y medio de confinamiento siguen impresionados al ver las calles de su ciudad tan solitarias, una situación de tristeza generada por un virus que se resiste y que ya ha contagiado a cientos de miles de personas.

Ángel Gómez y Germán Prieto. Médico y Técnico de Emergencias Sanitarias
Ángel Gómez y Germán Prieto. Médico y Técnico de Emergencias Sanitarias

Ellos reciben el aviso y se exponen cada día al ser los primeros en estar en contacto con los posibles positivos en COVID-19, son los primeros ante el peligro junto con los trabajadores de Atención Primaria. Se encuentran pacientes nerviosos, con miedo y mucha desinformación. «Los pacientes están aguantando mucho en los domicilios, tienen miedo a acudir a los centros sanitarios y a llamarnos por si los derivamos. A pesar de vernos entrar casi como astronautas, por regla general están muy tranquilos y obedecen todas nuestras indicaciones. Hay que destacar que la gran mayoría al despedirnos nos dan las gracias y nos dicen que nos cuidemos, que somos muy necesarios.», confiesa Ángel.

En la UME van un médico, dos técnicos en emergencias sanitarias y una enfermera. Realizan guardias de 24 horas. Al llegar a su puesto de trabajo, el equipo que sale les informa de las novedades o gestiones que deberán realizar, revisan la ambulancia asistencial y la desinfectan con una máquina de ozono y agua con lejía, revisan todo el material (mascarillas, gafas de oxigenoterapia, D.E.A y epis), y siguen pendientes del teléfono por si surge un nuevo aviso. La situación debido al coronavirus ha cambiado. Cuando entra un aviso, sea del tipo que sea, se ponen la protección pertinente. «No podemos permitirnos llegar a un domicilio y si es sospechoso ponernos allí los epis», explica Germán.

Situación complicada e inesperada

En la zona hay un soporte vital básico (S.V.B) encargado del COVID-19, pero actualmente están desbordados, por lo que ahora mismo salen a todo tipo de avisos. Cada día acuden en la ambulancia a los domicilios para atender a las personas que los necesiten. «Creo que los servicios de emergencia son fundamentales; junto con Atención Primaria intentamos atender a los pacientes en sus domicilios y derivar a los hospitales solo lo estrictamente necesario para así evitar el colapso de las urgencias, pero cuando la gravedad lo requiere somos los encargados de intentar estabilizarlos y llevarlos a los centros de referencia. Se merecen una mención especial los compañeros de las unidades de soporte vital básico, técnicos en transporte sanitario (TTS) que realizan la mayoría de los traslados de los pacientes sospechosos y confirmados de covid-19 cuando su gravedad lo permite.», explica Ángel Gómez.

La enfermera Henar Onrubia

Los tres coinciden en que la sociedad no estaba preparada para una situación similar. «Creo que habíamos supuesto muchas situaciones pero esta al menos nosotros no. Los servicios de emergencias siempre estamos como alerta por lo que pueda ocurrir, pero este escenario no lo teníamos previsto. Creo que hemos dado una lección con nuestro trabajo y nuestra entrega. Un personal que aunque tenía muchas reivindicaciones pendientes como peligrosidad, turnicidad, etc., hemos demostrado que por encima de todo estaba solucionar la situación y no hemos aprovechado para reivindicar estas situaciones. Hemos entendido que ahora no era el momento. Yo no sé cómo actuarían otros colectivos, solo sé que hemos trabajado como un gran equipo en el que todos hemos tenido que cambiar y adaptar nuestra situación con el único objetivo de frenar y contener esta situación», explica esta enfermera.

Una situación que nunca antes se había vivido que les ha marcado viviendo momentos duros que jamás podrán borrar de sus mentes. Los tres recuerdan casos difíciles, están viendo sufrir a mucha gente que además de perder a sus seres queridos no pueden despedirse de ellos. «Nada de lo vivido hasta ahora se puede comparar con esto», cuenta Ángel.

Germán recuerda un caso de una paciente que no quería ir al hospital porque tenía que cuidar de su padre y temía contagiarse. «Que cosas tiene la vida, a los pocos días me enteré que había dado positivo en COVID-19». Henar Onrubia, por su parte, confiesa que lo más duro fue aislarse en su propio domicilio por un contacto estrecho, pero la situación mejoró al ver el lado positivo. «Ver cómo mis compañeros se volcaron con nosotros e incluso nos traían la compra hasta casa, nos hacían postres, se acercaba a mi puerta… También un caso de los atendidos, una parada donde pudimos ver cómo todos nos olvidamos de las dificultades actuales para hacer bien nuestro trabajo», recuerda.

Carga física y emocional

Más allá de la carga física por el duro trabajo y las largas jornadas de guardias también sufren una carga emocional al llegar a casa. En el caso de Ángel y Henar, sus parejas también son profesionales sanitarios y la situación es complicada cuando llegan a casa. «Estamos en primera línea y en mi caso por partida doble, mi mujer es médico en un servicio de urgencias hospitalarias. Nosotros, con dos niños menores de edad, no podemos aislarnos como otros compañeros e intentamos, manteniendo ciertas normas, hacer vida lo más normal posible. También llevamos sin visitar a nuestros padres desde el inicio del confinamiento por riesgo de contagiarles», explica Ángel. Germán, por su parte, vive con su mujer que también está muy expuesta al trabajar en un supermercado. «Seguimos una serie de normas. En el piso no podemos aislarnos, así que no queda otra que cumplir muy estrictamente las normas de higiene y limpieza», cuenta.

Los tres profesionales sanitarios coinciden en que el refuerzo o apoyo psicológico es muy importante en estos momentos. «De por sí nuestro trabajo es muy duro a diario, pero ahora con lo que vemos trabajando se acentúa mucho más. Al fin y al cabo somos personas humanas y como tal, puede llegar el momento de pedir dicho refuerzo. Llegado el momento no dudaré en pedir ayuda. Estamos muchas veces bajo mucha presión y soportando casos muy complicados, viendo incluso morir personas a diario, pacientes, familiares, compañeros y amigos», explica Germán.

Henar admite que ahora mismo están en una situación con la adrenalina a tope en donde quizás no se paran a visualizar todo bien, pero admite y coincide con sus compañeros en la necesidad de tener la opción de un apoyo psicológico . «Yo creo que al menos debe estar a nuestra disposición. Mientras dure esta situación igual no es muy necesario porque estamos con la adrenalina a tope y, con muchas ganas de ayudar y aportar. Personalmente, lo que más me cuesta asimilar es lo que ha cambiado la relación con el paciente, también entre algunos compañeros y, lo que más me preocupa es en qué situación va a quedar nuestro país. Miro a mis hijos y, me da pena, lo que les espera para el futuro», cuenta.

El mundo nos ha dado un aviso. No estábamos preparados para algo así. Una situación complicada que ha marcado a muchas personas. Una crisis sanitaria que ha puesto de relieve la importancia de trabajos a los que antes no se le otorgaba la importancia necesaria. Los profesionales sanitarios están pasando por momentos difíciles, quizás uno de los peores de sus carreras profesionales, soportando grandes cargas de trabajo, luchando y sufriendo por no ver a sus familias, por ver a pacientes enfermar. Tienen momentos duros que se les han quedado grabados, pero no olvidan todas aquellas situaciones buenas por las que trabajan como profesionales sanitarios, esas que les recuerdan el motivo por el que siguen cada día ayudando y al pie del cañón.

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Coronavirus, COVID-19, servicio de emergencias, UME, Zamora

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