Superar el cáncer y celebrar la vida subiendo el Toubkal, historia de una enfermera

Jueves, 25 de junio de 2020

Un día cualquiera Vanesa Muñoz acudió, como tantas otras veces, a una revisión rutinaria con su ginecóloga. Lo que no se esperaba es que saldría del hospital con una noticia que le cambiaría la vida. Tenía cáncer, esa palabra que desde hace años asusta y que tantas vidas se ha llevado injustamente. El mundo se le vino abajo, tan solo escuchaba palabras como «quimioterapia», «porthacath», «tac»…porque en su cabeza había miedo y solo retumbaba una frase: «mi hija», una niña que para entonces tan solo tenía dos años.

La lucha fue dura según pasaban las sesiones de quimioterapia y los efectos secundarios comenzaban a aparecer pero ella siempre quiso luchar y sacarle el lado positivo a todo lo que le pasara por delante. «La lucha fue dura pero no es tan fiero el león como lo pintan. Me quedo con las ganas de vivir y hacer un millón de cosas dejando de preocuparme por cosas banales del día a día», explica esta enfermera malagueña que lleva más de 15 años en Fuerteventura, donde acudió para poder ejercer de enfermera.

Siempre le ha gustado el deporte y tras la noticia del cáncer de mama decidió mantenerse activa. «El deporte en mi vida ha ido a épocas. Siempre he practicado submarinismo pero a raíz de la enfermedad comencé poco a poco a caminar para sentirme mejor porque los tratamientos te dejan muy agotada. Como tenia dificultad de movimiento en la axila a causa de la radioterapia, también practique yoga y pilates que me ayudaron mucho. Conforme me he ido encontrando mejor he ido practicando más deporte».

El deporte le ayudaba cada día a encontrarse mejor tanto física como psicológicamente, le ayudaba a mantenerse activa, a tener la mente despejada, a marcarse metas e ir consiguiéndolas. Por ello se unió a Marea Viva, un club deportivo de Fuerteventura que conoció gracias a unos amigos y que le gustó al ver el ambiente y cómo colaboraban con causas solidarias.

El reto

Según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), casi 22.000 mujeres son diagnosticadas de cáncer de mama al año en España, y esta enfermera fue una luchadora más. Con su espíritu decidió marcarse un nuevo reto en su vida, esta vez deportivo, que tenía un solo objetivo: demostrarse a sí misma que era capaz de todo y que no tenía miedo. Para ello se reunieron 8 mujeres, todas ellas supervivientes de un cáncer (Ana, Laura, Maika, Mari Carmen, Mercedes, Natalia, Yaiza y Vanesa, para subir la montaña más alta del Atlas, el Toubkal de 4167 metros. «Hemos llamado a nuestro reto 4167 razones para vivir. Este reto lo hemos realizado en compañía y con la ayuda de una ONG (Sendas solidarias) que está haciendo un trabajo increíble al construir un colegio en Armed. Enrique que es miembro de esta ONG se ofreció a acompañarnos hasta la cima y junto a Edgar, que también forma parte de ella, nos pusieron en contacto con los guías locales, etc.».

Vanesa Muñoz

Esta enfermera malagueña decidió presentarse al reto contando su historia y todo lo que le motivaba a seguir y superar un obstáculo más de su vida. Tras ser aceptada quedaba lo más duro: prepararse y realizarlo. En ese momento le entró algo de miedo y pensó «madre mía lo que se me viene encima», pero tenía claro que la batalla más difícil ya la había pasado y la había ganado con creces: superar la enfermedad, por lo que aunque estaba inmersa en las oposiciones, en cuanto pasaron se dedicó a entrenar.

Vanesa lleva muchos años realizando diferentes deportes, ha estado en diferentes partes del mundo y este reto era una oportunidad más para visitar Marruecos. Todas las chicas irían acompañadas de guías locales, cocinero, fotógrafo para dejar recuerdo y transmitir lo que estaban viviendo, un médico y una enfermera. Caminarían cada día más de 7 horas y se alojarían en diferentes refugios y casetas. Además, llevaban un GPS que permitía a todos aquellos que quisiera seguir el reto en tiempo real, un verdadero reality con el que ayudarían a todos aquellos que, como ellas, han pasado por el cáncer, al donar todo el dinero recaudado, y demostrarían una vez más que sí se puede y sigue habiendo vida.

«Este reto significa poder trasmitir al resto de personas que están pasando por momentos duros de salud que no hay que perder la ilusión y que después de un cáncer se pueden hacer muchas cosas. La experiencia ha sido increíblemente gratificante tanto por superarnos a nosotras mismas consiguiendo hacer cima las 8 en dos días de trekking, como por haber podido conocer esta ONG desde dentro conociendo el trabajo que hacen compartiendo momento con los niños del colegio, sinceramente no tengo palabras para describir todo lo sentido y vivido. Formaremos parte de ese colegio también gracias a Sergi y Clara que estaban pasando unos días allí para pintar el cole y nos incluyeron en el mural», explica.

El papel de la Enfermería

Pasar por una enfermedad así es un camino difícil lleno de obstáculos, pero también te deja momentos bonitos. Vanesa recuerda algunas anécdotas con los que no solo considera compañeros, sino también amigos que la han tratado con muchísimo cariño. «Recuerdo como una compañera mía venía todos los domingos a plancharme la peluca, otra me traía fruta… Conseguí que aparte de enfermeras, se convirtieran en peluqueras, cocineras… ja ja ja». Una enfermedad en la que el papel de los profesionales enfermeros tiene un lugar importante, son su gran apoyo. «Los enfermeros son una parte muy importante del tratamiento junto con el oncólogo. Son los que nos explican a los pacientes las fases por las que vamos a pasar y los efectos secundarios que podemos tener, así como los métodos para combatirlos. Para mí las dos figuras han sido fundamentales en mi proceso».

El cáncer le ayudó a aprender que en esta vida estamos de paso y que no hay que dar nada por sentado. «A todas las que vayan a pasar por lo mismo les diría que entiendo su dolor, lo que nos ha tocado es una mierda pero hay que seguir adelante porque todo pasará».

Ella, a pesar de haber pasado por el dolor y la gran carrera del cáncer, logró superarlo, ganó la mejor batalla y pudo volver a su puesto de trabajo. Ahora tan solo tiene que preocuparse por un objetivo y un nuevo reto: vivir y seguir cumpliendo sueños mientras continúa trabajando como enfermera, el trabajo por el que luchó y viajó hace más de 16 años a Fuerteventura, donde nació su hija, la que le dio las fuerzas para vencer una vez más.

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