“Tendemos a sobreestimar la protección solar que realmente alcanzamos”

Martes, 16 de agosto de 2016

Llega el calor y se extiende ese afán por lucir una piel bronceada. Lo cierto es que a pesar de que el sol tiene unos efectos beneficiosos, si no se toman las precauciones adecuadas hay un riesgo elevado de padecer cáncer de piel.

Nueva imagenEl doctor José Domingo Domínguez Auñón, jefe de Dermatología del Hospital Universitario del Henares, alerta sobre las medidas que se deben de tomar en la exposición al sol.

Pregunta-. De los tipos de radiación solar, ¿cuál es la más perjudicial?

Respuesta-. La radiación ultravioleta B (UVB, de 290 a 320 nm) es la más activa biológicamente y es la principal responsable del eritema y quemaduras por el sol y del bronceado persistente (por síntesis de melanina); también interviene en la síntesis de vitamina D, en el fotoenvejecimiento y en el desarrollo del cáncer de la piel. Esta radiación UVB no atraviesa los cristales de las ventanas. La radiación ultravioleta A (UVA, de 320 a 400 nm) tiene menos capacidad para producir quemadura y cáncer que la UVB, pero penetra más profundamente en la piel y potencia estos efectos carcinogenéticos y de fotoenvejecimiento. Esta radiación UVA es la que emiten las lámparas que se emplean para el bronceado artificial y es la principal causante de las reacciones de fotosensibilidad.

P-. ¿De qué forma puede perjudicar la exposición solar a la piel?

R-. La quemadura solar y el bronceado son los efectos inmediatos más evidentes de la radiación ultravioleta (UVR) en la piel. Pero está bien demostrado que la exposición crónica, prolongada, provoca una disminución de los mecanismos de defensa de la piel (fotoinmunosupresión) que favorece la aparición del cáncer de piel, especialmente en los individuos de piel más clara. Asimismo, el sol es a largo plazo la causa externa más importante del envejecimiento de la piel (seca, inelástica, con arrugas, manchas y telangiectasias).

Estos efectos dañinos de la luz ultravioleta sobre la piel están determinados en buena parte por el daño del ADN celular, que sufre mutaciones. Cuando se alteran los mecanismos de protección de la célula frente a estas, se inicia el desarrollo de cáncer cutáneo.

Por otra parte, existen enfermedades de piel no muy frecuentes inducidas específicamente por el sol o bien reacciones solares en personas que están tomando determinados medicamentos o en las zonas en que se aplican diversos productos (cremas, perfumes, cosméticos…).

P-. ¿Cuál es el tipo de cáncer de piel más frecuente?

R-. El carcinoma basocelular y el espinocelular, por este orden, son los tumores cutáneos malignos más habituales, y su causa conocida más importante es la exposición al sol. Las personas de piel clara y ojos azules tienen una mayor incidencia. Suelen aparecer en las zonas que han estados más expuestas crónicamente al sol (sobre todo, la cara y cuero cabelludo en varones calvos). El melanoma, tumor cutáneo especialmente agresivo y con tendencia a mestastatizar, también está relacionado con la exposición solar, si bien el riesgo parece radicar en las quemaduras solares, especialmente en la infancia. Existen otros tumores de piel, más raros, que también se han relacionado con la exposición excesiva al sol.

P-. ¿Qué recomendaciones da a la hora de tomar el sol?

R-. Deben buscarse las sombras durante las horas en las que el pico de radiación ultravioleta B es mayor, entre 10 a.m y 4 p.m (en general, cuando tu sombra es más corta que tú), además del uso de cremas de protección solar de amplio espectro cada 2-3 horas (en general, con factor de protección solar de 30 o mayor), ropa adecuada, gorras o sombreros de ala ancha y gafas de sol homologadas.

P.- ¿Qué precauciones hay que tomar con la exposición de los más pequeños?

R-. Dado que se desconoce exactamente el grado de absorción sistémica de estos productos en la primera infancia, se desaconseja el uso de cremas fotoprotectoras en menores de 6 meses: en este caso no deben exponerse al sol sin ropa adecuada. En niños mayores, se aplican en general las mismas reglas básicas de la fotoprotección ya comentadas, incluso con más celo si cabe por la ya comentada relación de las quemaduras durante la infancia y la adolescencia con el desarrollo de melanoma. Es fundamental enseñarles desde pequeños los riesgos del sol y a protegerse adecuadamente. Los fotoprotectores para los niños deben ser lo más resistentes posible al agua, sudor y al frotamiento. En cualquier caso, es recomendable limitar las exposiciones en menores de 3 años.

P-. ¿Cuál es el factor de protección adecuado para cada tipo de piel?

R-. En Europa los fotoprotectores se clasifican según su potencia (factor de protección solar-SPF-) en: baja (SPF 6–10), media (SPF 15–25), alta (SPF 30–50) y muy alta (SPF 50+) protección. Este índice se refiere sobre todo a la UVB; el nivel de protección frente a UVA debe ser al menos un tercio del SPF.

Dado que en la práctica nos aplicamos mucha menos cantidad de fotoprotector que la utilizada en los estudios de medición del SPF, la protección que obtenemos es inferior a la que marca la etiqueta del producto, dicho de otra manera: tendemos a sobreestimar la protección solar que realmente alcanzamos. Por ejemplo, una aplicación convencional o no cuidadosa de una crema con factor 15 (que en condiciones normales y adecuadas es suficiente) puede en realidad ofrecer un SPF entre 3 y 5.

Por ello, para las personas de piel clara y que se queman con facilidad así como en todas las situaciones de exposiciones intensas o prolongadas se recomienda un SPF de 30 o superior.

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