Terapias online, ayudando a los niños con cáncer durante la pandemia

Viernes, 13 de noviembre de 2020

¿Te imaginas estar ingresado en el hospital y poder interactuar con perros y caballos? ¿Realizar un día de películas? ¿Sentirte como si estuvieras en casa? Esa es la idea que tenían el equipo de la Fundación Aladina hace 13 años cuando crearon la entidad, poder ofrecer un programa de terapias que permitieran el acompañamiento emocional y lúdico de todos aquellos niños enfermos de cáncer que están luchando contra la enfermedad. Poder ofrecer compañía y diversión, pero también consuelo a unos padres que necesitan ayuda para saber llevar la situación.

Una de las terapias con animales | Aladina

Hace unos meses que comenzó una pandemia en todo el mundo debido al covid-19. Tras los elevados casos de contagio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pasó a calificar al brote como pandemia. Fue entonces cuando comenzaron a tomarse una serie de medidas para acabar con el virus, entre ellas el confinamiento. Muchos niños estaban luchando contra una enfermedad cuando comenzó la crisis sanitaria, a unos les pilló en el hospital, a otros en sus casas. Para hacer más llevadera esa estancia, muchos voluntarios y profesionales dedicaron todo su tiempo en los niños que luchaban contra el cáncer y sus familias, darles un apoyo y una asistencia psicológica, emocional y material.

La Fundación Aladina

Hace más de una década que nació esta entidad no ligada a ningún grupo ni político, ni religioso. Una Fundación de Asistencia Social formada por cientos de voluntarios y asociaciones en la que destinan todo el tiempo que pueden para ayudar a un colectivo que los necesita. «El objetivo de Aladina es el apoyo a los niños y adolescentes enfermos de cáncer y a sus familias en todos los aspectos en los que podamos incidir positivamente, que no tengan que ver con el tratamiento médico en sí, de eso se encargan los médicos. La Fundación Aladina está compuesta y existe gracias a la solidaridad y colaboración de miles de personas. Cada uno aporta lo que puede tanto a su trabajo o difusión o económicamente. Nuestro programa de voluntariado es bastante pequeñito porque el poder acercarte a un niño enfermo de cáncer, por la naturaleza de la enfermedad, siempre es una cosa como muy restringida, y aunque tenemos muchas solicitudes de voluntariado y una lista muy larga, siempre hemos tenido poquitos voluntarios y ahora con el tema del covid-19 la situación es más complicada que nunca. Justo en este momento voluntarios que interactúen con los niños casi no hay. ¿Ser embajadores, socios y colaborar con Aladina? Muchísimos, es gracias a ellos por los que podemos seguir», explica Ishar Espejo, directora de la Fundación.

Cada día realizan diferentes terapias con las que ofrecen apoyo psicológico, material y emocional. Así, realizan terapias con perros y caballos para niños oncológicos en colaboración con la asociación ‘Perros Azules’, con la que los niños consiguen mejorar sus habilidades de comunicación y su estado físico y psíquico, una cita que los niños esperan con mucha ilusión y con la que pasan a tener un miembro más en su familia. También terapias de juegos de mesa, de fotografía, o incluso de yoga y relajación para que a los niños se les haga menos dura la estancia en el hospital y los padres puedan desconectar durante un momento.

Llegada de la pandemia

Con la llegada de la crisis sanitaria generada por el covid-19 el contacto con los niños ingresados tuvo que disminuir y los voluntarios tuvieron que reinventarse para poder seguir desempeñando su trabajo con normalidad. Así, las terapias que realizaban dentro de los hospitales, pasaron a ser vía online, de este modo todos podrían beneficiarse de ellas estuvieran donde estuvieran, tan solo necesitaban un ordenador. «Debido al covid-19 el voluntariado se cerró en todos los hospitales automáticamente. Para no dejar de lado a las familias y poder seguir atendiéndolas creamos el proyecto Juntos desde Casa. Lo que hacemos es que atendemos vía online tanto a los niños como a los padres. A los niños con manualidades online, terapia de perros y caballos online, juegos de mesa, días de cine, talleres de maquillaje, de fotografía… y luego a los padres con relajación, padres y niños yoga. A los padres es para que se relajen y descarguen la tensión del aislamiento, de estar constantemente con los niños, de estar constantemente en un hospital… que ahora hacen más dura la estancia», explica Lorena Díez, directora de Hospitales de la Fundación.

La terapia durante la pandemia | Aladina

La forma de contar con estos proyectos puede ser bien porque el hospital o las familias se ponen en contacto con ellos, o viceversa. Son muchos los voluntarios con los que cuentan, incluso a veces, los propios profesionales sanitarios como Virginia, Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería en el Hospital Gregorio Marañón, ejerce un papel importante en estas terapias instando a que participen y acompañando durante el proceso. «Las terapias ayudan a desconectar de la situación que están viviendo y a que los niños se relacionen entre ellos. Hemos visto muchos beneficios y mejoras en los pacientes, se encontraban más receptivos y comunicativos, tanto con el personal como la familia con los que interactúan. En el caso de la terapia con los animales, venían una vez a la semana la Asociación Perros azules, con la que los pacientes participaban jugando y paseando con ellos, así como conocer sus costumbres y habilidades de cada perro», relata.

Beneficios para todos

Las terapias asistidas con animales cuentan con una larga lista de beneficios, así ayudan a mejorar algunos aspectos psicológicos como el humor, la ansiedad, la calidad de vida y el nivel de estrés y de dolor, y también aspectos fisiológicos como la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Tras la terapia se puede observar como los niveles de irritación, estrés, ansiedad y tensión disminuyen. Además de todo esto, se forman vínculos y lazos emocionales con los animales durante el tratamiento de la enfermedad, lo que contribuye a llenar algunos déficits experimentados por los niños en el tratamiento oncológico, muchas veces relacionados con la distancia de sus familiares, de la escuela y de las relaciones sociales.

«Los niños disfrutan con los perros y los caballos como si fuera un miembro de la familia para ellos, aprender a educarlos, juegos que podías realizar con ellos, se convierten en un miembro más de sus vidas. Lo esperan con anhelo. E igual pasa con los caballos. El beneficio de un animal en este tipo de terapias es indescriptible y maravilloso. Hay que verlo en el día a día, pero es un antes y un después. Luego en el caso de las otras terapias, ya sea relajación yoga, musicoterapia o cualquiera de los juegos de mesa que realizamos con ellos, es una manera de que el papá descanse durante un ratito, ellos están tomándose un café, yendo a la compra, o simplemente descansando sabiendo que el niño está en una terapia. En el caso de los pacientes, se activan con otros pacientes, necesitan ver a otros pacientes. Ahora mismo hay un aislamiento total con el que tú no puedes estar en contacto, no pueden salir del hospital, no pueden estar en las zonas comunes… entonces al final pierdes el poder estar con gente jugando a cosas habituales dependiendo de tu edad, hablar con otras personas, interactuar o compartir con esos pacientes que están viviendo lo mismo que tú. Estas terapias online lo que ayudan es a eso, a desconectar, a realizar de cosas que cualquier niño pudiera estar realizando», explica Lorena Díez.

Son voluntarios que están al lado de los niños durante su enfermedad, personas que pasan a considerar familia. Sufren, viven y les acompañan durante el camino, a veces muy largo y otras veces demasiado corto, algo que les marca para toda la vida. «Vivimos la superación de la enfermedad y la muerte como algo común porque desgraciadamente así es esta enfermedad que muchos la superan y otros no. Para nosotros son familia, porque así los tratamos, con los que hemos compartido su inicio de enfermedad, con los que hemos compartido 6 años de lucha de la enfermedad dentro de un hospital , sus día malos, su superación de enfermedad y recaídas y después desgraciadamente sus ausencias porque a veces no ganan la batalla y fallecen. Nos marcan mucho los momentos de despedida porque aunque sean las 2 de la mañana yo personalmente estoy ahí despidiéndome de ellos, acompañando a la familia en ese duro momento y también en el tanatorio pero hay que estar allí y yo que soy creyente creo que nos encontraremos en un mundo mejor que este», concluye.

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