Reiki

Martes, 1 de enero de 2008

Esta terapia de origen oriental tiene siglos de antigüedad, pero ha experimentado un gran desarrollo en occidente desde el siglo pasado. Se trata de un sistema muy sencillo, en principio, por el que se cura transmitiendo energía a través de las manos. El término reiki es originario de Japón y se podría traducir como “energía vital universal”.

Historia y orígenes
La aparición del exacta del reiki es imposible conocerla, pero hay alusiones a él en los sutras (textos sagrados) budistas del siglo V antes de Cristo. El reiki que se conoce en la actualidad fue redescubierto por el teólogo japonés Mickao Usui, que dirigía un seminario cristiano en Kyoto. Ante las preguntas de sus alumnos sobre los métodos de sanación de Jesucristo, Usui comenzó a hacerse él mismo muchas preguntas. Decidió renunciar a su cargo y partió a Estados Unidos a seguir estudiando hasta encontrar la respuesta. Tras diez años de análisis de los textos cristianos y budistas, durante los que estuvo en la universidad de Chicago y en la India, volvió a Japón. De vuelta en su país se sometió a una larga meditación y ayuno en el monte sagrado de Koriyama. Usui cuenta que tras 21 días encontró lo que buscaba: vio un rayo de luz que descendía velozmente desde lo alto y sintió que le golpeaba, lo que le tiró al suelo. En esos momentos percibió unos símbolos, que aparecían en los textos sobre Jesucristo y sobre Buda y entendió la clave de sus sanaciones. Cuando bajó de la montaña, ya tenía la capacidad de sanarse a sí mismo y a otros.

Usui dedicó el resto de su vida a sanar con sus manos y a enseñar la técnica a otros, que se convertirían posteriormente también en maestros de reiki.

Ténicas y funcionamiento
En una sesión de reiki, el terapeuta coloca sus manos en distintas partes del cuerpo del paciente, dependiendo de su dolencia y según los chakras, los centros energéticos. Según la filosofía reiki, las enfemerdades son desequilibrios o bloqueos del correcto flujo de la energía de nuestros cuerpos que se evidencian en los chakras. Cuando el terapeuta pasa su energía al paciente a través de sus manos, se equilibra o desbloquea el flujo de energía del enfermo. De esta manera, es su propio cuerpo el que alivia dolores y sana.

Las sensaciones que el paciente siente en una sesión de reiki son muy variadas: algunos sienten calor, hormigueo o vértigo y otros alivio o relajación total, llegando a dormirse. Pero también puede pasar que en algún momento el paciente desahogue sus emociones reprimidas, si el origen de su enfermedad fuera psicosomático.

Reiki en los hospitales
Como ha ocurrido con otras terapias orientales, el reiki comienza a ser aceptado en entornos sanitarios. La clave es utilizarlo como complemento a la medicina tradicional, para ayudar al paciente a que su cuerpo se restablezca y aliviar dolores en personas con enfermedades crónicas. Además cuenta con el doble beneficio de ayudar a la mente a la vez que al cuerpo. Otro de los beneficios es que se trata de una técnica muy asequible, por lo que ya algunos hospitales en Estados Unidos comienzan a habilitar una sala en la que ofrecen a sus pacientes, como cuidado complementario, las sesiones de reiki. Los resultados parecen ser muy positivos.

Según testimonios de personal sanitario de esos hospitales y clínicas, el reiki es muy beneficioso en la recuperación post-quirúrgica: mejora la actitud mental, reduce los efectos negativos de los medicamentos y evita efectos habituales como depresión, dolor o debilidad. Estos profesionales, enfermeros y médicos, también lo recomiendan en los cuidados oncológicos: el resultado es menos dolor, más relajación, mejor sueño y mejor apetito.

Por supuesto, como toda terapia alternativa dentro de un sistema de medicina occidental, el reiki también cuenta con muchos detractores. La comunidad científica discrepa sobre su validez: algunos apoyan los estudios a su favor y otros en contra. La principal crítica es que no existen pruebas científicas que demuestren su eficacia. Para muchos el reiki es una técnica de relajación, que actúa como placebo.