10 años del terremoto de Haití: la labor enfermera en catástrofes naturales

Jueves, 13 de agosto de 2020

Hace ya 10 años de aquel temblor que cambió la vida de miles de personas. El 12 de enero de 2010 un terremoto de siete grados en la escala Richter devastó a Haití dejando al país marcado por la muerte y los escombros. Todo se vino abajo, más de 200.000 personas perdieron la vida y el resto perdió todo lo que tenía, todas sus pertenencias o a todos sus familiares, quedándose en la calle. Al llegar a la zona se podía ver cómo todo se hundía, había gente deambulando por las calles y las plazas, se visualizaba un país con una población mayoritariamente pobre que pedía a gritos ayuda tras haber pasado por uno de los terremotos más devastadores conocidos hasta entonces.

Mikel con alguno de sus compañeros en Haití
Mikel con alguno de sus compañeros en Haití

Todas las líneas telefónicas se colapsaron, Internet pasó a ser fundamental y las redes sociales se usaron para la obtención y difusión masiva de información y para transmitir imágenes del suceso. La ayuda era necesaria, se trataba de uno de los países más pobres de América y que ocupaba el puesto 149 de 182, según el Índice de Desarrollo Humano, algo que preocupaba, sobre todo por la escasa capacidad que había en los hospitales, servicios básicos de salud y primeros auxilios para cubrir una catástrofe así.

La ayuda no se hizo esperar, tanto Estados Unidos como los países latinoamericanos y europeos, la Cruz Roja Internacional, la Secretaría General Iberoamericana, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, entre otros, anunciaron que enviarían dinero, alimentos, voluntarios, bomberos, expertos, sanitarios… Mikel Rojo Salaverri fue una de las personas que acudió. Enfermero en Emergencias en Osakidetza, vocal de la junta de gobierno del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa y docente, quiso cooperar (también ha participado en Lesvos con los refugiados sirios y en el Mediterráneo central -Barco ASTRAL).“Fuimos a Haití durante un mes. Siempre me ha atraído la cooperación internacional y tras el terremoto surgió la oportunidad de acudir gracias a la convocatoria realizada por la Fundación HAURRALDE y el Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa (COEGI)”.

La ayuda tras el terremoto

Este grupo de voluntarios llegó por carretera desde la República Dominicana y recuerdan cómo el paso de la frontera y la llegada a Puerto Príncipe, capital haitiana donde tuvo lugar el epicentro del terremoto, fue impactante. Había caos, desorganización, mucha gente por la calle… “Ayudábamos al personal dominicano y haitiano con los que acudimos y realizamos funciones de todo tipo en el hospital de la comunidad haitiana trabajando codo con codo con los enfermeros y médicos que había de diversos países y gracias al material que llegaba como ayuda humanitaria. Sin embargo, en muchas ocasiones no era suficiente para cubrir todas las necesidades”, explica Mikel Rojo.

Se trata de un país en el que hay un grave problema con la falta de acceso a la atención de salud, sobre todo entre las personas con menos recursos y en las zonas rurales. Aunque hay servicios privados de atención sanitaria, son prestados por diferentes ong, incluso los datos facilitados por la Organización Panamericana de la Salud muestran que el 80% de los 10 millones de habitantes no tiene acceso mínimo al conjunto de servicios de agua potable y saneamiento, algo que lo hace un país muy vulnerable donde toda ayuda es poca. Sin embargo, tanto la ciudadanía como las organizaciones se volcaron. “Atendimos a muchas personas, muchísimas. Cuando realizábamos labores de Atención Primaria por los barrios de Puerto Príncipe era la propia población quien nos ayudaba a ordenar a las personas que precisaban ser valoradas. Sin embargo, en el hospital contábamos con una zona de acceso y triaje”, explica.

Algunas de las personas que formaron parte del equipo
Algunas de las personas que formaron parte del equipo

La labor enfermera

Actualmente existe una legislación promulgada por la ONU que regula los protocolos de actuación ante una catástrofe natural, que controla los equipos de respuesta y los procedimientos de actuación entre los diversos profesionales. Desde el punto de vista sanitario es una situación extrema debido a la cantidad de heridos y fallecidos. Todos los sanitarios eran necesarios, se hacían también campamentos adicionales, ya que en muchos casos los centros tan solo contaban con un médico y varios enfermeros. “El trabajo de los profesionales enfermeros es muy importante, sobre todo la labor que se hace en situaciones de catástrofes como en Haití. Los conocimientos, la experiencia y la capacidad de trabajar en equipo son fundamentales para poder afrontar los retos diarios en una catástrofe. La dinámica diaria era trabajar por los barrios y en el hospital de la comunidad, teniendo descansos cada varias horas. Por la noche volvíamos a nuestro campamento y comentábamos lo ocurrido en el día”, relata Mikel Rojo.

La labor de estos voluntarios profesionales sanitarios fue fundamental; en una situación compleja donde hay un gran número de afectados y pocos recursos toda ayuda era bienvenida. “El hospital mejoró su situación poco a poco con el paso de los días, sobre todo respecto a la organización de los equipos intervinientes junto al control de las personas que necesitaban ayuda. En los barrios había sensación de que nada mejoraba se hiciese lo que se hiciese”, explica Rojo. Este enfermero tenía claro que si quería acudir a Haití tan solo necesitaba tener la titulación adecuada y experiencia profesional que le permitiera adaptarse a las situaciones que se podía encontrar en el país, y aunque la comunicación podía ser difícil, a través del inglés, francés y el castellano, pudieron salir adelante para entenderse recordando grandes anécdotas. “Los momentos más bonitos eran los partos y las relaciones personales en el día a día con el resto del equipo y el personal haitiano. Cierto es que la situación empeoró la mala situación que tenía el pueblo y observar la falta de esperanza que transmitía parte de su población era muy triste”, apunta.

La labor solidaria y situación actual

Mikel Rojo admite que es necesaria la cooperación internacional cuando el país que sufre una desgracia la solicita al verse desbordado por la situación. Pese a ello, recuerda que hay que ir de manera ordenada, autónoma y sin convertirse en una carga para las autoridades y la población de ese país. Recomienda la experiencia a otros profesionales y anima a que acudan. “Es algo que merece la pena vivir —continúa—. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no se va de vacaciones. La experiencia suele ser muy enriquecedora (en mi caso así lo fue) y permite conocer otras situaciones diferentes a las que vivimos en nuestro entorno habitual”.

Profesionales sanitarias en Haití tras el terremoto

El regreso a casa para este enfermero no fue fácil. Después de pasar un mes ayudando a la población haitiana, volvieron con muchas experiencias e imágenes en su cabeza. “Los primeros días tenías todo muy fresco, pero con el paso de las semanas, los meses y los años vuelves a las rutinas diarias que permiten superar las situaciones que nos marcaron estando en Haití”, confiesa.

Ha pasado ya una década y Haití, envuelto en una espiral de subdesarrollo, hambre, violencia y crisis políticas, no ha podido recuperarse y continúa siendo el país más pobre de América. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el número de muertes fue diez veces superior a la suma de las víctimas causadas por todos los desastres ocurridos en Haití desde 1963. Ese día marcó un antes y un después para Haití pero el dolor no terminó ahí, para muchos comenzó un nuevo calvario tras perder su casa y su familia, y tener que aceptar su nueva condición tras resultar herido, algo que les dificulta el acceso a un empleo o a los servicios básicos y les aboca, en muchas ocasiones, a la mendicidad para poder seguir viviendo.

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