2020: el año de la pandemia, el año de las enfermeras

Miércoles, 30 de diciembre de 2020

“No tengo la menor duda de que la labor realizada por las enfermeras durante la pandemia se recordará. Estamos trabajando duramente y a diario. Es muy gratificante que los pacientes nos agradezcan lo que estamos haciendo, afirma Conchi Castellanos, enfermera del Hospital Comarcal de Bidasoa, en la provincia de Guipúzcoa, y responsable de Formación OSI Bidasoa.

Alazne Larrea

Por el contrario, Gemma Estévez, enfermera de Atención Primaria y Comunitaria en el Centro de Salud de Lezo-Pasai Donibane, también en la región, al ser preguntada por la misma cuestión, lo niega, destacando que cuando se controle la pandemia y la población pueda volver a “hacer la vida parecida a la de antes, volveremos a ser invisibles. De hecho, las personas que antes nos han aplaudido ahora nos increpan cuando les indicamos confinamiento de diez días por contacto estrecho o les recordamos la responsabilidad que tiene cada individuo. Tras 35 años de profesión, este, por primera vez, he puesto dos demandas al servicio de prevención por agresión verbal; nunca había vivido este tipo de situación”.

Coincide Alazne Larrea, enfermera del Servicio de Urgencias del Hospital de Mendaro, también en Guipúzcoa, con Estévez a este respecto, al subrayar que, en su opinión, “somos una sociedad que olvida rápido y mucho cuando nos ocurren cosas ‘que es mejor olvidar’, dejándonos la coletilla de ‘habiendo aprendido’. De todos modos, siempre habrá más de una persona a la que mirar y pensar que mereció la pena. Incluido uno mismo”.

Evolución de la COVID-19: perspectiva enfermera

En lo tocante al ámbito profesional este 2020 ha sido “como un huracán de fuerza cinco”, define Estévez. Durante el año, “hemos tenido que aprender, primero, a superar el miedo por mí y por mi familia”, además de la protección, con el uso de los EPI, y, en último lugar, a tratar una enfermedad desconocida para todos. “Todos los días y sin tiempo de asimilación entraba un nuevo protocolo de actuación. He aprendido a superarme en momentos de incertidumbre, miedo y ansiedad”.

“La pandemia ha evolucionado a la par que el 2020: como una montaña rusa, a veces sin frenos y desbocada”, completa Larrea. “Empezamos una primera oleada llenos de miedo, dando pasos hacia algo desconocido”. Sin embargo, también hubo lugar para “la esperanza, visualizando pequeños haces de luz al final del túnel, sonrisas bajo mascarillas, miradas de complicidad, bailando al son de un virus que parecía darnos tregua en verano tras golpear duramente sobre todo a nuestros mayores, primero, para volver ahora, en esta segunda oleada, con más casos en población más joven y un personal cansado pero más preparado y seguro de sí mismo”.

En este sentido, esta enfermera explica que se ha pasado de tener pacientes en su gran mayoría dependientes, mayores y frágiles a un núcleo de población más joven, sana y numerosa, que ha incrementado, y mucho, “en nuestro caso, la carga asistencial diaria”. Creo que fisiológicamente así ha sido, aunque esta nueva era peque de impersonal y lejana, con las llamadas telemáticas como nueva orden de consulta, en una población presencial dependiente, llena de miedos, bombardeada cada día con estadísticas y números poco alentadores e informaciones incompletas”. En una época en la que la distancia se mide en metros es complicado cubrir y alentar a pacientes que se sienten, y en verdad están aislados, “con un cóctel de miedo, inseguridad y culpa llamando a la puerta desde el teléfono, cuando, de por sí, tras una mascarilla, ya es todo un reto”.

“Tal y como estamos viendo, la evolución de la pandemia está siendo diferente según las autonomías dentro de España”, puntualiza Castellanos. “Debido a que el número de positivos es diferente en cada región se toman distintas medidas para frenar la expansión del virus: confinamiento por ciudades o poblaciones, por autonomías, limitación de los desplazamientos, actuación en lo relacionado con el ocio social…”. Todas estas acciones, continúa, han ido cambiando en función de las necesidades “y no dejan de crear cierto desconcierto entre la población. Y si hablamos de las medidas adoptadas fuera de España, llama la atención que no haya un acuerdo unánime entre los diversos países”.

Desde el punto de vista de Estévez, la pandemia ha evolucionado “de manera esperada: mal. Con la salvedad de que esperábamos este repunte de casos positivos y morbilidad hacia finales de diciembre o primeros días de enero, no en los meses de otoño”. En cuanto a la evolución de los pacientes, en relación con los crónicos, también apunta a que ha sido mala. “Se ha abandonado demasiado tiempo el seguimiento de los factores de riesgo en estas personas, por lo que, cuando nos llegan al centro de salud o acudimos a sus domicilios, encontramos gran deterioro en sus enfermedades y en su calidad de vida”.

“Este año está siendo muy intenso”, así lo califica Castellanos, destacando que están aprendiendo en todo momento, con gran capacidad de adaptación según las necesidades. “Se ha creado un nuevo perfil dentro de nuestra profesión: la figura de la rastreadora”. Además, enfatiza que la enfermera gestora de casos es una figura “clave” dentro del equipo de vigilancia COVID-19, al igual que el personal de toma de muestras.

Larrea define este 2020 como dual. “En un extremo, el cansancio que ha supuesto poner a prueba, cada día, la capacidad de adaptación que tenemos a los cambios; echando la vista atrás, hemos modificado en unos meses años de formas de trabajo, y semanalmente he perdido la cuenta de las veces que hemos remodelado nuestra unidad o cambiado nuestra indumentaria. Los profesionales: también somos personas, con miedos, familias y cargas que había que esconder bajo todo ese disfraz, cada día a las 9 h, y sacar tu mejor sonrisa en la mirada”. Y en otro extremo, el “orgullo por una profesión y equipo que se crecen ante las adversidades, que baila bajo la lluvia. Nos hemos reído, apoyado y entendido, porque lo necesitábamos, nos necesitábamos. Hemos dado la talla, y de qué manera”.

Conchi Castellanos

¿Ha cambiado la percepción social de las enfermeras con la pandemia?

Estévez responde afirmativamente a esta cuestión, subrayando que ahora son consideradas “profesionales de la salud; se interesan por nuestro conocimiento y nuestro rol. Parece que han descubierto lo imprescindibles que somos en el abordaje de las enfermedades”. Por su parte, Larrea asegura que la enfermería siempre ha sido una profesión valorada de forma muy positiva por la sociedad, “vocacional y volcada en el cuidado, reconocida por su labor diaria. Y en esa línea seguimos”. A pesar de ello, considera que aún se trata de un trabajo poco visible en cuanto a su autonomía y competencias, unido, por lo general, “a la labor de otros estamentos, teniendo competencias propias más allá de las que se nos han atribuido históricamente y por las que se nos valora hoy por hoy. Para seguir evolucionando en la percepción que la sociedad tiene sobre nosotros nos toca evolucionar y creernos la que tenemos sobre nosotros mismos”.

Durante estos últimos meses se han sucedido los reconocimientos otorgados al colectivo enfermero, como la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia, de la que daba cuenta la Fundación Princesa de Asturias en junio, o sin ir más lejos, de la inauguración en septiembre de la Plaza de las Enfermeras en la ciudad de San Sebastián, de la que informaba el Colegio de Enfermería de Gipuzkoa. Al preguntar sobre qué ha significado este tipo de homenajes, Castellanos apunta que siempre son buenos, que todo aquello que signifique un reconocimiento “al trabajo bien hecho está bien”.

Larrea coincide y argumenta que todo reconocimiento es de agradecer, “siempre y cuando venga de la mano de los derechos que llevamos años reivindicando, con dejar de dar por hecho que tenemos un excelente sistema de salud sin más necesidad que una medalla y un discurso cuando toca y de aprovecharse de la vocación de un personal que saca adelante pandemias y oleadas sin ningún tipo de mejora en sus derechos por mucha palabra que se le dedique”. Esta enfermera hace referencia a los contratos laborales “mediocres”, la falta de personal, las horas extra “que no se sabe cuándo se van a remunerar porque ahora mismo librar no es una opción. Siempre contando con profesionales que acudirán a la llamada de sus compañeras para no dejarlas con dos manos menos. Y lo saben. Porque, hoy por hoy, seguimos siendo menos de los que necesitamos, pero el trabajo sale, porque trabajamos con personas y no cabe otra posibilidad. Eso también lo saben”, concluye.

Gemma Estévez

El impacto de la pandemia en las enfermeras

“Agotamiento físico y mental”, asevera Estévez con respecto a la influencia de la COVID-19 en este colectivo. “La pandemia —completa Larrea— nos ha abierto los ojos a modo de bofetón sobre lo mucho que tenemos aún que luchar por nuestros derechos. Sí, en teoría sabíamos todo esto, pero hay luchas que, por desgracia, siguen viéndose ajenas o mejor en manos de otros”. Esta enfermera puntualiza que ha habido una unión como colectivo, “cansado y precario, que saca lo mejor de sí mismo ante los desastres. Nos ha faltado aire, hemos llorado y puesto buena cara en llamadas con la familia, nos hemos separado de ella pero también unido otras, buscando teléfonos de allegados de pacientes, les hemos hablado, conectado con ellos y con nosotras”.

Continúa reafirmando que están exhaustos, “claro que nos ha afectado esta pandemia, estamos también cabreados, orgullosos y unidos”, haciendo hincapié en que toca seguir, “en la lucha por nosotras mismas, sacudir un sistema que nos da por sentadas ante lo que sea y como sea. Que si nos quieren seguir tratando como un número más, le enseñemos lo grande que es”. En el ámbito profesional, para Castellanos esto ha supuesto un nuevo reto, y “demostramos que somos capaces de adaptarnos a las necesidades en situaciones adversas”, subrayando que ve una oportunidad para dar notoriedad a la labor enfermera y el momento de reivindicar el valor que tiene este trabajo en todo el mundo. “Tenemos que trasladar a todas las personas que nos rodean que estamos aquí”.

Con todo, dado que este 2020, el año de la pandemia de la COVID-19, es el Año Internacional de la Enfermera y la Matrona, pedimos a estas profesionales que mandaran un mensaje al resto de compañeras. Estévez optó por recurrir a la filosofía, que “nos ayuda; saldremos fortalecidas como personas y como profesión”. Castellanos ofreció “todo mi apoyo a mis compañeras. Les diría que esto también pasará y que podemos estar orgullosas del trabajo que hemos hecho y estamos haciendo”. Y Larrea, como culminación, concluyó con que toda la “vocación que profesamos a nuestra labor enfoquémosla a nosotros mismos, como individuos y colectivo, para poder pelear por los derechos que merecemos y nos hemos ganado este año, el anterior y todos los demás”.

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