“Como enfermero, ha sido una las etapas más duras de mi vida, pero también una de las que me siento más orgulloso. Por primera vez he visto que nuestra imagen ha llegado al siglo XXI”

Miércoles, 28 de octubre de 2020

Joan Pons es enfermero en el equipo directivo del Hospital de Sheffield, en Reino Unido. En los últimos meses ha alcanzado una gran notoriedad por ser uno de los voluntarios para probar la vacuna contra la COVID-19 que están desarrollando la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca. Nos atiende para contar su historia y sus motivos y hablar de las teorías negacionistas de la pandemia y de la situación en el Reino Unido.

Pregunta: ¿Cómo tomó la decisión de hacerse voluntario para probar la vacuna contra la COVID-19?

Respuesta: Yo soy enfermero, hago gestión de enfermería, soy parte del equipo de dirección del Hospital de Sheffield, pero durante la pandemia hicimos una reestructuración del hospital y una de las decisiones fue triplicar el número de ventiladores y de camas en la unidad de terapia intensiva. Mis proyectos se pararon y dejé mi despacho, me puse otra vez el uniforme y he estado en primera línea, en la unidad de terapia intensiva, desde finales de marzo. Allí fue donde viví en primera línea el horror de este virus. Y también donde tuve la oportunidad ser voluntario cuando la Universidad de Oxford nos mandó un correo electrónico a todos los sanitarios del Reino Unido buscando a gente para que fuera parte de la fase tres. Específicamente, quería gente que estuviera en contacto con el virus a diario para poder acelerar los datos, porque la única manera de saber si la vacuna es eficaz o no es que los voluntarios se infecten. Como ya sabemos, en primera línea, los enfermeros tenemos la probabilidad de que nos infectemos mucho más elevada que cualquier persona de la población.

En la fase tres nos dividieron en grupos. El único requisito era que había que ser sanitario, tener más de 18 años y menos de 55, no se podía tomar ninguna medicación, ni tener enfermedades crónicas, haber tenido ninguna vacuna ni ninguna transfusión de sangre en los últimos seis meses y tampoco ningún tatuaje en los últimos seis meses. Además, se debía dar negativo en las pruebas de anticuerpos, porque muchos de mis compañeros quisieron ser voluntarios pero no pudieron porque dieron positivo.

P.: Una ver reiniciado el estudio para conseguir la vacuna, tras su interrupción, ¿en qué punto se encuentra la investigación?

R.: Quiero aclarar que la investigación no se suspendió permanentemente, solo se pausó dar nuevas vacunas a los voluntarios. Y el estudio seguía, porque yo me tuve que hacer las PCR como cada semana; cada viernes me hago una PCR. Nunca se canceló, cada mes me sacan sangre para ver mi nivel de anticuerpos y ver cómo está reaccionando mi cuerpo a la vacuna. Por lo tanto, solo se interrumpió durante una semana dar nuevas vacunas a los voluntarios.

De momento, todo sigue igual. El mismo presidente de AstraZeneca no descartó que las primeras dosis estuvieran en el mercado antes de Navidad. Si todo va bien, si no hay ninguna otra pausa, que puede haber más, yo creo que para noviembre o principios de diciembre tendremos suficientes datos y que la Universidad de Oxford los presente a las autoridades correspondientes para que autoricen esta vacuna. Porque todos los laboratorios, no solo Oxford, están acelerando la carrera para poder sacar la vacuna antes de que llegue el invierno. Eso también es crucial, porque ahora mismo los sistemas sanitarios ya están a tope. Si a esto sumamos el potencial que puede tener la COVID-19 y se añade el nivel de saturación del invierno, esto es una receta para el desastre. Por eso están haciendo todo lo posible para que las primeras vacunas salgan antes de Navidad.

P.: Podría juntarse con la epidemia de gripe de todos los años.

R.: Exactamente. Además, es mucho más difícil porque son síntomas bastante similares. ¿Cómo diferencias que tienes una gripe o COVID? ¿Quién se va a poner en cuarentena, todo el mudo? Puede paralizar no solo el sistema sanitario, también todo el país otra vez. Y eso sería muy malo, no solo en lo económico, sino para el país en general. Por eso, la única solución para poner fin de una vez por todas a este virus es la vacuna. Porque si no, igual estaríamos con la COVID cada año, viniendo y parando el país durante dos, tres o cuatro meses, y eso es insostenible. No se puede estar encerrado en casa, teniendo en cuenta la forma en que la sociedad está formada; trabajar desde casa es posible pero no para todo el mundo. Por lo tanto, tiene que cambiar mucho la estructura de nuestro país para poder soportar infecciones que puedan venir en el futuro.

P.: Como enfermero y voluntario para probar la vacuna, ¿cómo ve las corrientes negacionistas del virus y de las medidas de protección?

R.: Como ciencia ficción, a mí me parecen un poco inverosímiles. Las vacunas funcionan, yo soy un científico, miro los datos. Y los datos son clarísimos. Por ejemplo, la polio se ha erradicado en África. A mí, de momento, estos negacionistas nunca me han presentado ningún estudio que sea corroborado, y con un método científico detrás, que diga que las vacunas no son buenas.

Además, solo hay que escuchar lo que dicen, que hay un microchip en esta vacuna. No creo que exista la tecnología para que encierren estos microchips en una aguja que es milimétrica. No solo hay que tener microchips, también un 5G, que me van a poner en mi cuerpo para hacerme como un robot y además voy a estar controlado por Bill Gates. Esto es como un guion de Hitchcock. Es buenísimo, desde aquí le pido a Almodóvar, que es uno de mis directores favoritos, que haga una película, seria un guion muy bueno.

No es ciencia, es ciencia ficción. Y como ficción, yo, de momento, no le hago mucho caso. En la ciencia, como en todo, si alguien me demuestra que estoy equivocado, con un método científico, con rigor y con pruebas, como siempre, yo cambiaré mi parecer. Eso es la ciencia, avanza con el tiempo y cuando hay nuevas evidencias se va modificando; por eso estamos evolucionando. Pero de momento, ninguno de los negacionistas me ha presentado algo con lo que yo pueda cambiar mi opinión.

P.: Desde su punto de visa como enfermero, ¿por qué cree que cunden tan fácilmente estas teorías?

R.: Porque siempre que hay temor, hay personas que se rebelan. Y especialmente porque también creo que no hemos tenido unos líderes que nos inspiren confianza, que nos enseñen lo que se tiene que hacer. Por ejemplo, aquí en Reino Unido muchos ministros se han saltado la cuarentena, lo mismo ha pasado en España. Por eso yo creo que aquí ha habido un problema, de “haz lo que yo te diga y yo haré lo que me dé la gana”; eso es lo que ha pasado, no solo en España, también en Reino Unidos y en otros países. En lugares donde ha habido un mejor control del virus han tenido un líder que ha sabido calmar la situación. Nueva Zelanda, Portugal, Grecia… han sido claros ejemplos, donde han tenido instrucciones muy claras y no ha habido este “hazlo pero yo no lo hago porque soy el ministro de cualquier cosa y estoy por encima de la ley”.

Por lo tanto, yo creo que las cosas en común que han tenido Reino Unido, España, Estados Unidos y Brasil es que hay una falta de liderazgo, que la gente tenga confianza en las palabras que están saliendo de las personas que nos están imponiendo estas restricciones

P.: De forma general, desde su perspectiva como enfermero, ¿cómo se ha vivido y cómo se está viviendo la pandemia en Reino Unido?

R.: Es muy preocupante ahora mismo, porque estamos en un punto en que ya estuvimos en marzo. El factor en que se mira si el virus está para arriba o para abajo en la curva, el factor R, ahora mismo está por encima de uno en todo Reino Unido. Eso quiere decir que estamos al principio de una subida. No sé si va a ser una segunda ola o no, pero de momento yo creo que se tendrían que empezar a cerrar las escuelas, los bares y otras cosas y dejar solo abiertas las cosas esenciales. Porque no se hizo aquí en marzo y acabamos con 60.000 muertos.

Ahora estamos en este mismo punto y el Gobierno todavía está paralizado, está siempre a remolque. Desde aquí también digo que el Gobierno español tiene que ser líder, tiene que tomar decisiones que a lo mejor no son populares, pero esta pandemia no es concurso de popularidad; hay que salvar vidas, y cuando hay que salvar vidas a lo mejor hay que tomar decisiones que van en contra de la gente que te va a votar. Pero que quieres, ¿salvar vidas o ser el más popular y que te escojan en las siguientes elecciones?

Ese es el dilema que tienen los políticos. Como enfermero mi prioridad es salvar vidas, la política la dejo en otro lado.

Desde aquí les pido a los políticos que salven vidas, que vayan por delante del virus, no a remolque, que ir a remolque de este virus está costando muchas vidas. Cuando se hacen cosas para prevenir, como en Nueva Zelanda y otros países, se controla el virus mucho mejor y además se puede salir de la cuarentena mucho más rápido.

P.: Como enfermero en el extranjero, ¿cómo se reacciona a las noticias que llegan de España?

R.: Estoy preocupado, por el mismo motivo que por lo que está pasando aquí. Porque el Gobierno veo que va a remolque, no hay seguimiento, la gente se hace test y tardan muchísimo en llegar, incluso les llegan después de los 14 días. Hay un poco de caos, como en Reino Unido. No hay una clara dirección.

Hay que, por favor, hacer cosas ahora, no dentro de unas semanas, como todo el problema de los rastreadores, que no es una cosa nueva, ya hace mucho tiempo que se tendría que haber solucionado y no se soluciona. Después, los casos van para arriba y nos preguntamos por qué. Los científicos llevan meses diciendo lo que se tiene que hacer y el Gobierno siempre va a remolque, espera a que pase algo para reaccionar. Y digo que no, no esperes a que pase algo, salvar vidas significa adelantarte al virus y poner todas las medidas de seguridad antes, porque al final también vas a ahorrar dinero. Si lo haces mal, al final va a costar mucho más. Porque la economía tardará mucho más en reanimarse y costará muchísimas vidas más.

P.: Dado el repunte de casos, ¿qué mensaje le gustaría trasladar al resto de profesionales?

R.: Tenemos que estar orgullosos de lo que estamos haciendo. Como enfermero, ha sido una las etapas más duras de mi vida, pero también una de las que me siento más orgulloso. Por primera vez he visto que nuestra imagen ha llegado al siglo XXI. Hasta ahora las enfermeras estaban un poco a la sombra de las otras profesiones en el sistema sanitario. Hemos tenido nuestra oportunidad de que la gente vea lo que realmente es la enfermería, lo que realmente hacemos, lo que hacemos con nuestras manos, cómo cambiamos vidas con nuestros conocimientos. Que no damos simplemente pastillas y ponemos las cuñas, que hacemos muchísimas cosas. El enfermero es el que coordina todas las curas, somos los únicos sanitarios que estamos 24 horas al día y siete días a la semana con los pacientes, y sin enfermeros, el grupo multidisciplinar sería mucho más difícil de coordinar. Somos el epicentro de todas las acciones.

Me siento muy orgulloso, y desde aquí doy las gracias a todos los profesionales que me están leyendo. Yo nunca me he sentido tan orgulloso de ser enfermero. Y también les pido un poco más de energía. Y, a la población, lo mejor que se puede hacer para ayudarnos es seguir todas las medidas de seguridad: ponerte la mascarilla cuando sales de casa, los dos metros, lavarte las manos, evitar aglomeraciones.
Si todos ponemos nuestro granito de arena, todos podremos ayudar al sistema sanitario y a nuestras enfermeras. Sin la ayuda de todos al final será imposible continuar, ya estamos muy cansados y necesitamos la ayuda de los otros. Entre todos venceremos.

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