Cuando comer es un placer… saludable

Viernes, 22 de marzo de 2019

¿Cuánta cantidad de azúcar es recomendable? ¿Incluimos demasiados alimentos procesados en nuestra dieta? ¿Estamos sobrepasando los límites saludables? Estos y otros muchos mensajes están multiplicando su presencia en los medios de comunicación. ¿Es tan peligroso el consumo de azúcar actual o tan solo es un tema recurrente y exacerbado que copa las redes sociales?

Sea como fuere los datos están sobre la mesa: en España, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, el 36,6% de los españoles tiene sobrepeso y el 13,7% obesidad, lo que elevaba los porcentajes de desarrollar patologías cardiovasculares, que forman parte de las primeras causas de fallecimiento en el ámbito mundial. “Es cierto que se habla mucho de alimentación pero por desgracia, y como habitualmente digo, estamos en la era de la bulimia de la información y la anorexia del conocimiento”, explica Antonio Luis Villarino Marín, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación, y catedrático en el departamento de Enfermería de la Universidad Complutense de Madrid.

Azúcar, sí; azúcar, no

“Se dice, y es verdad, que la mala alimentación que llevamos nos va a conducir a problemas a medio y largo plazo, pero se habla puntualmente de un alimento o de un nutriente determinado y se demoniza o sacraliza según el momento o las intenciones del que lanza la noticia. Esto sucede con el azúcar”, expone Villarino.

“El mayor problema en mi opinión —apunta Virginia Gómez, dietista y nutricionista, responsable del centro Aleris, cuya presencia en redes sociales es cada vez más reseñable (@virginut)— es que no somos conscientes del azúcar que tomamos diariamente porque la mayoría no es azúcar de mesa como tal, es decir, es un tipo invisible porque está en otros alimentos que normalmente suelen ser ultraprocesados”. “Exacto —continúa Villarino— el público no es consciente de la cantidad que consume, sobre todo del azúcar oculto, el que no es palpable al paladar que ingerimos, el que pasa desapercibido. Debemos tomar las cantidades adecuadas y no abusar de él, pero tampoco atacarle de una forma denodada”.

Villarino pone un ejemplo en el que se ha de incidir si pretendemos tomar conciencia y reducir el consumo de dulce: “en el caso de los niños no se les debe reforzar dándoles chuches o golosinas de premio…”, el objetivo es que desde pequeños no se relacione una buena conducta con una recompensa basada en el azúcar. Según el último estudio de la Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 40% de los menores tiene sobrepeso y entre un 19% de los niños y un 17% de las niñas sufre obesidad. Estos datos incitan a reflexionar sobre cómo se está perfilando la relación de los menores con este tipo de alimentos, que desde edades tempranas forman parte de su alimentación.

Iniciativas como @SinAzucarOrg, que cuenta con 86,3 mil seguidores en Twitter, siguen aquello de “una imagen vale más que mil palabras” e ilustran gráficamente las elevadísimas cantidades de azúcar que ingerimos en cada uno de los alimentos de nuestro día a día (una galleta María, un yogur o un refresco). De esta forma se toma conciencia de la cantidad de azúcar “oculto” que hay tras cada alimento y presenta alternativas más saludables e igualmente deliciosas.
Quizás la presencia de anuncios, cada vez más sugerentes, atractivos y divertidos aumente el deseo de la población, especialmente infantil, a su consumo. “Por supuesto que influye —afirma Gómez— está hecha para eso. Hay países que tienen prohibido hacer anuncios sobre alimentos insanos en horario infantil; regalar juguetes con este tipo de alimentos; poner dibujos que atraigan a los niños en productos azucarados como los cereales del desayuno… Y estas medidas se toman porque evidentemente influyen para consumir comida que no es absolutamente aconsejable, especialmente en los más pequeños. Si nos fijamos, de lo que no hay anuncios ni publicidad suele ser de frutas y verduras”. Villarino coincide con este planteamiento “estamos lanzando mensajes, noticias, flash, etc., sobre ello. El problema es que la publicidad, que en algunas ocasiones es engañosa, presiona al individuo para que vaya a una tendencia hedonista en su alimentación y si a esto unimos la sociedad de consumo y de poco gasto energético en la que nos encontramos llegamos a estas situaciones actuales en las que la obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares nos están acorralando”.

¿Qué pasó con la dieta mediterránea?

La dieta mediterránea se basa en productos frescos y muy saludables como las frutas estacionales, las verduras frescas, el aceite de oliva, el pescado y un reducido consumo de carnes, junto con leche, huevos y pan en cantidades equilibradas. “Es una pena que en España, que es uno de los precursores, inventores, usuarios de la dieta mediterránea, no se siga más. El problema es que se imponen dietas más ricas (más palatables) y que poseen más grasa, más azúcares y mucha más proteína de la que deberíamos tomar”, se lamenta Villarino.

Parece que uno de los referentes de la dieta mediterránea, como podría ser España, cada vez se aleja más de este modelo saludable. Esta dieta reúne los principales alimentos que favorecen el mantenimiento de una vida sana. “No es que exista la dieta perfecta, sino que hay dietas que son muy válidas. Respecto a desechar el azúcar de nuestra vida, no es necesario. Con esto quizá pasa algo parecido a la sal, podemos vivir perfectamente sin consumir azúcar porque ya tenemos azúcar de forma natural en otros alimentos como las frutas, y sí que es verdad que la OMS aconseja no sobrepasar 25 g de azúcar en el caso de los niños”, explica Gómez.

Implicación institucional y profesional: medidas para reconducir la dieta

¿Qué papel tienen los profesionales enfermeros en la prevención y el control dietético de la población? Para el presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación son uno de los grupos profesionales que, por tener contacto directo con el público en forma de agente de salud, puede llevar a cabo una labor de educación alimentaria más eficaz. En las consultas de Enfermería es posible realizar un trabajo muy bueno sobre algunas patologías que dependen fundamentalmente de la alimentación.

Sin embargo, para Villarino los enfermeros no tienen una formación completa sobre temas nutricionales, “solo los que están en los servicios que les afecta muy directamente el tema (cardiología, endocrinología, renal….) tienen enfermeros preparados”. “En tiempos, realizábamos (yo mismo era el director) cursos de Experto y Especialista de Nutrición en Enfermería —continúa— pero se fueron derivando a cursos de Diploma-Certificado más pequeños y más específicos en alguna situación nutricional. Esto, unido a la aparición de un profesional específico de la materia como el dietista-nutricionista, ha hecho que el número de enfermeros expertos en nutrición haya disminuido, pero los que siguen con esta importante labor sí son personas que los objetivos de Educación Alimentaria los cumplen con creces”.

Por otro lado, Virginia Gómez pone en relieve lo importante que es la figura del dietista y nutricionista y hace un llamamiento ante la necesidad de que el Sistema Nacional de Salud incluya a este perfil profesional entre su cartera de servicios sanitarios. “La inclusión de dietistas/nutricionistas no es tan solo para pasar consultas y hacer dietas de carácter gratuito, sino sobre todo porque este debe impartir educación nutricional, ya que es la primera línea de batalla para que la gente aprenda a comer bien”.

Uno de los principales problemas aparece cuando no existe una información oficial o es escasa por parte del Ministerio de Sanidad o los órganos competentes de cada comunidad autónoma, apunta Gómez. “Aunque no es una medida muy aplaudida, sin embargo funciona; como hemos visto en otros países, yo subiría los impuestos a los productos ultraprocesados que van a dañar nuestra salud, pero sobre todo bajaría los impuestos de alimentos sanos de primera necesidad como pueden ser frutas y verduras, legumbres o frutos secos”, indica esta experta en nutrición.

Para Villarino la solución además pasa por no solo disminuir el consumo desde el ámbito individual, sino que sobre todo las empresas deben lanzar al mercado productos con menos cantidad de azúcar. “Para empezar, los refrescos y bebidas aromatizadas poseen una enorme cantidad. Los alimentos procesados es difícil que desaparezcan de nuestra dieta por el ritmo de vida que llevamos, pero deberíamos propugnar que nos habituemos a ingestas de productos frescos o congelados que no lleven un procesado muy grande. Este tema es difícil, muy difícil…”, afirma Villarino.

El primer paso es la concienciación de la sociedad de la alimentación que lleva a cabo, de su situación personal y de la necesidad de una dieta equilibrada sin excesos ni carencias. En su justa medida, aquella indicada por los profesionales expertos, comer debería de seguir siendo un placer… aunque quizás más saludable que lo que actualmente entendemos.

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