Cuidados culturalmente congruentes: atención integral a las personas migrantes

Lunes, 12 de marzo de 2018

La población extranjera residente en España creció en casi 7.000 personas durante el año 2016, lo que sitúa la cifra total en más de 4.400.000, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Los países que registraron un mayor aumento de inmigración al nuestro fueron Italia, China, Colombia y Ucrania, aunque la población extranjera más numerosa en España procede, principalmente, de Rumanía, con alrededor de 680.000 residentes, Marruecos, Reino Unido y el propio país transalpino, de acuerdo con los números ofrecidos por el citado organismo.

Ante esta diversidad, se pone de manifiesto la necesidad de ofrecer a las personas inmigrantes unos cuidados adecuados a su situación, a sus circunstancias de adaptación a una nueva cultura y a las complicaciones psicológicas que este proceso puede conllevar: así surgen los cuidados culturalmente congruentes. Para conocer en profundidad de qué se trata esta atención específica hemos entrevistado a Jesús Olea, enfermero especialista en salud mental de la Unidad de Hospitalización Breve (UHB) de Psiquiatría del Hospital Infanta Cristina, ubicado en la Comunidad de Madrid.

¿Qué son los cuidados culturalmente congruentes?

La definición aportada por este enfermero hace especial énfasis en el conjunto de acciones y actividades de cuidado dirigidas a apoyar y asistir al inmigrante, ya sea un individuo o un grupo, y a promover la mejora de su estilo vital desde una perspectiva holística: desde el ámbito biopsicosocial hasta el espiritual. “Es la apuesta, adaptada al modo de vida del inmigrante, por una realidad pluralista y globalizadora en la que la diversidad surge como una fuerza positiva”, apunta.

Olea ha sido uno de los responsables de aula de salud “Cuidados culturalmente competentes”, ofrecida por la Escuela Madrileña de Salud el pasado mes de febrero. Esta iniciativa, que según palabras de este enfermero, constituye “una herramienta de trabajo para el profesional de la salud, de cualquier ámbito, para mejorar la relación terapéutica con los inmigrantes”, persigue objetivos como poner en práctica las propuestas de este tipo de cuidados teniendo en cuenta el punto de vista de las personas migrantes, respetando sus valores y creencias sobre la salud, o describir la relación entre estrés e inmigración y empoderamiento, estrés aculturativo y distrés psicológico entre esta población.

Estrés aculturativo y distrés psicológico

De los problemas de adaptación a la nueva cultura, surgen, como hemos dicho, diversos problemas psicológicos entre las personas migrantes. Esta dificultad de habituación al país destinatario y de afrontamiento de la nueva situación, caracterizada por los cambios que experimenta esta población, se conoce como estrés aculturativo. Una dolencia que produce, añade este profesional, “un desequilibrio entre los recursos y las necesidades”.

“Los migrantes con mayores niveles de estrés aculturativo tienden a padecer distrés psicológico asociado”, explica Olea. Esta afección puede entenderse como el malestar, en el ámbito mental al manifestarse especialmente mediante la ansiedad y la depresión, que afecta a varios aspectos de la vida de los migrantes, como el comportamiento, la identidad, los valores, las habilidades o las motivaciones.

A su vez, añade, el estrés se encuentra influido por una serie de elementos (“que fueron definidos por Berry en 1997”, apunta), conocidos como factores moderadores de la relación estrés-aculturación, que, bajo el criterio de este enfermero, son “la base del cambio de paradigma hacia la congruencia cultural”. Entre estos factores pueden señalarse las características de la sociedad de acogida, es decir, si es multicultural o monocultural, la naturaleza del grupo y del modelo de aculturación (si son, por ejemplo, inmigrantes o refugiados o si deben hacer frente a la integración o a la marginalización) o el contexto social, psicológico y demográfico de cada persona.

“En mi práctica habitual, al trabajar en una unidad de agudos, quizás la sintomatología psicótica es la que más me he encontrado”, comenta a este respecto este profesional. “Sin embargo, en mi trayectoria profesional en diversas áreas de hospitalización breve, me costaría diferenciar un sector poblacional, dentro del adulto, que sería mi campo de atención”, informa Olea acerca de si existe un periodo vital especialmente vulnerable ante las dolencias descritas.

La principal dificultad para establecer un grupo de edad en el que la prevalencia de dichas afecciones tenga especial incidencia radica en las complicaciones derivadas de la recopilación de datos en los países de origen, para determinar el inicio de la sintomatología característica. “No me atrevo, de acuerdo con mi experiencia, a establecer diferencias entre sectores poblacionales en función de los años”, concluye.

El papel de la Enfermería en los cuidados culturalmente congruentes

Cuando se presenta un caso de estrés aculturativo o distrés psicológico, los procedimientos que los profesionales enfermeros han de seguir para tratarlo son los idénticos a los dispensados a cualquier otra persona “con problemas de salud mental: habría que seguir el cauce del médico de cabecera del centro de salud mental y seguir el procedimiento de derivación al hospital que se tenga establecido”, explica este enfermero.

La labor de los profesionales de Enfermería, concretamente, de estos especialistas, es primordial en este aspecto, señala Olea, “no solo para la identificación de los síntomas que pudieran aparecer en la persona a la que se está tratando, sino por su mejor formación en el ámbito de los protocolos enfermeros respetuosos con el migrante, como el modelo del sol naciente, de Madeleine Leininger”, afirma. Para poder llevar a cabo estos cuidados, agrega, se requiere una formación “humanista”, que reúna los aspectos psicológicos de cada paciente y las interacciones entre las personas “como base de la relación terapéutica”.

“Yo creo firmemente en la necesidad de no estigmatizar al inmigrante por el hecho de que tenga una dolencia de esta índole. Al normalizar su condición de persona con problemas de salud mental, el migrante será cuidado de forma congruente desde el punto de vista cultural”, destaca Olea. Este profesional apunta, a su vez, que ha participado en proyectos de investigación en los que se hacía especial énfasis en aspectos como el desarrollo de estrategias piloto de cuidados a esta población desde la inclusión. Este punto, de acuerdo con su criterio, es algo fundamental para comprender a la inmigración.

La importancia de la empatía

Como se ha señalado anteriormente, este profesional desempeña su labor de Enfermería principalmente en unidades de hospitalización de agudos, lo que le ha impedido poder trabajar con objetivos a medio o largo plazo, puntualiza. “Esto ha provocado que mi actuación, enfocada sobre todo a una adaptación más funcional al entorno habitual del inmigrante, de alguna manera, se haya limitado al tratamiento de las alteraciones mayores surgidas durante el ingreso”.

Olea pone de manifiesto que su experiencia, “como la de cualquier otro compañero”, añade, en el cuidado de personas migrantes con complicaciones de salud mental ha sido “muy gratificante en dos sentidos: bajo el punto de vista de que la profesión me ha brindado la posibilidad de aprender las diferentes culturas de estas personas, y desde la perspectiva de que mediante el acercamiento a dichos estilos de vida, la relación terapéutica con los pacientes será más positiva”.

Pero de entre todos los casos que ha tratado, este enfermero quiere resaltar uno en concreto. Así, cuenta que vivió su experiencia más importante con una persona inmigrante que presentaba síntomas de estrés aculturativo y distrés psicológico con un paciente subsahariano que escribía poesía mientras estaba ingresado. “Coincidió con mi primer estudio sobre necesidades psicológicas de los pacientes reflejadas en escritos espontáneos. Fue una de mis vivencias más difíciles y, a la vez, una de las más reveladoras”, relata. “Lo que comenzó siendo un brote psicótico acabó desembocando en un libro, titulado De la muerte a la salvación, de cuyo prólogo soy autor”, resalta este profesional.

Esta experiencia, explica, supuso un punto de inflexión en su concepción de la importancia de la empatía como herramienta de cuidado de los pacientes. “Me di cuenta de lo esencial que es poner en valor la información que nos transmite cualquier persona que padezca un problema de salud mental, independientemente del medio por el que lo haga. Lo que intentaba decir este paciente me rescató de mi más profundo alejamiento de la realidad”, concluye.

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