Tratamiento: mírame, diferénciate

Martes, 11 de marzo de 2014

Atender un parto extrahospitalario casi siempre es motivo de alegría. Es una experiencia muy gratificante ayudar a traer al mundo una nueva criatura, rebosante de vida y salud en un lugar donde nos codeamos con amigos tan poco agradables como el infarto, la parada cardíaca, el trauma grave y la intoxicación medicamentosa.

Aproximadamente el 90% de los recién nacidos efectúan la transición de la vida intrauterina a la extrauterina de una manera normal, sin complicaciones. Sin embargo, entre un 5% a un 10% de los niños van a precisar algún tipo de reanimación tras el nacimiento (aunque sólo sea un poco de oxígeno o ventilación con bolsa y mascarilla).

Existen algunos factores que influyen en el fracaso de la transición. Hay que tenerlos en cuenta a la hora de enfrentarse a un parto ya que nos ayudan a sospechar o predecir si ese niño necesitará o no reanimación en el momento del nacimiento. Por ejemplo, un embarazo no controlado supone de por sí un parto de riesgo. Desconoces si el niño tendrá alguna anomalía, dónde se encuentra insertada la placenta, posición

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