«Los enfermeros se merecen toda la admiración»

Jueves, 15 de febrero de 2018

Hemos hablado con Manuel Baqueiro, un actor con una gran experiencia sobre las tablas, conocido sobre todo por su papel de Marcelino en las series Amar en tiempos revueltos y Amar es para siempre. Ayer estrenó la obra El plan, de Ignasi Vidal, en el teatro Marquina.

Este intérprete, licenciado en Derecho, nos habla de su nueva obra, de cómo afronta la preparación de sus personajes y el cuidado de su salud durante los rodajes y las giras teatrales, y sobre su relación con los profesionales enfermeros con una divertida anécdota de su infancia en Galicia. 

Pregunta: Además de actor, usted es licenciado en Derecho. ¿Cómo decidió cambiar las leyes por la actuación?

Respuesta: Creo que es complicado tener que decidir con 18 años por dónde va a ir toda tu vida. Yo tenía claro que quería hacer una carrera, que quería estudiar algo, y que tenía que ser de letras, que es lo que me gusta. Y ante la duda, cogí Derecho, que dicen que vale para mil cosas. La fui terminando bastante fácilmente, me gustó, tenía cosas interesantes, cosas muy bonitas. Pero mientras tanto ya me picaba el gusanillo de la interpretación, y fui probando en escuelas.

Cuando acabé Derecho me quedé con la conciencia tranquila, y en casa estaba todo el mundo tranquilo también, y me puse a probar con el arte dramático. Enseguida me empezaron a salir cosas: obras de teatro, alguna serie… Y pude evitar esa crisis de que no te salga nada en varios años que me obligara a pensar en seguir con el Derecho. He tenido esa suerte de que enseguida conseguí trabajo, y ya me encaminé por ahí. La verdad es que el Derecho queda ya muy atrás.

P.: Tiene una amplia experiencia en teatro y televisión, y también ha trabajado en el cine. ¿Es diferente la preparación de sus personajes para cada uno de estos ámbitos?

R.: Bueno, sobre todo lo que es diferente es el tiempo que tienes, el proceso que te den. Por ejemplo, he participado en obras de teatro en las que he tenido todo el tiempo del mundo para hacer los ensayos con calma, en las que hemos tenido un proceso de cuatro o seis semanas de creación del personaje y de ensayos y de montar la obra, que es lo que se suele tener.

Y otras, como en El plan, que es con la que estamos ahora en el teatro Marquina, con la que enseguida me tuve que subir a las tablas. Tuve cinco ensayos, así que el personaje lo he compuesto como he podido y luego ya, a lo largo de la gira que hemos hecho, lo he definido bastante más, con las primeras funciones.

Depende más del tiempo que del formato, y también de lo que te pidan y de lo definido que esté. Evidentemente yo creo que el teatro es más artesanal. No hay una cámara para sustentarte un primer plano, es más de cuerpo, hay que sacar bien la voz. Exige muchas más cosas. En el formato visual, ya sea televisivo o cine, la cámara y el montaje te pueden ayudar mucho, o te pueden hundir. No está todo en tus manos, en cambio, con el teatro eres tú el que está ahí arriba solo. Ahí no hay trampa ni cartón.

P.: Además de por su amplia experiencia, es conocido por interpretar el papel de Marcelino en Amar en tiempos revueltos y Amar es para siempre. ¿Cómo es interpretar a un personaje durante tantos años, supone un reto para un actor?

R.: Bueno, tiene cosas buenas y cosas malas. Desde luego yo me lo sigo pasando muy bien con Marcelino porque cada año me cambian al resto del elenco: nos quedamos los de El Asturiano, y al resto lo cambian para contar historias nuevas. Marcelino se relaciona cada año con personajes completamente diferentes.

Eso, para nosotros, por un lado es una pena, por los compañeros que se van, y por otro es algo muy fresco, porque estás trabajando con gente nueva en cada temporada. Es como si te cambiases de colegio cada año, para estar con gente nueva trabajando. Y eso te mantiene muy vivo.

Los guiones también ayudan, nos van poniendo cosas muy distintas, tramas divertidas, tramas más dramáticas, con unos personajes y con otros… Y eso nos ayuda a estar muy vivos.

P.: Por la serie han pasado actores tan reconocidos como Ana Torrent o Jorge Sanz, ¿cómo es trabajar con ellos?

R.: Son dos grandes artistas, tanto Ana Torrent como Jorge Sanz. Además, Jorge es un cachondo, y la verdad es que lo pasábamos muy bien con él. Fue una gozada.

Era ese actor con el que todos hemos crecido, al que hemos visto haciendo todas las películas del mundo. Es una leyenda viva, y encima es un tío muy cercano. Lo disfrutamos muchísimo, son dos grandes actores.

P.: ¿Cómo cuida de su salud durante los rodajes o la preparación de las obras de teatro?

R.: Intento ir a correr, que me gusta mucho, cuando encuentro hueco, e ir un poco al gimnasio. Me encanta comer, es un problema que tengo, me gusta comer rico, y, claro, a veces eso esta peleado. Sobre todo en las giras, te descuidas mucho, porque siempre que sales acabas tomándote una cañita, una cervecita o picando de raciones y de tapas por la noche, y eso se nota en la barriga luego.

Pero procuro llevar una vida bastante equilibrada. También me gusta jugar al tenis cuando puedo, y escaparme al mar, que como la mitad de mi familia es gallega me lo pide mucho el cuerpo, y ya una vez allí, me dedico al kitesurf, a nadar o a lo que sea. Salir de Madrid para mí es la mejor manera de cuidar mi salud, hay que escapar un poco de la ciudad.

P.: Ahora estrena la obra El plan, de Ignasi Vidal. Háblenos de ella y de por qué deberíamos ir a verla.

R.: Es un texto de teatro redondo, el que más he disfrutado de todos los que he podido hacer hasta el momento. Es una obra divertidísima, y la gente la va a disfrutar muchísimo. Y también creo que tiene un punto dramático, tiene un giro completamente inesperado muy atrayente.

Sobre todo es teatro superrealista: estás viendo a tres tipos que rondan los 40, que de repente se encuentran en el paro y tienen que ver cómo afrontan eso. Y urden un plan, del que no puedo hablar más hasta que no se vea la función, porque si no, me la cargo. Pero tiene puntos desternillantes y puntos muy dramáticos: transita por muchísimas emociones.

Tanto Chema del Barco como Javier Navares, que son mis dos compañeros de función, están fantásticos. Se pasa muy rápido, porque todos los diálogos son chispeantes. Es como si estuvieras mirando un salón de una casa con tres colegas hablando a través de una mirilla, y te parece que estás allí con ellos. Es un teatro muy cercano, creo que está muy vivo.

Esta función, entre otras muchas cosas, es un canto a la amistad, y creo que mucha gente se va a ver reflejada en la relación que mantienen estos tres tipos, que a veces es de puya permanente, porque los amigos nos relacionamos a veces metiéndonos puyitas, o echándonos en cara cosas sin importancia. Todos tienen un secreto en la función, que se va descubriendo y en torno al cual palpita todo.

Y que nos vuelvan a querer en Madrid habla muy bien de la función. Hemos estado ya de gira, estuvimos en el teatro Pavón, y ahora, en el Marquina, y creo que es porque la obra gustó mucho. La verdad es que yo la disfruto muchísimo.

La gente sale habiéndoselo pasado muy bien, y eso es lo que me gusta. Y también reflexionando, porque se habla de cosas muy importantes. Esa mezcla de comedia con una carga de fondo, que es lo que hace pensar, me parece que es lo que hace que sea una obra redonda y que merezca la pena ir a verla, sin duda.

P.: ¿Qué representa para usted la figura de los profesionales enfermeros? ¿Tiene alguna anécdota en su vida personal con ellos?

R.: Para mí representan admiración. Los enfermeros, los médicos… desarrollan  una función necesaria, cuidan de todos nosotros. Creo que son profesiones que la gente no valora hasta que se encuentra en una situación de salud, y tienes que ir a que te atiendan. Es gente llena de humanidad. Para mí cualquier persona que se dedica a cuidar de los demás, enfermeros o incluso profesores, se merece toda la admiración. Eso son cosas importantes.

Te das cuenta de la tontería que tenemos a veces en otras profesiones, cuando decimos «es que no estado bien en esta función», «es que esto hay que hacerlo así», «es que esto no me deja dormir». Lo importante es que si tienes una persona enferma en la familia que haya un enfermero que lo esté cuidando bien, o un médico que vele por su salud. Eso son las cosas importantes de la vida.

Recuerdo que una vez me caí por las escaleras de pequeño, con diez años en Galicia. Me golpeé la cabeza y estuve fatal, me tuvieron que llevar al hospital. Pasé unos meses en los que no podía jugar a nada, no sabían si me había quedado algo mal. Y la imagen que tengo de pequeñito en el hospital de La Coruña es la de un enfermero y una enfermera que me estaban cuidando como nunca, con cariño y amor. Mira que en los hospitales se pasa mal, pero hay una parte de mí que cuando salía de allí se quedaba con la pena de que no iba a volver a verlos nunca más. Y eso nunca lo olvidaré, ese trato, que fue maravilloso.

P.: ¿Qué otros proyectos tiene planeados para el futuro?

R.: De momento seguir con El plan. Me queda también un poco de otra gira de teatro, de una función que se llama El cíclope, que voy alternando con esta. Me queda de rodaje de la serie por lo menos hasta junio. Y luego ya veremos continúa o no, yo espero que sí: de audiencia va muy bien y si continúa yo me lo sigo pasando bien, me cuidan mucho, me dejan hacer teatro. Así que si la serie sigue y cuentan conmigo, yo seguiré otro año encantado.

De momento, quiero estar pendiente de lo que estoy haciendo en este momento, y cuando llegue el final, pues pensaremos en alternativas. Intento vivir el día a día, hacer bien el trabajo, y como no está en mis manos decidir lo que va a durar esto, intento disfrutar el momento, y luego ya veremos dónde me llevan la vida y la profesión.

PÍLDORAS

¿Cómo definiría la labor enfermera?

Cercana.

¿Qué no falta en su botiquín?

Urbason®.

Ejercicio, ¿en un gimnasio o al aire libre?

Al aire libre.

¿De qué alimento no podría prescindir?

Del pescado.

De no haber sido actor y estudiado Derecho, ¿qué profesión habría escogido?

Algo relacionado con el deporte y con el mar: profesor de kitesurf, que me apasiona.

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