“Para mí es un orgullo que la gente me conozca como el enfermero fotógrafo o el fotógrafo enfermero”

Martes, 12 de octubre de 2021

Fran Fernández es enfermero y fotógrafo. Un cambio laboral lo impulsó a iniciarse en el mundo de la fotografía a modo de terapia; tras ello descubrió una de sus grandes pasiones en la actualidad, que le ha valido el reconocimiento tanto de los pacientes y los compañeros como en certámenes de fotografía. Nos atiende para hablar de cómo se relacionan estas dos facetas de su vida.

© Fran Fernández

Pregunta: ¿Por qué se decantó primero, por la fotografía o por la Enfermería?

Respuesta: A principios de los 90, cuando uno tiene 18 años, el tiempo pasa más lento que después, en una edad más adulta, cuando los años parecen meses, y en aquel momento estudiar una carrera larga de cinco años me parecía una eternidad. Dentro de las carreras de tres años o diplomaturas, llevaba dos años pensando que Enfermería me encajaba muy bien, por mi personalidad abierta, y sabiendo que ayudar a alguien en el tema de salud es algo muy gratificante; más tarde lo descubriría con el concepto de cuidar. Ya me seducía también todo lo relacionado con el cine, la imagen, etc. Pero fotografía, como tal, no la consideré como una opción, puesto que en aquella época, supongo que por ignorancia, no percibía lo de ser fotógrafo como algo serio o una forma de ganarse la vida. Recuerdo que cuando terminé COU puse como prioridades para estudiar primero Enfermería y segundo Imagen y Sonido. Al final el destino unió estas dos disciplinas.

P.: ¿Cómo empezó a iniciarse en el mundo de la fotografía?

R.: De siempre me gustó la fotografía. Pero como a muchas otras personas, como una herramienta para guardar recuerdos familiares, viajes, etc. El punto de inflexión y lo que me conduce definitivamente a la fotografía es un cambio radical en mi trabajo como enfermero. Aunque suene raro, cuando aprobé las oposiciones y cogí plaza fija en el SAS, en el año 2010, en vez de estar contento por todo lo que te aporta una plaza fija (estabilidad, tranquilidad, seguridad, etc.) yo me sentía desdichado, puesto que tenía que pasar de un puesto en el que llevaba cuatro años, adaptado a un horario de guardias de urgencias, a un buen equipo y a una rutina personal y familiar, al Hospital Juan Ramón Jiménez, donde ya había estado anteriormente; solo que esta vez entraba con un puesto fijo y a la UCI, donde he estado los últimos diez años, pandemia y olas varias incluidas.

La verdad que este cambio tan radical, laboral y personalmente, fue traumático para mí. Durante unos meses, al principio, mentalmente estaba muy tocado, y con un grado de ansiedad alto. Creo que la UCI es el lugar, de todos por los que he pasado como enfermero en mis 25 años de experiencia, con mayor complejidad, con diferencia; por muchos años que lleves allí trabajando nunca llegas a controlarlo todo debido a la gran cantidad de variables existentes: patologías, aparatos, técnicas, cuidados y tareas, medicación, terapias, y un largo etcétera. Por ello, en la UCI es tan importante el trabajo en equipo y que el turno se ayude y apoye entre todos.

Hasta que la fotografía y la adaptación poco a poco a mi nueva realidad laboral me salvaron. A mi mujer le debo mi entrada de lleno a la fotografía. Cuando comencé en la UCI me vio tan mal que me animó a que me apuntara a algo que siempre me llamó la atención, y que tratara de hacer algún taller o cursillo de fotografía. Me lo tomé tan en serio que me matriculé en el grado superior de Fotografía Artística en la Escuela de Arte León Ortega de Huelva, donde estuve cuatroaños estudiando fotografía. De repente descubrí un mundo fascinante, mi paso por la escuela de fotografía y la formación que recibí allí fueron un antes y un después en mi vida tanto fotográfica como personalmente. Cambiaron muchas cosas.

Al final te das cuenta de que en la vida hay muchos caminos alternativos igual de válidos, y ahora, echando la vista atrás, no me arrepiento para nada de mi etapa y paso por la UCI, por todo lo que me aportó profesionalmente, la gente que conocí, y porque gracias a ella descubrí la fotografía, y por toda la satisfacción y el crecimiento personal que me supuso. Yo antes miraba el mundo pero no lo observaba, antes hacía fotografías sin ninguna intención, y tras mi paso por la escuela de fotografía, y después seguir estudiando a los fotógrafos clásicos y los contemporáneos, ver muchas exposiciones y acudir a charlas y congresos, todo cambió. Intentaba que mis fotos tuvieran un algo que las elevara por encima de lo normal, por mensaje, composición, estilo, técnica, originalidad, curiosidad, etc., cualquier cosa que la convirtiera en una buena foto, que el que la viese se parase unos segundos porque algo le ha llamado la atención, y que no fuera una más del montón.

Ojo, conseguir esto no es nada fácil, siempre recuerdo una frase de la fotógrafa Annie Leibovitz, que dijo “me conformo con hacer cinco fotografías buenas al año”. Yo, como no tengo ni mucho menos el talento de ella, digo que me conformo con hacer al menos una sola fotografía buena al año.

P.: ¿Qué objetivos tiene, dentro del mundo artístico?

R.: Mis objetivos dentro del mundo artístico han estado muy ligados a proyectos fotográficos relacionados con el ámbito sanitario. De hecho, mis principales logros y reconocimientos han sido con este tipo de fotos sobre la profesión enfermera, o la salud/enfermedad. Creo que me he especializado en esta rama tan específica e inédita dentro del mundo fotográfico. En definitiva, cuando he abordado un proyecto de este tipo, mi objetivo ha sido dar la mayor visibilidad al trabajo enfermero y al personal sanitario, a su esfuerzo y su dedicación, y mostrar a la sociedad todo lo que hay detrás, transmitir un mensaje y acercar a la ciudadanía nuestra labor, o a una situación concreta relacionada con la sanidad. Y una buena manera de llevar a cabo esto es que tras realizar un proyecto de este tipo, he hecho una exposición fotográfica, editado un fotolibro, y se ha divulgado a través de medios y prensa.

Ya, a otro nivel, me gusta con mis fotos, tanto de estos proyectos citados como de fotografías individuales, moverlas en el mundillo de los certámenes y concursos de fotografías, los cuales me han aportado visibilidad, reconocimiento y satisfacción por el hecho de que mis fotos gusten y lleguen tan lejos.

P.: ¿Cómo le ha influido su profesión enfermera a la hora de realizar fotografías? ¿Qué impacto tiene su profesión en su obra artística?

R.: Creo que mi profesión de enfermero me ha influido enormemente en mis fotografías. De hecho, es tal la simbiosis entre ambas disciplinas, y el impacto mutuo que tiene una sobre la otra, que constantemente las relaciono. Para mí es un orgullo que la gente me conozca como el enfermero fotógrafo o el fotógrafo enfermero, este detalle dice mucho de la mezcla de estas dos facetas. De hecho mis obras más destacadas tratan sobre la temática sanitaria. Y esta unión se germinó y se produce en un momento concreto: en un ejercicio para la escuela de fotografía se nos pedía a los alumnos que hiciéramos un trabajo de documentalismo social, y pensé “¿por qué no mato dos pájaros de un tiro?, y ya que trabajo en una UCI, junto mis dos mundos, y trato de aplicar y mostrar a través de mi ojo fotográfico el trabajo del personal sanitario en la UCI”.

Lo que yo no esperaba era que jugaba con cierta ventaja al ser enfermero y hacer el trabajo fotográfico en mi entorno diario. Descubrí que para hacer un buen trabajo de fotografía documental no vale, por ejemplo, hacer un trabajo sobre la trashumancia, irte a un pueblecito perdido y echar unas cuantas fotos en una tarde; tienes que dedicarle mucho tiempo, y primero introducirte en su mundo, implicarte, estar dentro de lleno, conociendo y charlando con los pastores, sus rutinas, sus horarios, sus problemas, el ganado… y todas las circunstancias que rodean ese tema que quieres mostrar. Una vez que te impregnas de todo eso, y comprendes su forma de vida y todos sus matices, es cuando a través de una buena visión fotográfica puede generarse un buen proyecto documental.

Por todo esto, ser enfermero y trabajar en la UCI me ayudó en el sentido de que conocía perfectamente mi entorno, a mis compañeros, las tareas o técnicas que se iban a realizar… En definitiva, toda la idiosincrasia del tema que quería mostrar. Digamos que al ser uno más, uno de ellos, me movía como pez en el agua, y pasados los primeros instantes y habiéndoles pedido permiso previamente sobre lo que iba a realizar, luego ya nadie reparaba en mí, ni en mi cámara. Al fin y al cabo era uno más de ellos. Y esto se tradujo, en un trabajo muy natural y espontáneo. Obtuve una muy buena calificación en la asignatura, y me plateé seguir con el proyecto de documentar la rutina y actividad diaria de mi UCI a largo plazo, y ampliarlo. Tras dos años haciendo fotos en la unidad, autoedité un fotolibro, El personal sanitario de la UCI en el HJRJ, que gustó tanto que se hizo una exposición en el Museo de Huelva, y algunas fotos de ese proyecto obtuvieron importantes premios.

Este primer trabajo me condujo a otros encargos relacionados con el ámbito sanitario. Posteriormente a ese trabajo se cumplían 25 años de la coordinación de trasplantes de Huelva, y me encargaron documentar el trabajo que hay detrás del proceso de donación de órganos. Entonces se me ocurrió reflejar una historia en blanco y negro en la que mostraba todas las fases y etapas de dicho proceso, desde la pérdida del ser querido que se convierte en donante hasta el eslabón final, enseñando la alegría de la persona que recibe un órgano y le cambia la vida. Sin duda, ha sido mi mejor y más completo proyecto hasta la fecha. Creo que en el ámbito nacional no existe un documento gráfico que muestre ese campo tan específico de la donación, como se puede apreciar en mis imágenes, y de hecho las mejores fotos de ese proyecto se han expuesto en ciudades como París, Moscú o Tokio, y han sido publicadas en el periódico El País.

Actualmente mi último proyecto fotográfico es La UCI en tiempos de pandemia. Creo que documentar el trabajo y circunstancias que se han dado en la UCI donde trabajo en plena pandemia es algo que adquirirá mayor valor con el paso del tiempo, porque al fin y al cabo es algo que formará parte de nuestra historia, y que no debemos olvidar como sanitarios, ni la sociedad el trabajo, esfuerzo y dedicación de todos lo que han luchado contra el dichoso virus. El libro lo componen 71 fotografías alternándose con textos que complementan todo lo que se percibe en las imágenes, incluso hacen entender y acercan todo lo vivido dentro de una UCI durante la crisis a personas ajenas al ámbito sanitario. Espero hacer una buena exposición próximamente sobre este último trabajo.

En la relación entre estas dos disciplinas, fotografía y profesión enfermera, hay elementos comunes. Es algo que me surge espontáneo y de manera natural, y que me han confirmado editores, y entendidos en fotografía y, por el otro lado, compañeros de profesión, que me han expresado su enorme gratitud. Y es que a pesar de tratar temas de salud y enfermedad, entornos complejos, como puede ser una UCI, donde predomina la enfermedad, la angustia, la perdida, el sufrimiento… en definitiva un mundo gris, mis fotos reflejan sensibilidad, un gran respeto por el paciente, permaneciendo este siempre en el anonimato; son imágenes que no caen en el morbo, o escenas cruentas, todo lo contrario, se puede apreciar incluso en ese ambiente cierta belleza y elegancia.

Pero sin duda, una de las cosas más gratificantes es como a través de mis fotografías he influido positivamente en algunos pacientes, o lo que ha significado para algunas personas una fotografía concreta, y que me demuestra lo útil que puede ser la fotografía como herramienta o terapia en determinados casos. El trabajo de la donación de órganos sirvió para concienciar a mucha gente y entender mejor la importancia de dicho acto. Las fotos a menudo que se ven en carteles o pósteres sobre la donación son de niños jugando en campos, o parejas sonrientes, etc., pero con mis fotos se mostró una realidad de tal forma que la gente entendió de una manera más profunda y auténtica la gran labor e importancia que hay detrás de todo ese proceso. Hubo personas que me expresaron su fascinación; de hecho, en la exposición se me acercó una mujer y me dijo “viendo estas fotografías me entran ganas de hacerme donante, ahora entiendo lo importante que es”.

Pero también recuerdo situaciones increíbles donde, con una única imagen, se ha logrado algo tremendamente reconfortante para un paciente. Al recoger precisamente un premio de fotografía de enfermería, en el acto del Colegio de Enfermería de Granada, conté una anécdota al respecto. Una tarde trabajando en la UCI llegan dos enfermeras de pediatría con la pediatra de guardia para hablar con los intensivistas; resulta que teníamos ingresado a un hombre politrauma por accidente de tráfico. Y el hijo de este, de tan solo seis años, iba con él en el coche y se encontraba ingresado en pediatría, por fortuna menos grave que el padre. Al niño lo habían sacado del coche los bomberos, y el niño no volvió a ver al padre desde aquel momento, con lo que el instinto, a pesar de tener solo seis años, le decía que algo malo podría haberle pasado al padre. Contaban el personal de pediatría que al niño le habían puesto de todo, y que no se quedaba tranquilo con ninguna medicación, estaba muy inquieto e inestable; y, claro, la posibilidad de traer al niño a la UCI para ver al padre era complicada. Hasta que a una compañera y la intensivista que me vieron mientras yo estaba en otro box se les ocurrió plantear que, como yo era el enfermero fotógrafo, hiciera una foto al padre y el personal de pediatría se la enseñara al niño. Pues bien, traté de hacer la foto lo mejor posible, para ocultar cables, tubo, etc., y era muy importante que el padre saliese con los ojos abiertos: esa tarde estaba en retirada de sedación pero aún muy dormido. Preparé la foto, y le dije a su mujer al otro lado de la cama que lo llamara por su nombre, en ese instante abrió los ojos, el único momento del día en el que lo hizo, y justo capturé lo que buscaba. Pasé la foto y me fui a casa cuando terminó mi turno. Pero lo recuerdo con gran satisfacción por saber lo que ayudó mi foto a ese niño cuando, al turno siguiente, me vinieron a buscar a la UCI la madre, muy agradecida, y la enfermera de pediatría, porque aquella tarde, cuando le enseñaron la foto del móvil al niño, me contaron la miró unos segundos, y cayó desplomado en la cama para dormir durante varias horas, y descansó. A veces la fotografía sin grandes alardes se convierte en algo mágico.

Y recientemente, por un retrato que le hice a una muy buena amiga mía después de haber superado un tratamiento muy duro por un cáncer, me escribió de tal forma, comentándome lo que significaba para ella verse en esa foto, y cómo yo lo había sabido plasmar, que fue algo que me emocionó.

Han sido situaciones muy gratificantes. Hacer tanto bien a una persona y saber que una fotografía tuya ha ayudado o significa tanto para alguien es algo que sin duda me ha llenado más que muchos de los premios que he conseguido. Por todo ello, la unión de la fotografía y la enfermería me ha proporcionado grandes satisfacciones, además de todo lo anteriormente citado, un ejemplo más de ello, fue lo ocurrido el pasado día de Andalucía, 28 de febrero de 2021. Supongo que alguien desde las altas esferas de la Consejería de Salud de Andalucía se acordó de mí porque era enfermero y de UCI, dos conceptos muy ligados a la pandemia. Pero además estoy seguro de que esa persona conocía o habría visto mis proyectos fotográficos, en los que siempre di mucha visibilidad a la enfermería y a todo lo relacionado con la sanidad en general. Y entonces me propusieron como representante de todos los sanitarios de Andalucía para acudir al acto de entrega de medallas en el Teatro Maestranza de Sevilla. Durante dicho acto habría un homenaje a los colectivos que estuvieron luchando en primera línea durante la pandemia. Fue un momento muy especial y emotivo, y aunque suponía una gran responsabilidad, representar y decir unas palabras en nombre de tantos compañeros sanitarios fue una experiencia única y preciosa que nunca olvidaré, y además por el motivo tan importante que era aquel homenaje hacia los sanitarios.

P.: Su trabajo como fotógrafo ha sido reconocido con diversos galardones nacionales e internacionales. ¿Cuál ha sido su trayectoria? ¿Qué han significado para usted estos premios?

R.: Una vez que terminé mis estudios de fotografía en la escuela de arte me empecé a interesar por el mundillo de los concursos y certámenes de fotografía. Comencé ganando algunos concursos locales, y entonces en el mismo mes de diciembre de 2015 me llegaron dos noticias muy agradables que marcaron mi comienzo de logros en certámenes muy importantes del ámbito nacional e internacional. Uno fue el Premio de Fotografía enCuadre de Atlantic Copper, uno de los concursos en España con un premio mayor a una sola foto. Además era la primera vez que lo ganaba un onubense. Y el otro fue un galardón en elVII certamen ASISAfoto, que me hizo especial ilusión por el nivel del concurso, participantes y jurado. Me invitaron a Madrid a la entrega de premios y la exposición, y durante el almuerzo conocí a grandes maestros de la fotografía de nuestro país, como Cristina García Rodero, Castro Prieto, y parte del jurado de la talla de Chema Madoz, Gervasio Sánchez y Ribas i Prous.

Pero fue algo más adelante cuando obtuve premios internacionales, y precisamente con mis trabajos fotográficos relacionados con mi profesión de enfermería. El primero fue una mención de honor en los IPA Awards (International Photo Awards), en el que participan decenas de miles de fotógrafos y de países de casi todo el mundo, por mi trabajo del personal sanitario en la UCI. Luego con este mismo trabajo y el proyecto “La donación. Fuente de vida y esperanza”, gané dos años la medalla de oro y ganador absoluto en la categoría ciencia en los MIFA (Moscú International Foto Awards), y TIFA (Tokio International Foto Awards). También gané la medalla de plata en Budapest, fui finalista en los Fine Art Photo Awards de Londres y mención de honor y elegido para exhibición en el Prix de la fotografía de París “The State of the world”, donde estuvo como jurado Steve McCurry. Además, fui plata y bronce en los IPA edición España. Y en años más recientes he conseguido por algunas obras mías menciones de honor de la prestigiosa FIAP (Federation Internationale de l´Art Photographique).

Generalmente, mis proyectos en los que muestro alguna faceta del ámbito sanitario han tenido gran reconocimiento en categorías de concursos importantes donde se aborda el documentalismo, es decir, donde es muy importante mostrar al mundo una historia, y que el espectador, a través de solo una serie de imágenes, se haga una idea de todo lo que sucede y lo que se refleja de ese tema en concreto. Y esto es muy importante para hacer comprender a mucha gente un problema o unas circunstancias determinadas. Un tema, en definitiva. Como ejemplo, en la bienal del concurso de reportaje fotográfico Aphotoreporter, donde fui finalista en 2017 y 2019, con grandes trabajos documentales de todo el mundo. El hecho de conseguir mostrar algo de nuestra parcela de la enfermería, en un escaparate donde se ven grandes trabajos de fotógrafos famosos con fotos de conflictos, guerras, refugiados, etc., es algo muy alentador.

Luego, como fotos individuales, he recibido multitud de reconocimientos, como seis premios del Concurso de Fotografía del Colegio de Enfermería de Huelva, dos consecutivos del Colegio de Enfermería de Granada y otros tantos del Colegio de Arquitectos de Huelva. Actualmente soy finalista del 4º Certamen Fotoenfermería, que está pendiente de veredicto, y en el que he sido tercer clasificado y finalista en las dos ediciones anteriores.

Gracias a todos estos galardones, mis fotos han estado expuestas en ciudades como París, Moscú, Tokio, Minsk, San Petersburgo, Madrid, etc, y he sido nombrado en el año 2020, por la Confederación Española de Fotografía, con la distinción de artista CEF. Pero sin lugar a duda con lo que me quedo de estos premios, además de la satisfacción de que tus obras son reconocidas por gente entendida, es el hecho de su mayor visualización para que pueda llegar a disfrutarse por un público amplio. Y las personas y compañeros apasionados como yo de la fotografía, que he conocido en dichos actos.

Ya para terminar me gustaría despedirme con una frase propia que puse al final de mi proyecto fin de grado para concluir mis estudios de fotografía, y que resume muy bien como veo y entiendo la unión de la fotografía y la enfermería: “Encontré en la fotografía, en cierta medida, un modo de engañar a la muerte, por la magia que tiene cuando logra inmortalizar, nunca mejor dicho, a personas, momentos y lugares”.

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