Profesionales humanos

Miércoles, 23 de julio de 2014

Llevaba cinco meses de enfermera pero ya había tenido malas vivencias profesionales, especialmente “a nivel jerárquico”. Diez meses después, y tras vivir malos momentos laborales, me encontré con una paciente en otro servicio que me reconoció, me dio las gracias por mi trato humano y profesional durante su estancia en un hospital donde yo había trabajado y me dijo unas palabras que espero no olvidar nunca: “En mi estancia en el hospital, antes del traslado a tu unidad, tuve muy malos momentos pero me quedo con los buenos y no recuerdo los malos. Tú en la vida quédate con lo bueno y olvida lo malo”.

Se me terminó el trabajo en el hospital, pero inmediatamente me llamaron de un centro de salud y hoy en día puedo afirmar el refrán que dice: “no hay mal que por bien no venga”. Se trataba de una suplencia de verano y tras terminarla me salió otra en el mismo centro por una baja laboral.

Mi estancia en este trabajo fue buenísima, tuve el “gran regalo” de formar parte de un equipo en el que destacaba el compañerismo, respeto, humanidad, amabilidad y cohesión. La teoría que nos contaban en la universidad en cuanto a las relaciones interpersonales, se llevaba a la práctica. Siempre me trataron como un miembro más del equipo de Atención Primaria, demostrando su confianza, dejándome participar en todo momento, teniendo en cuenta mi opinión y respetando el derecho de tomar mis propias decisiones. Se creó un ambiente de confianza y respeto, dando lugar a una buena relación y facilitando el trabajo en equipo. Me sentía escuchada, respetada y reconocida como profesional, pues eso era lo que me transmitían mis compañeros. Si me tenían que hacer algún tipo de crítica me la hacían, pero siempre de manera constructiva y respetando mi persona.

Llevando a cabo un curso de Educación para la Salud, organizado por el área, hicimos la “técnica de Fotopalabra”, que consiste en elegir una foto y explicar el significado que tiene para ti. Elegí una foto que era un recién nacido sostenido y acariciado por dos manos. Teníamos que elegir una foto que significara el momento en el que nos encontrábamos de nuestra profesión. Expliqué que elegía el recién nacido porque estaba empezando en esta profesión, me quedaba mucho camino por recorrer y aprender, pero siempre tenía el apoyo de mis compañeras que tenían más experiencia que yo y me aportaban su sabiduría, cariño, amabilidad, respeto y seguridad.

Durante el tiempo que duró mi suplencia aprendí muchas cosas, tales como que se puede y se debe trabajar en equipo, que es necesario el compañerismo, que la buena comunicación entre los distintos profesionales es esencial, porque el protagonista de los cuidados es el paciente y eso nunca se nos ha de olvidar.

Se puede decir que yo pasé por este centro de salud y él paso por mí, estuve muy bien allí, tuve una experiencia muy constructiva a todos los niveles, el trato que recibí es difícil de mejorar. La base de las relaciones que allí se daban era el respeto y nunca me faltó apoyo. Cualquier cosa que necesitara sabía que podía contar con ellos porque así me lo habían demostrado. En ese perío­do me estaba preparando la OPE de Madrid, me regalaron libros, me decían que estudiara como si estuviera opositando para juez y que hiciera test hasta que me aburriera. Lograban aumentar mi motivación y eso es de agradecer y más aún en los malos momentos que puedes pasar cuando estás opositando.

Hay un proverbio malayo que dice: “podemos pagar un préstamo de oro, pero siempre estaremos en deuda con quienes han sido amables con nosotros”. Yo nunca podré pagar por vuestro trato tan humano, ni tampoco porque la vida me diera la posibilidad de conoceros. Por todo esto, ahí van mis palabras y mi cariño, siempre ocuparéis un hueco muy especial en mi corazón y otro en mi memoria. “Sois de lo bueno, lo mejor”, como decía Juani, una compañera enfermera.

A todos mis gandhianos, os aprecio un montón y os deseo todo lo mejor, porque así lo merecéis, sois grandes profesionales y mejores, si aún cabe, personas.

Fuente: Jiménez Vicente, Beatriz. METAS de Enfermería Junio 2011, nº 5

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