Relato para Julia

Miércoles, 5 de noviembre de 2014

por diariodicen.es

“Toma, desahógate escribiendo”, me dijo mi marido a la vez que me regalaba un cuaderno estampado en tela inglesa y desde ese día empecé a escribir. Recetas, todas las recetas de cocina las modifico, las hago mías, y entonces las escribo. Crítico, mi espíritu burlón, me viene avisando de que haga régimen y que escriba, reposadamente, solo recetas para el alma. Únicamente escribo aquéllas que me llegan al corazón porque me incomodan, me sorprenden o me hacen feliz. Son relatos, parches que me pongo en las úlceras de a diario, para los festivos, voy a cuerpo de momento.

Cuando recibí el aviso de cura de una úlcera por presión, estaba yo en esa situación que los de recursos humanos califican de “desmotivadora” y los humanos, es decir, los de “a pie”, de “estar quemado”, situación que dicen pasajera y que en mí se va cronificando, pasando a ser mi situación normal y lo anecdótico es ese corto período en el que me mueve el interés y la ilusión. Me viene amenazando, cultiva el inconformismo o el talento se marchitará. Nuestras creencias son atajos para no pensar, pero me tiene cansada, muy cansada.

Con resignación acudí al domicilio y conocí a Julia, una paciente oncológica, con una fístula anal que le producía una incontinencia fecal y un olor a “caca” constante.

En la habitación había un revoltijo de medicamentos, libros, Kleenex® y cremas, será por deformación profesional pero llevo mal ese desorden, me molesta.

Durante la entrevista ya todo fue distinto, sabía qué iba a decir antes de que yo lo dijera o aconsejara, con palabras de profesional, lo decía ella de esa forma en la que te llegan las cosas a las entendederas para que las aprendas, que va más allá, maestros que encontramos a lo largo de la vida.

Durante todo el proceso de la enfermedad de Julia convivieron juntos juguetes, libros, Kleenex®, medicamentos, un descontrol con el que mantengo siempre un “por ahí no paso”, para que el paciente esté en un ambiente ordenado y limpio, lo más aséptico posible. Sin embargo, en este caso había algo misterioso en el aire, siempre pensaba, “la próxima vez se lo digo”, cuando ya estaba en la calle.
Como diría mi abuela, estaba en los huesos e irradiaba algo muy difícil de encontrar en este mundo, era como un bálsamo, como el halo que sale de la lámpara del mago en los cuentos previo a la presencia del genio, serenidad en la mirada, sin prisa aunque sabía que no le quedaba tiempo, marcando su ritmo de pensamiento, palabra y obra. No quería que nada girara en torno a ella, pero lo llenaba todo.

Hablamos de sus hijos, de libros y bastante poco de su enfermedad. “Me gusta cómo me curas, lo haces tan bien –me decía– lo haces tan a conciencia, siéntate un poco, cuéntame que estas leyendo” y te invitaba a tocarla a la vez que te cogía las manos y decía: “estas manos curan” y me llenaba de bienestar, te ponía a bien con el mundo, no podía perdérmelo, quería tocar a este ser que llenaba de sentido y sinsentido lo que hacía.

El día antes de fallecer, no tenía programado ir, pero le dije a una compañera: “voy a despedirme de Julia”. Cuando llegué, estaba semicomatosa… “que descanses Julia”, le dije, “adiós”.

Posiblemente, ha sido la única vez que he dicho algo así a un familiar: “se muere, deberías arreglar las cosas y llamar a los hijos”, él me dijo que otras veces había estado peor, que la morfina le dejaba así, “no, esta vez se muere”, le dije. Falleció al día siguiente. Después de un mes me preguntó su marido: “¿por qué estabas tan segura?” “No lo sé”, le contesté.

No estuve triste, me acuerdo de ella como un regalo que me envió la vida para enseñarme que no todo es como creemos, hay algo que solo algunas veces percibimos.

¡Déjate de fenómenos extraños!, me decía a mí misma: ¡busca el diagnóstico!, ¿duelo anticipado, relacionado con pérdida potencial percibida de alguien significativo?

No, no es duelo disfuncional, pues su definición es el estado en el que existe una pérdida real o percibida.

En éstas estaba yo cuando, aunque parezca mentira, sonó el despertador. ¿Duelo? ¿qué duelo?

Fuente de consulta: García Juan ME. Relato para Julia. Metas de Enferm nov 2012; 15(9): 78

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