“Tenían miedo de ir al hospital por la diferencia cultural, piensan que no van a respetar sus creencias”

Viernes, 18 de septiembre de 2015

image1“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Lucila Calvo es matrona y cooperante, y como muchos profesionales enfermeros ha decidido vivir y aprender de la experiencia que el voluntariado ofrece.

Su labor la ha llevado hasta Perú, Honduras y Bolivia. Lucida destaca que se trata de “una formación personal para ti, una vivencia para ti. Hay que ir con mucho respeto, con muchas ganas de observar, vivir con ellos y compartir”.

Pregunta-. ¿Podrías resumir en qué países has estado como voluntaria o cooperante? ¿Algún país o recuerdo que destacar de estas experiencias?

Respuesta-. La primera vez que salí fuera en una experiencia de estas fue a Ecuador, en 2005, que fue igual que ahora la experiencia que voy a tener en Bolivia, de voluntaria un mes. Y luego estuve en Perú, en Honduras y el año pasado en Perú otra vez. Los recuerdos más interesantes y con lo que más te quedas son el compartir y vivir experiencias diferentes con la gente de allí y con otros voluntarios. Eso es lo que más me llena. Y ver la realidad que hay en otras partes del mundo, que es a veces tan diferente a la tuya y otras veces también es la misma. Es vivir el día a día, las emociones, los sentimientos, con otra gente.

P-. En tu último viaje con San Juan de Dios, ¿cómo era un día de trabajo de una enfermera?

R-. Bueno, es que realmente cuando fui a Perú esta última vez, fue más bien un acompañamiento a un equipo de psiquiatras, entonces como yo soy matrona allí tampoco hice muchas labores para las que iban ellos. Estuve más bien con un cooperante enfermero que vivía allí y aprovechando que había una romería de gente que iba a ver a un santo, con muchas horas caminando detrás, cansados, con heridas en los pies, con ampollas… Estuve haciendo labores de apoyo a curas, a que se sintieran mejor… pero bueno, es que esa experiencia fue un poco de acompañamiento. La labor que normalmente he hecho, como la primera vez en Ecuador, consiste en talleres de educación para la salud, visitas a las casas de la gente, colaboré con una matrona para empezar un proyecto de formación de promotores de salud en salud sexual y reproductiva… Allí sí hice más bien una labor diaria de un programa hecho. Cuando fui a Honduras también, iba con un programa de formación a enfermeras, matronas y auxiliares de allí en emergencias y en urgencias en salud sexual y reproductiva.

P-. ¿Es grande la diferencia de las condiciones en las que tienes que trabajar en tus voluntariados en comparación a las condiciones en las que trabajas en España?

R-. Lo que notas es que tampoco es que les vayas a enseñar grandes cosas, es más bien compartir. Ellos trabajan con unos medios muy diferentes a los tuyos, con muchos menos medios, y a veces son situaciones de mucha más emergencia que tú aquí, porque allí muchas veces tratan con mujeres con embarazos incontrolados, aquí la mayoría están supercontrolados, desde antes incluso de que la mujer se quede embarazada. Aquí (en España) tienen una sensibilidad al sistema sanitario que allí no existe. Allí ese es el problema. Lo que queríamos es que la mujer antes de que se presentara el problema o a la mínima que se presentara un problema tuviera acceso.

A veces era muy complicado porque viven lejos de un centro sanitario, a veces el más próximo no cuenta con un profesional sanitario, sino con un promotor de salud y, a veces, una enfermera o un médico que viene cada cierto tiempo. También tienen miedo a ir al hospital porque la diferencia cultural que hay entre el sanitario y ellos es tan grande que piensan que no van a respetar sus creencias o su manera de parir y muchas veces confían más en la partera porque, por ejemplo en Perú, era el parto vertical y si iban al hospital las ponían en otra posición que a ellas no les gustaba, entonces lo que se intentaba hacer era una mezcla, decir, “bueno, tenemos que contar con las parteras también para darles una formación”. Las parteras son personas que no tienen una formación reglada, como tienen las obstetras que allí son como aquí las matronas. Se trataba de que hubiera un sistema que unificara todo eso, que no se viera ni a las parteras como gente que no sabía nada y que también la mujer viera al sistema sanitario como un lugar al que podía ir y donde se le iba a respetar.

P-. Y con todas esas diferencias, ¿antes de ir a esos países recibías formación?

R-. Formación como tal, no. Sí que con EPM tenemos tres días en los que nos juntamos todos los voluntarios que vamos a ir a los diferentes proyectos y hablamos temas comunes, pero no tenemos una formación específica de lo que tú tienes que hacer allí. A veces también es sobre la marcha, porque allí pueden surgir imprevistos y vas adaptándote un poco a lo que va surgiendo. Por ejemplo, en Ecuador cuando yo fui, me dijeron “tienes que dar talleres de higiene…” y luego llegabas al sitio y la gente estaba en la época de recolección de café. Para ellos era el único momento en el que conseguir dinero para vivir el resto del año, todo el mundo se iba a la recolección de café. Tenías que aprovechar después cualquier momento para hablar con ellos y, bueno, en la simple convivencia diaria de compartir te preguntaban… a veces se trata simplemente de compartir situaciones de una vida tan diferente como la que tenemos unos de otros.

Cuando fui a Honduras sí que di clases como tal, di tres talleres, en tres sitios diferentes y en cada sitio fue una historia distinta, tenías que ir amoldándote a lo que pedía cada grupo. Allí sí que llevé algo preparado pero la mayor parte de las cosas me las tuve que ir preparando yo sobre la marcha.

P-. ¿Cómo es un día en alguno de estos voluntariados?

R-. Depende. En cada sitio es diferente. Por ejemplo, en Ecuador yo convivía con la gente de allí. Íbamos a comunidades y nos alojábamos en las casas de ellos. Cuando fui a Honduras estuve en un hotel y ahí tuve menos oportunidad de convivir con la gente en ese sentido. Tenías periodos para estar con las enfermeras o las matronas, pero no viviendo en la casa con ellos. En cambio en Ecuador sí. Fue más enriquecedor por eso, porque yo estuve allí, viviendo en la casa, observando que aquí estamos acostumbrados a encender un interruptor y tener luz, abrir un grifo y tener agua. Allí no. Allí no tenías agua potable, para empezar, tenías que beber agua que tenías que hervir, muchas veces me pasaba sin beber agua mucho tiempo porque sabía a humo y costaba un montón beberla. Luego llegabas el fin de semana a la casa de la persona que llevaba la ONG de allí y un chorrito de agua pequeña de un grifo era para ti como un regalo. Aprendes a valorar otras cosas que aquí tienes como algo normal.

P-. ¿Qué te llevó en 2005 a realizar el que fue tu primer voluntariado?

R-. Hace mucho tiempo que ya tenía esa idea en la cabeza. Me gustaría vivir una experiencia fuera y conocer algo diferente y además mi profesión me permite esa posibilidad. Llegué de formarme para ser matrona de Canarias y fue como al momento, dije “ahora me puedo marchar, tengo un turno bueno, unas vacaciones, un mes entero” y fue como “bueno, ya, tengo que hacerlo ahora”. Ya se me había pasado por la cabeza hacia tiempo pero vine de Canarias como renovada, con ganas, con una nueva profesión, empecé a estar más en contacto con las mujeres sobre todo y, no sé…

P-. Supongo que muchas enfermeras se preguntan cómo es posible realizar este tipo de voluntariados sin retribución económica. ¿Cómo te organizas?

R-. Bueno, yo lo pienso como cuando te vas de vacaciones. Te tienes que pagar tu billete de avión y te tienes que pagar una serie de cosas básicas. Esto, además, te aporta una experiencia que no te van a aportar unas vacaciones normales. Y, bueno, en mi caso ahora que me marcho a Bolivia, yo me tengo que pagar mi billete de avión, mi manutención y mis traslados allí pero, por ejemplo, el seguro médico me lo proporciona EPM, va incluido en el contrato, y el alojamiento me lo proporciona la organización de allí y, bueno, me acaba de llamar el Colegio de Enfermería diciendo que puede ser que me de una parte, pero no lo sé. Yo me lo planteo como una especie de vacaciones, entre comillas eh (risas). Es un dinero que me puedo gastar en irme a otro sitio, pues lo empleo pagándome un billete de avión a esos lugares. Si te quieres ir más tiempo es otra cosa, pero durante un mes no es una cantidad muy importante de dinero la que te tienes que gastar.

P-. ¿Aconsejarías a los enfermeros hacer voluntariado?

R-. Creo que es una experiencia importante y que para mucha gente sería bueno hacerlo. Te da otra visión de la vida, a ver, no te va a cambiar tu vida, pero sí puede aportar una experiencia bastante interesante, gratificante y una manera de ver la vida, las cosas, también el respeto hacia otras personas, hacia otras culturas, abrir la mente, que a veces la tenemos anquilosada y cerrada.

 

 

cooperación enfermera, matronas, Voluntariado

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