Un largo ingreso

Viernes, 10 de septiembre de 2021

La experiencia que voy a contar a continuación es sobre algunos pacientes con los que realmente tuve mucha relación por su largo ingreso en el hospital.

La primera paciente cuando llegó no se encontraba especialmente mal, ya llevaba varios días allí y había visto casos de personas que realmente no se sabía muy bien cuánto tiempo iban a permanecer en el centro. Pero no era su caso, que aparentaba molestias abdominales y dolor de cabeza. Hay pacientes con los que realmente cuesta entablar hasta una simple conversación, o incluso unas pocas palabras, pero ella siempre mostraba predisposición, buen humor y preocupación por cómo estábamos los alumnos haciendo las prácticas y, por supuesto, por el personal que trabaja. La unión entre paciente y enfermera es algo que se define e integra a la perfección en este caso. Cómo la enfermería es capaz de construir una relación en un periodo de tiempo tan breve pero de tanto valor y tanta calidad como ninguna otra profesión en el mundo. Mi paciente y yo disfrutamos de tardes conversando de cualquier tema de actualidad, sobre cómo iba la situación de los hospitales, sobre todo en estos momentos de COVID-19.

Fui viendo la creación de este vínculo, que se da especialmente cuando se hay largas estancias en el hospital, ya que puedes ver, con el paso de los días, el cambio de estado del afectado, ya sea físico, emocional, o de los acompañantes que están allí con ellos en todo momento. Y en eso quiero centrarme, en cómo un paciente va cambiando según se alarga su estancia en el hospital, cómo, según el paciente, cambia de manera distinta o más lenta según varios factores que influyen individual y personalmente a cada uno.

Los primeros días estaba con ilusión, era su primer ingreso hospitalario y estaba de buen humor, solía estar acompañado por familiares suyos, que se turnaban de forma diaria para acudir. Era una persona mayor, con lo que necesitaba mucho cariño: estaba acostumbrado a recibir a sus nietos, hijos y sobrinos de manera habitual. Siempre que llegaba un familiar le cambiaba la cara y parecía rejuvenecer unas décadas, el ánimo le cambiaba, incluso el estado general del paciente parecía mejorar. Él mismo aseguraba que se sentía mejor, sin haber cambiado la medicación ni realizado ninguna intervención.

Por ello considero indispensable el acompañamiento de un familiar como “tratamiento”. Su valor emocional es incalculable y muy importante para la mayoría de los residentes, dándoles una seguridad y un subidón de ánimo que no es capaz de lograr ningún fármaco.

A la paciente, con el paso de los días, se le notaba mucho más exhausta y deprimida. Al principio, la mayoría de pacientes, al no ser conscientes de la gravedad de su patología, suelen mostrarse optimistas y colaborativos durante su ingreso; pasados varios días, se puede observar cómo se van volviendo más optimistas y muestran claros signos de sobrecarga en cuanto a información acerca de su tratamiento y de su patología. Sobre todo se aprecia en los jóvenes, que muestran mayor preocupación, porque en su rango de edades es más difícil de encontrar ingresados en el hospital y están menos mentalizados o preparados psicológicamente para pasar largos periodos de estancia.

Una muestra es un paciente joven que siempre que entraban el médico o la enfermera se ponía muy nervioso y muchas veces le producía subida de tensiones y de frecuencia cardiaca, lo que se denomina tensión arterial de bata blanca. Los más jóvenes suelen contar con sus padres a su lado en todo momento de su estancia hospitalaria para tranquilizarlos en momentos de realizar alguna técnica de enfermería. Los pacientes de más edad, en cambio, suelen ser los más tranquilos y sosegados en cuanto a su ingreso hospitalario, ya que muchos de ellos ya llevan varios ingresos a lo largo de su vida. Esto hace del factor experiencia un gran aliciente para la tranquilidad de estas personas.

Sin duda la colaboración del paciente es una tarea básica para poder realizar la labor enfermera, ya que, como podemos comprobar, la mayoría de técnicas de enfermería o labores lleva consigo la realización de intervenciones en el paciente, por no mencionar la negativa, generalmente a tratamientos, debido al hartazgo del paciente tras muchas semanas allí. Dichas negativas provocan un gran problema en el personal sanitario, ya que obviamente nuestra prioridad número uno es la salud de paciente, y, por tanto, nos vemos envueltos en la paradoja de personas que no nos dan su permiso para tratarlas, pero tampoco pueden marcharse de allí, ya que su patología les impide abandonar el centro sanitario y regresar a su hogar. En estos casos el diálogo con el paciente es realmente clave, intentar convencerlos de que pese a que dicha acción sobre ellos le pueda causar efectos secundarios, dolor, molestias o cualquier otro síntoma, es de vital importancia que comprenda que esto se realiza solamente en nombre de la ayuda y la recuperación plena.

En algún caso que hemos tenido en el hospital, el paciente se ha marchado sin realizarle las pruebas o intervenciones necesarias para su mejora. Debido a su negativa, el paciente recibió el alta voluntaria sin poder concluir su ingreso hospitalario satisfactoriamente. Luego están los pacientes que por desgracia fallecen en el hospital, sobre todo estos años que, debido a la COVID-19, muchos lo hicieron con solo uno de sus familiares por las restricciones durante la estancia hospitalaria.

La mayor desolación es ver a familiares que no pueden despedir a sus allegados, y una de las labores más importantes de enfermera es ir acompañando a la familia a lo largo del luto y realizar acciones para que las fases vayan pasando de la manera más breve posible y con menor dolor para la familia. También es bastante duro cuando le tenemos que realizar la confirmación del fallecimiento del paciente, ya que hay que hacer los procedimientos indicados. En mi caso, tuve que realizarle un electrocardiograma a un paciente de avanzada edad que estuvo mucho tiempo con nosotros. Lo más importante es efectuar todas las intervenciones con el mayor respeto posible y el mayor cuidado, siempre dejando a los familiares que pasen después de acabar, para que puedan despedirse.

La enfermería es profesión que requiere mucha vocación, ya no solo por todo lo material que hay realizar, sino todo lo que no se ve que hemos de ofrecer. Te exige y te pide, y tenemos el deber de acudir ahí donde nos necesite un paciente; somos la primera línea de batalla de la sanidad, y hemos de estar lo mejor preparados y motivados que nos sea posible. La enfermería se hace por las enfermeras que cada día ponen su tiempo y ganas para hacerla posible, enfermería es igual a humanidad, porque no hay nada más humano que el cuidar unos de otros.

Autor: José Godas González

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