Unidades del dolor, el derecho a no sufrir

Lunes, 17 de octubre de 2016

Como una “pasión del alma”, así clasificó Aristóteles al dolor, quien afirmaba que el dolor podría surgir no solamente de los estímulos periféricos, sino como una experiencia emocional en el alma. Hoy, 17 de octubre se celebra el Día Mundial contra el Dolor, iniciativa llevada a cabo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuyo objetivo es destacar la necesidad urgente de encontrar un mejor tratamiento para el sufrimiento físico de enfermedades que causan dolor.

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Unidad del dolor / Hospital Ramón y Cajal (Madrid)

Más allá de la clasificación de Aristóteles, el dolor se define como “la experiencia sensorial y emocional no placentera relacionada con daño potencial o real del tejido, o descrita en términos de tal daño”, según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor. Está presente en más del 50% de las consultas de Atención Primera, una de cada cinco personas padecen dolor crónico de moderado a grave, y una de cada tres no puede mantener una buena calidad de vida debido a las dolencias. Dada su importancia, manejo y control del mismo, ha sido catalogado como el quinto signo vital, colocándolo en el mismo nivel que la temperatura corporal, la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria.

En España, el tratamiento del dolor nace en 1966 de la mano del doctor Madrid Arias quien inicia sus actividades en el área de Anestesiología y Reanimación de la Clínica de la Concepción, Fundación Jiménez Díaz de Madrid (Madrid). Su labor la desarrollará, posteriormente, en el Hospital 12 de Octubre, organizando una unidad piloto para el estudio y tratamiento del dolor. “Desde el punto de vista científico, no se puede hablar de conformismo con el dolor. El dolor puede evitarse”, afirmó Madrid Arias. Poco a poco irían surgiendo las nuevas unidades, primero en los grandes hospitales y después en los centros comarcales.

“Los principales objetivos que se persiguen en la Unidad del Dolor (UD) —explica Noelia Sánchez Martínez, enfermera de la Unidad del Dolor del Hospital de La Princesa, de Madrid— son los siguientes: aliviar total o parcialmente el dolor; incrementar la capacidad funcional y mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes; favorecer el autocuidado; atender todos los aspectos (emocionales, sociales, familiares y ocupacionales) implicados y que interactúan con el dolor crónico; valorar y evaluar las necesidades de nuestros pacientes, etc. Y todo ello desde la empatía y humanidad, mediante un abordaje integral, multidimensional e interdisciplinar del dolor y siempre centrándose en nuestros pacientes y su entorno”.

Abordaje multidisciplinar del dolor: el papel de la enfermera

“En nuestra unidad —explica Blanca Palomares Rubio, enfermera de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid— se hace un abordaje multidisciplinar desde la primera consulta. El paciente es visto en primer lugar por la psicóloga de la unidad, ya que en el dolor crónico no solo afectan factores biológicos sino también factores emocionales y sociales, y  con esta consulta lo que se pretende es saber en que grado esos factores le están afectando al paciente, e incidir en ellos”.

Después de la consulta con la psicóloga, el paciente pasa a la consulta médica, “donde se hace una evaluación del dolor junto con la exploración para detectar y proporcionar un tratamiento adecuado”, continua Palomares. En el hospital madrileño se ha estandarizado la práctica clínica referente a la asistencia de técnicas, mediante el diseño de protocolos y guías clínicas en el que se han documentado los planes de trabajo de una manera multidisciplinar, desde su comienzo hasta su finalización, como por ejemplo catéteres epidurales, recargo de BIC interna, etc.

“Las enfermeras/os debemos ser conscientes del gran papel que podemos desarrollar en el dolor —afirma Blanca Palomares—. Somos capaces de advertir rápidamente los cambios de la enfermedad, detectando los posibles efectos secundarios producidos por el tratamiento y monitorizando la intensidad del dolor con la quinta constante”. 

Las funciones de un profesional enfermero en una Unidad de Dolor son muchas y muy variadas. Entre ellas cabe destacar —explica Lucía Martínez Peña, enfermera de la UD del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda de Madrid—: la valoración del paciente con dolor crónico, la administración de tratamientos vía tópica, parenteral, epidural e intratecal, la colaboración en procedimientos intervencionistas realizados en quirófano (bloqueos, implantes y radiofrecuencias), cuidados pre y postoperatorios, extracciones, colocación de TENS, tratamientos de radiofrecuencia pulsada transcutánea, Iontoforesis o el apoyo emocional.

Por su parte, Dolors Fusté Rodríguez, enfermera con una experiencia de más de 30 años, actualmente desempeña su labor como enfermera en la Unidad del Dolor del Hospital General de Valencia: “Soy enfermera desde hace 38 años, la mayor parte de ellos he estado en el área de digestivo, y desde hace tres estoy en la Unidad del Dolor. En esta unidad te das cuenta del valor incalculable que tiene el profesional enfermero. Ese contacto directo que sirve de nexo de unión entre el médico y paciente, que nunca se debe de sentir abandonado, nadie tiene por qué sufrir por dolor… Ver cómo mitigas el dolor tanto con las técnicas como con los tratamientos cada vez más avanzados, cómo ayudas a manejarlo, me ha aportado una experiencia profesional muy enriquecedora y con ganas de implicarte cada vez más en proyectos para ir avanzando en mejoras para los pacientes de dolor crónico”. 

Abordaje psicológico del dolor

“Sabemos que el dolor es una experiencia compleja en la cual contribuyen no solo factores físicos, sino también factores cognitivos y emocionales. La percepción del dolor de una persona está estrechamente relacionada con su estado de ánimo: está documentado que los pacientes que presentan afectación anímica perciben con más intensidad el dolor”, explica la Dra. Ilaria Corbella Gobbi, psicóloga clínica de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

Corbella apunta que “los pacientes al mejorar su estado anímico y funcionalidad aprenden a convivir con el dolor de una forma más funcional. El dolor deja de ser el centro de la vida del paciente, para ser un aspecto más”.

El psicólogo en una Unidad del Dolor —continúa Corbella— realiza fundamentalmente tres funciones: “el screening psicológico que consiste en la detección precoz de aquellos pacientes que presentan un grado significativo de alteración en su funcionalidad y en su estado de ánimo; la valoración psicológica que consiste en una valoración más exhaustiva del funcionamiento del paciente para detectar aquellos que necesitan una intervención psicológica; y por último la intervención psicológica en los presenten una clara afectación de su estado de ánimo y de su funcionalidad”.

Asimismo, la percepción del dolor está también relacionada con cómo la persona interpreta el estímulo doloroso: “las personas con trastornos depresivos o de ansiedad tienden a interpretar el estímulo doloroso de una forma catastrófica incrementando así su malestar anímico y su percepción del dolor. El objetivo es que el estado de ánimo del paciente sea un recurso y no un obstáculo para una buena gestión del dolor”.

Existen tres dimensiones de trabajo terapéutico, cada una representa un nivel más profundo de intervención. La primera es la psicoeducación: el psicólogo —expone Corbella— explica al paciente en qué consiste el dolor crónico y fomenta en él hábitos saludables. La segunda línea consiste en mejorar la percepción de control del paciente sobre su dolor: el psicólogo dota al paciente de algunas técnicas para minimizar la percepción del dolor como técnicas de relajación, visualización, respiración. Finalmente, “la tercera línea de trabajo consiste en ayudar al paciente a construir significados e interpretaciones  más funcionales respectos al dolor  y sus implicaciones”, explica la psicóloga.

Educación para la salud: familia y paciente

La integración de la familia y entorno cercano del paciente en los programas de educación para la salud es una pieza clave para la mejor adhesión al tratamiento y el seguimiento de los consejos que los profesionales sanitarios indican para el desarrollo de hábitos de vida saludable. “Nosotros como enfermeras hacemos unas recomendaciones generales con respecto a hábitos higiénicos posturales, estiramientos, dietas y ejercicio —explica Lucía Martínez, del H.U. Puerta de Hierro Majadahonda— y otras de tipo específico en cuanto a medicación, uso de TENS y manejo de dispositivos implantables tales como neuroestimuladores y nombas de infusión externas e internas”.

La educación para la salud se realiza mediante comunicación efectiva con el paciente, familiar y cuidador, explica Noelia Sánchez Martínez, del Hospital de La Princesa. “Se realiza sensibilizando al entorno, favoreciendo y fomentando la participación de los pacientes y su familia, mejorando y aportando una información correcta, promoviendo intervenciones que favorezcan la implicación en su autocuidado, siempre escuchando, dejando que se expresen libremente”.

La familia comienza a estar cada vez más integrada en este abordaje, sobre todo en aquellos casos que por la situación del paciente es más necesaria, como los casos en los que la edad es más avanzada o la movilidad reducida: “Ellos también son clave y aportan su valoración e información, no solo del dolor, sino referente a cada uno de los aspectos emocionales, sociales, etc.”, explica Sánchez Martínez.

Para ampliar información:

Si deseas ampliar conocimientos sobre nuevos métodos en el tratamiento del dolor, cuidado del enfermero, procedimientos de valoración, etc., puedes adquirir el manual Dolor y cuidados enfermeros (Grupo Paradigma) tanto en versión digital como en papel:

http://tienda.enfermeria21.com/e-books/359-dolor-y-cuidados-enfermeros.html?search_query=dolor&results=14 

http://tienda.enfermeria21.com/libros-de-enfermeria/102-dolor-y-cuidados-enfermeros.html?search_query=dolor&results=14

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4 Respuestas a “Unidades del dolor, el derecho a no sufrir”

  1. Si desde aquí, desesaria felicitar y agradecer con toda mi alma a la enfermera, Noelia Sánchez Martínez, por su trabajo y entrega en la UD del Hospital de la Princesa. Gente como ella se necesita, para las personas que sufrimos de dolores, crónicos digue asi y Gracias

  2. Noelia,no sabes que alegría me dio recibir tu respuesta, te dire qué gracias, Dios o a la providencia me han dado cita en breve y sere antendida como años atras lo fui, solo pido que encuentren los mefios necesarios para calmar estos dolores un abrazo, gracias por todo

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