Urgencias y enfermería en el alma

Martes, 2 de marzo de 2021

Son las cinco de la mañana, suena la alarma programada del teléfono móvil, últimamente no duermo bien (o mejor dicho, los últimos 20 años no duermo bien), me despierto pronto y ya lo he tomado como costumbre. Tomé la decisión de programar la hora definitiva de levantarme a las cinco de la mañana porque ya estaba cansado de tanto dormir y despertar cada poco rato. Además, así tenía el tiempo justo para ducharme, vestirme, tender la ropa e ir a desayunar al bar de un amigo que solía abrirme la puerta de su local mientras él preparaba sus pintxos y tortillas para cuando llegaran sus primeros clientes.

Hoy era un día diferente porque me habían dado permiso en el trabajo para asistir a un curso de postgrado sobre urgencias extrahospitalarias, curso que comenzaba a las 9 de la mañana. Por tanto, hoy “libraba de trabajar”, como si estudiar no fuera un trabajo.

Pero sí, hoy libraba de trabajar en las agotadoras urgencias del Complejo Hospitalario de Navarra. Hoy asistía a un curso para ser mejor profesional y estar más preparado. Lo impartían médicos y enfermeras que ya conocía, y en el que actualizaría mis conocimientos sobre cuidados enfermeros a pacientes con alteraciones cardiológicas, electrocardiografia, reanimación básica y avanzada, desfibrilación, cardioversión, patología pediátrica, cuidados de urgencias y un largo etcétera.

Las calles están oscuras, el café caliente y el vapor emana de él. Tras tomarme el café y tener una pequeña conversación con mi amigo, me despido y me dirijo a mi añoso coche de 20 años. El otro día me robaron el foco del intermitente anterior derecho y todavía estaba a la espera de que me llamaran del taller para reparar el coche cuando consiguieran la pieza, el seguro se hacía cargo de la reparación por el robo. A veces pensaba que todo lo malo le ocurría a la gente buena y quizás yo no fuera tan bueno, pero lo cierto es que estaba gafado, me habían ocurrido tantas cosas malas en este mundo que necesitaría otra vida para contarlas. Estaba a la contra de toda ideología y política, nada ni nadie en este mundo me representaba, todos buscaban su propio y egoísta provecho.

Sin embargo, por fortuna, ya hace muchos años que encontré una segunda familia entre los míos, los sanitarios. Hoy no me tocaba trabajar y como me venía de camino al curso, pasé por la Urgencia a saludar a mis compañeros. Siempre seré el bicho raro que llega una hora y media con antelación al trabajo, porque quizás la mitad de mi alma pertenezca a la urgencia y la otra mitad a mis compañeras y compañeros de allí.

Hoy estaba especialmente contento, era un curso de nivel, un curso de los buenos. Además, tuve la suerte de coincidir con antiguas alumnas de Enfermería de las cuales fui profesor de prácticas. Enfermeras convertidas en grandes profesionales, lo cual me llenaba de orgullo.

Realmente sí, fue un curso estupendo. No solamente me sirvió para actualizar mis conocimientos, sino también para darme cuenta de que el estudio sobre el cuerpo de conocimientos enfermero no se acaba cuando terminas la carrera universitaria, sino que se amplía y evoluciona, a través de la investigación, casi a diario, y porque la enfermería es una profesión en constante renovación, en busca del mejor modo de cuidar a las personas y con una fuerte base ética que la hace extraordinaria.

González Cordeu A. Urgencias y Enfermería en el alma. Metas Enferm dic 2020/ene 2021; 23(10):80

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