Valentía frente al miedo: luchando contra el Covid-19

Miércoles, 24 de junio de 2020

Hace casi cuatro meses que empezó todo. China anunciaba la aparición de un nuevo virus en la ciudad de Wuhan. Comenzaba así una pandemia que ha afectado a todo el mundo y de la que nadie imaginaba sus dimensiones. La situación comenzó a empeorar y el virus se empezó a propagar generando una situación no vivida desde hacía mucho tiempo. Las alarmas se fueron activando y los hospitales fueron decretando zonas de aislamiento aunque no se sabía con certeza cómo actuar y la peligrosidad del Covid-19. Había que trabajar con cautela frente a un virus totalmente desconocido que cada día producía miles de fallecidos y del que todavía no existe vacuna, lo único que se sabía era que se propagaba con rapidez, era altamente contagioso y que causaba graves infecciones, aunque muchos de los pacientes eran asintomáticos. ¿Cómo podían los profesionales sanitarios cuidar y proteger a los pacientes si podían estar contagiados y no presentar síntomas?

Coronavirus |iStock
Coronavirus |iStock

Todo el personal de los hospitales comenzó a trabajar sin descanso en equipo, desde el personal de limpieza, pasando por celadores, auxiliares, enfermeros o médicos. Marian Manjón lleva casi 30 trabajando como celadora en el Hospital Virgen de la Concha de Zamora. Confiesa que nunca había pasado por una situación así hasta ahora, cómo iba a imaginarse que sería una de las primeras personas en estar en contacto con el primer paciente de Zamora. En torno al 10 de marzo estaba en su puesto de trabajo cuando recibieron el primer paciente de Covid-19 en el hospital. Estaba ingresado en una planta de aislamiento que ya se había adecuado cuando recibieron una llamada de madrugada con la orden de trasladarlo a la UCI. “El paciente estaba aislado, con mascarilla y con los protocolos que empezábamos a llevar a cabo. Tuve que llevarlo a la UCI junto a otra compañera que me acompañaba para ir abriéndome las puertas ya que yo no podía tocar nada. Me pusieron el EPI con todo, la verdad es que no me faltó de nada pero el miedo lo llevábamos en el cuerpo”, recuerda.

Marian Manjón Gallego | Celadora en el Hospital Virgen de la Concha
Marian Manjón Gallego | Celadora en el Hospital Virgen de la Concha

La situación no dista mucho de lo que vivió María Baz Codesal, enfermera en el mismo hospital. El miedo y la incertidumbre estaban presentes y nunca llegaron a imaginar la magnitud de este virus que aún persiste. “Me fui un viernes a mi casa pensando en volver el lunes, y sí, regresé… pero sobre las diez de la mañana me avisó mi supervisora de que nos iban a dar información de cómo ponernos y retirarnos el EPI porque nos enviaban a la planta donde había pacientes positivos. Mis compañeras y yo nos miramos asustadas pensando que lo del Covid-19 era algo muy serio y que lo que salía en los medios de comunicación sobre Italia había llegado ya a nuestro país, de hecho el Hospital de Día Virgen de la Concha desapareció y pasó a ser una Unidad de Cuidados Intensivos”, explica esta enfermera.

Las noticias iban llegando, las ciudades se iban cerrando y un estado de alarma aumentaba la preocupación y el miedo de los profesionales sanitarios que se jugaban la vida cada día al ir a trabajar, pero la valentía y el amor por su profesión les daba fuerzas. “Cuando llegamos a la UCI con este paciente todos mis compañeros estaban preparados para recibirlo. Lo pasamos a una cama y después todo eran dudas: qué hacíamos con la cama donde había sido trasladado el paciente, si se dejaba en esa planta para limpiarla o si se volvía a llevar a su sitio y allí la limpiaban…De todas formas el personal de limpieza fue en todo momento detrás de mí desinfectando todo por donde había pasado con mucho cuidado de que no se me fuera la cama hacia un lado ni tocara las paredes. Cuando dejé la cama y regresé a mi puesto de trabajo iba temblando y en toda la noche no se me volvió a olvidar y el miedo persistía porque pensabas, ¿y si me he contagiado a pesar de todo lo que llevaba encima y de no haber tenido contacto con el paciente?”, relata Marian Manjón.

María Baz Codesal | Enfermera en el Hospital VIrgen de la Concha
María Baz Codesal | Enfermera en el Hospital VIrgen de la Concha

Los protocolos iban cambiando conforme iba llegando algo nuevo o se tenían más noticias. Cuando llegaba un paciente que había dado positivo en Covid-19 todo el equipo se preparaba para recibirlo. El hospital estaba organizado, había plantas sucias, donde estaban ingresados los positivos y limpias donde no había Covid-19, algo necesario para poder seguir tratando el resto de patologías que no estaban relacionadas con este nuevo virus. El papel de todo el equipo, tanto limpieza como profesionales sanitarios era imprescindible para que todo fuera correctamente, eran una cadena. A pesar de pasar por momentos de miedo e incertidumbre, no cambiarían por nada su labor, su profesión. María Baz recuerda los momentos de acompañamiento, de charlas, de cuidados. “Muchas veces me dicen los pacientes, amigos, familia… que por qué elegí ser enfermera y siempre respondo lo mismo: porque es la profesión más bonita del mundo, cada día cuando te levantas y vas a trabajar siempre vas a ayudar a alguien para que esté mejor, para que sonría, para que se cure… Nuestro papel ha sido muy importante, realmente la persona que más conoce al enfermo somos nosotros, estamos ahí mañana, tarde y noche. En esta pandemia ha habido momentos duros, los pacientes estaban tristes, esa tristeza no era por la enfermedad, iba más allá de eso, había tristeza, por falta de cariño, de diálogo, de cercanía, de ayuda… Hemos visto fallecer a los pacientes solos y, aunque estabas ahí agarrándole la mano, morían sin sus seres queridos, sin un último abrazo, sin un último beso, ni un adiós, sin el calor de los suyos…y eso ha sido durísimo”, confiesa.

Reconocimiento a los profesionales sanitarios

Las ocho de la tarde comenzó a ser la hora especial del día. A partir de una campaña anónima que se compartió por las redes sociales, cada día todas las personas quedaban en sus balcones o ventanas para aplaudir, una forma de agradecer todo el trabajo que estaban llevando a cabo los profesionales sanitarios y cómo ponían sus vidas en peligro anteponiendo al paciente en todo momento. Hubo pancartas, gritos, aplausos, ovaciones, altavoces con canciones, vídeos por las redes intentando sin salir de casa dar las gracias. “Recuerdo un día especial en el que nos hicieron un homenaje distinto los bomberos, la policía municipal y nacional, protección civil. Se pusieron todos delante del hospital con las sirenas, los vecinos de en frente nos aplaudían…creo que ese día lloramos todos”, explica Marian Manjón mientras agradece la iniciativa a pesar de que los celadores están considerados personal “de bajo riesgo”. “No es adecuado que se nos considere personal de bajo riesgo porque tentemos tanto contacto con el paciente como el resto de categorías, somos una cadena y me parece que desde el personal de limpieza hasta el médico, pasando por todos los que estamos en medio, somos personal de riesgo porque tenemos contacto de una manera o de otra con el paciente, por eso estamos pidiendo al Ministerio de Sanidad que vuelva a revisarlo”.

“Los primeros días se me ponía la piel de gallina, por una vez en la vida reconocían nuestra labor en la que nos hemos dejado todo lo que está en nuestra mano pero no solo ahora, sino siempre. Solo espero que esto no se olvide, que haya aplausos siempre, que nos traten con cariño y respeto”, explica María Baz.

La valentía ha superado con creces al miedo. Los profesionales sanitarios han estado en pie de guerra en cada momento, con cada paciente, exponiendo su vida, pudiendo contagiar a su familia… pero sabiendo que todo merecía la pena por verles salir del hospital vivos, acompañados de su familia y habiendo cambiado la tristeza y el cansancio de sus rostros por alegría y confianza en un equipo que se ha dejado la piel y que forma parte de la lucha contra el virus que un día llegó a cerrar fronteras y confinar a la gente en casa.

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