Varios hospitales ponen en marcha una nueva iniciativa en la que los padres pasan al quirófano con sus hijos

Lunes, 3 de febrero de 2020

Son muchas las iniciativas que han ido surgiendo a lo largo del tiempo por diferentes profesionales sanitarios para intentar reducir al máximo el miedo de los pacientes al entrar en quirófano. Desde libros, juguetes acompañando a los niños, coches teledirigidos… Pero ahora ha surgido un nuevo plan de humanización para reducir todo lo posible la ansiedad, miedo y estrés de los niños durante una cirugía: entrar al quirófano con mamá o papá.

Así lo relata la familia de Pablo (nombre ficticio) que con tan solo dos años ha tenido que someterse a una operación. Su madre ha estado ahí, cogiéndole la mano para quitarle todos los nervios antes de entrar en uno de los quirófanos del Hospital Infantil de La Paz (Madrid). Su madre estuvo ahí sin soltarle la mano mientras él lloraba y se movía intentando resistirse a que la médica le pusiera la mascarilla, pero su madre estaba con él, besándolo, acariciándolo y enseñándole todos los aparatos médicos que son como globos con pegatinas, esas con las que tanto le gusta jugar. Así, hasta que la anestesia hizo efecto y ya no fue necesario tranquilizarlo más.

Tras la operación, los profesionales sanitarios avisan de nuevo a la madre para explicarle que todo ha ido bien y la llevan con él a una sala donde comenzará a despertar. Lo último que vio el niño fue la sonrisa y los ojos de su madre, y será lo mismo que verá cuando despierte. Hasta hace poco el acompañamiento materno o paterno previo a una operación quirúrgica no estaba permitido pero ahora, poco a poco, se está implementando en muchos hospitales. En La Paz está en completo funcionamiento desde hace ocho meses, después de que el doctor Pascual Sanabria, jefe de sección de Anestesiología y Reanimación Pediátrica, comprobara sus efectos beneficiosos y luchara por su aprobación.

Los padres solo tienen palabras de agradecimiento. «Cuando ingresamos nos explicaron que existía esa posibilidad y por supuesto que dije que sí, que estaría con mi hijo hasta que estuviera anestesiado. En un hospital, las mamás nos sentimos un poco inútiles porque no podemos hacer nada. Pero lo que sí podemos hacer es acompañar a nuestros hijos, siempre y cuando no molestemos a los médicos. Aunque sea cinco minutos creo que es algo muy importante. Abrazarles, acariciarles y tranquilizarles hace que entrar en un quirófano sea menos traumático para ellos. Todo se hace más humano. Y los padres creo que también nos quedamos más tranquilos», explica a EL PERIÓDICO.

El acompañamiento paternal o maternal en el quirófano durante la anestesia previa a las operaciones infantiles se está implementando poco a poco en muchos hospitales españoles. Entre otros centros, el General de Villalba (Madrid) lo aprobó en marzo del 2017, Sant Joan de Déu (Barcelona) también lleva un tiempo permitiéndolo, igual que el Quirón (Pozuelo, Madrid) y el Infanta Elena. «Ha habido un cambio de tendencia y se ha apostado por humanizar este tipo de intervenciones. Está muy bien que un niño entre en un quirófano a los mandos de un coche de juguete pero realmente ese niño donde mejor puede estar es en brazos de su madre o de su padre», resume Alberto García-Salido, pediatra del hospital infantil Niño Jesús (Madrid).

A. Creu- A. García

Los estudios han demostrado que la presencia de los padres hasta la anestesia reduce el impacto psicológico negativo que tiene el paso por el quirófano en los niños. Además, supone un claro aumento en la seguridad del paciente porque el porcentaje de inducciones perfectas se incrementa más de 7,5 veces. Los grupos de edad donde más influye son los niños y niñas de hasta cinco años. «La presencia paternal asociada a la premedicación disminuye la intensidad de agitación postoperatoria más de 10 veces».

El acompañamiento es voluntario. Las estadísticas confirman que todos los padres aceptan y que siempre (casi siempre) son las madres las que entran. «Es un método excelente para que los pacientes estén más tranquilos. La sabiduría popular dice que el niño que se duerme tranquilo se despierta tranquilo y que el que lo hace llorando se despierta llorando. Pues igual en un quirófano», resume el responsable del hospital madrileño. Los beneficios terapéuticos del acompañamiento materno no solo se dan en los minutos y horas posteriores a la intervención quirúrgica sino también pasado un mes. «Tras pasar por un quirófano muchos niños pueden sufrir pesadillas o ansiedad por la separación de su madre, o, de repente, tener trastornos en la alimentación o no controlar el pis», comenta el doctor Sanabria. Está científicamente demostrado que el acompañamiento en quirófano minimiza esos efectos colaterales.

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